El discreto silencio de Estados Unidos ante el ataque de una lancha en aguas cubanas
El incidente se ha producido en un momento especialmente delicado en la relación entre Washington y La Habana
El Gobierno en Washington tardó en reaccionar. El secretario de Estado, Marco Rubio, se encontraba en el Caribe cuando, en esas mismas aguas, los guardacostas cubanos dispararon contra una lancha civil con diez personas que llegaba de Florida. El cubanoamericano, que había viajado hasta las islas antillanas de San Cristóbal y Nieves para defender la agenda de Washington en la cumbre de líderes de la Comunidad del Caribe (Caricom), tuvo que hacer una pausa ante los periodistas ansiosos por saber su reacción al incidente en aguas cubanas, que había dejado cuatro fallecidos, entre ellos un ciudadano estadounidense. “No voy a especular“, dijo. “No voy a opinar sobre lo que aún no sé. Pero averiguaremos exactamente qué sucedió aquí y responderemos en consecuencia”.
Era una respuesta en sordina, alejada de los exabruptos viscerales con que han respondido otros miembros de la Administración estadounidense en el estallido de crisis repentinas. Una moderación que contrastaba con sus posiciones habitualmente duras contra La Habana, pero que se ha extendido entre los dos Gobiernos. El propio presidente estadounidense, Donald Trump, que desde la detención de Nicolás Maduro en Venezuela arremete con frecuencia contra el régimen en La Habana, se ha abstenido de tuits incendiarios. Cuba también ha buscado hacer hincapié en la cooperación que presta Washington para esclarecer el suceso, en lugar de las invectivas habituales.
La prudencia, en el lado estadounidense, era tanto más sorprendente en cuanto uno de los cuatro muertos, y uno de los heridos, tienen nacionalidad de ese país. Algo que en otras circunstancias hubiera podido constituir un casus belli. Ahora, en un momento sumamente delicado en la relación bilateral, no parece que vaya a ser así.
En San Cristóbal y Nieves, los periodistas querían saber más e insistieron en preguntar si estaba al habla con la parte cubana, si se trataba de un plan de la administración de Donald Trump, o si, en caso de haber ciudadanos estadounidenses involucrados, su Gobierno iba a tomar algún tipo de represalia. Rubio sorteó los interrogantes con prudencia, en un tono bastante moderado para un político que sueña con hacer leña del árbol castrista.
En cada una de sus respuestas habló del Gobierno cubano con un respeto desconocido en él, hijo de emigrantes de la isla y criado en el anticastrismo conservador de Miami. Dijo que sabía del incidente lo mismo que había comunicado el Ministerio del interior castrista, que la guardia fronteriza estaba en “contacto constante” con su Guardia Costera; negó que se tratara de un ataque de su Administración, y aseguró, pese a los precedentes históricos, que le parecía “sumamente inusual ver tiroteos en mar abierto como ese”. El secretario de Estado optó por decir que esto “no es algo que ocurra todos los días”.

El ataque a la lancha civil este miércoles ha impactado a los cubanos de todas partes. El intento de desembarco despertó en la memoria de los exiliados episodios como el derribo de dos avionetas de la organización humanitaria Hermanos al Rescate, hace 30 años, o el hundimiento en 2022 de una embarcación en Bahía Honda, donde murieron cuatro adultos y una niña de dos años.
Pero esa conmoción no se ha visto reflejada en las instituciones del poder. La congresista demócrata por Florida, Debbie Wasserman Schultz, fue una de las primeras en darse cuenta del “silencio de la Administración Trump sobre este incidente mortal”.
También la parte cubana ha tocado con pinzas este último incidente, que llega en medio de la emergencia nacional que Estados Unidos decretó hacia la isla este mes. Como los estadounidenses, esta vez han hablado con mucho más tacto. Una nota del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, presentada ante la prensa por el viceministro Carlos Fernández de Cossío, resaltó que las autoridades cubanas “han mantenido comunicación” con sus contrapartes estadounidenses, incluido el Departamento de Estado y el Servicio de Guardacostas. E insiste no solo en que “el gobierno cubano tiene disposición a intercambiar con el estadounidense sobre este hecho”, sino en que “las autoridades del gobierno estadounidense han mostrado disposición a cooperar en el esclarecimiento de estos lamentables hechos”.
La prudencia desplegada pone en evidencia lo delicado del momento en las relaciones entre los dos tradicionales enemigos. Después de casi dos meses desde la intervención en Venezuela, las continuas declaraciones de Trump de que el castrismo tiene las horas contadas y su bloqueo a la entrada de petróleo en la isla, aún siguen siendo un enigma los planes que la administración tiene para La Habana.
Se ha especulado mucho: primero, que estarían hablando con Alejandro Castro Espín, hijo del nonagenario Raúl Castro; luego, que con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, alias “El Cangrejo”, guardaespaldas y nieto preferido del ex presidente cubano. Pero no había hasta confirmación explícita, más allá de que Trump haya declarado que existen contactos, y que Marco Rubio es quien los desarrolla.
La mansa respuesta de Washington ante el incidente de la lancha es otra de las pistas que apuntan a un diálogo entre ambos gobiernos, a pesar de que La Habana niega hasta hoy cualquier tipo de conversaciones. Precisamente, el diario Miami Herald publica que funcionarios estadounidenses se han reunido con Raúl Rodríguez Castro durante la cumbre en San Cristóbal y Nieves.

El tono permanente de la Guerra Fría parece haberse esfumado ahora, y la razón podría ser que ambas partes estén sentadas a la mesa de negociaciones. Incluso Washington ha suavizado el cerco económico de estos días, abriendo la posibilidad de vender petróleo al sector privado.
Desde La Habana, Rafael Hernández, analista del Centro de Investigación de la Cultura Cubana Juan Marinello, tiene su propia opinión sobre el incidente en aguas cubanas, donde la versión del régimen apunta a que los tripulantes de la embarcación fueron los primeros en abrir fuego. Se pregunta si el viaje de la lancha buscaba “tratar de poner a la Administración de Trump ante una alternativa muy difícil, en lo que respecta a usar la fuerza y responder con la fuerza a lo que ha sido una clara provocación”.
Aún nadie imagina qué pueda suceder en adelante con un incidente que abre muchos caminos en un contexto de negociaciones —y de presión— con Cuba. Quienes han pedido un posicionamiento estricto e inminente son los congresistas cubanoamericanos, republicanos por Florida, quienes, una vez más, parecen divorciados de la política que Washington está ejecutando con Cuba. Mientras los congresistas siguen con su discurso de mano dura contra el régimen, su Administración apuesta por que el cambio en Cuba sea primero económico, luego político. No es lo que esperaban, pero es lo que parece venir. “Cuba necesita cambiar”, dijo Rubio en San Cristóbal y Nieves. “Y no tiene que cambiar de golpe. No tiene que cambiar de la noche a la mañana. Aquí todos son maduros y realistas”.
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