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Los jóvenes quieren irse de Miami, pero para muchos hispanos no es tan simple

El alto costo de la vida en la ciudad está empujando a la gente fuera, pero para los latinos la dependencia familiar complica una posible mudanza

Hoteles al sur de Miami, Florida, en febrero de 2025.Alexander Spatari (Getty Images)

Miami se ha convertido en una de las ciudades donde más jóvenes quieren hacer las maletas. La principal ciudad de Florida se ubicó en el tercer lugar a nivel nacional en una encuesta que midió la intención de marcharse. Más de la mitad de los residentes de entre 18 y 34 años sin hijos dijeron que es “probable” o “muy probable” que abandonen la ciudad. Pero para muchos jóvenes hispanos, sobre todo en los hogares multigeneracionales, mudarse se presenta como un deseo complejo porque implica alterar una economía familiar compartida.

Los hispanos representan más del 70% de la población de Miami-Dade, una de las mayores concentraciones del país. Estudios muestran que los hogares latinos tienen mayor probabilidad de ser multigeneracionales y de operar con economías familiares compartidas, una dinámica asociada al llamado “familismo”, que puede complicar decisiones como mudarse a otra ciudad, dónde vivir y con quién.

El estudio, realizado por la firma Gensler, advierte que el aumento del costo de vida está llevando a muchos a replantearse dónde vivir. El 83% de los jóvenes encuestados identificó ese factor como la principal razón para mudarse, especialmente en lugares que están sufriendo la crisis de asequibilidad, como Miami-Dade.

El Parque Dominó de Calle Ocho, una emblemática vía en La Pequeña Habana, centro de la comunidad cubana en Miami, Florida, Estados Unidos

El condado es hoy uno de los más caros del país. El costo de vida supera en cerca de un 20% la media nacional y el valor promedio de la vivienda está por encima de los 500.000 dólares. Más de la mitad de los residentes ha considerado marcharse por razones financieras, según otro sondeo, aunque los adultos mayores muestran mucha menos disposición que los jóvenes.

Por otro lado, datos del Pew Research Center muestran que el número de estadounidenses que viven en hogares con dos o más generaciones bajo el mismo techo se ha cuadruplicado desde los setenta, especialmente entre inmigrantes y comunidades hispanas.

Christian Torres, de 23 años y nacido en Miami, dice que aunque quisiera, no puede irse de la ciudad porque necesita ayudar económicamente a su madre, con quien vive. El joven trabaja como carnicero en Publix, una cadena de supermercados, pero su salario apenas cubre gastos básicos. “No es suficiente para pagar la renta, el carro, la electricidad, el agua. No tengo dinero para avanzar. Vivir aquí en Miami es muy caro”, afirma. Cuando termine la universidad, quisiera conseguir un empleo mejor remunerado en otro Estado. “Con algo más estable podría mudarme, empezar una familia. Aquí es muy difícil”, agrega.

Jared Nordlund, de la organización de derechos civiles de los latinos UnidosUS, dice que el alto costo de vida y la inseguridad económica golpean con fuerza a las comunidades de clase trabajadora. “Para muchos jóvenes hispanos, especialmente de familias inmigrantes, estas presiones se ven agravadas por la dinámica familiar” de los hogares multigeneracionales, explica.

A esa presión se suma la estructura del mercado laboral de Miami-Dade, que depende en gran medida de sectores de servicios como hospitalidad, salud y comercio minorista, donde predominan salarios bajos.

Vista de las calles de en Miami, el 19 de febrero.

Tal es el caso de Hernán, un joven venezolano de 21 años que trabaja de botones en un hotel en el barrio de Brickell. Llegó a EE UU hace cinco años y dice que ha pensado mudarse de Miami “muchísimas veces”, pero no quiere alejarse demasiado de su familia, “por si lo necesitan”.

“Independizarse es parte de la vida, pero eso no significa dejar de apoyar a la familia”, dice. Por eso considera mudarse a ciudades cercanas como Weston, Pembroke Pines o Fort Lauderdale, donde el ritmo es más tranquilo. “Así puedo seguir cerca de mis padres y ayudarlos si hace falta, pero sin vivir en Miami”.

Los estudios sugieren que, en contraste, las ciudades más asequibles tienden a atraer nuevos residentes. Por eso Erdianys Lopez, una cubana de 26 años, se mudó con su esposo a Iowa el año pasado. Allí pagan 950 dólares al mes por un amplio apartamento de dos cuartos y dos baños, mientras en Miami pagaban 1.400 por la mitad de una casa móvil. Aunque ganan salarios similares en los nuevos empleos, han logrado ahorrar para empezar una familia. Sin embargo, mudarse consumió prácticamente todos sus ahorros anteriores y solo fue posible porque su esposo consiguió trabajo antes de irse.

Lauren Sánchez, una cubana de 23 años, enfrenta un dilema similar. También trabaja en un hotel y vive con sus padres, y dice que el costo de vida en Miami es abrumador. Quiere estudiar en la universidad, pero no califica para matrícula estatal tras una ley aprobada el año pasado que eliminó ese beneficio para estudiantes en situación migratoria irregular. Para ella, mudarse no es una opción viable.

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