El ‘momento milagro’ del cine español
España está cambiando y el cine está sacando esa foto. Porque el arte eclosiona en la fractura social
Suele ocurrir que el arte, ese alimento que nos nutre el alma como nada material puede hacerlo, eclosiona cuando las fracturas sociales e interiores se hacen grandes. La grieta es su hábitat natural. La imaginación se alía con la urgencia de entender, de contar y compartir y llega el milagro. Lo hemos visto en Argentina, en México, en Colombia o Inglaterra, que han vivido estallidos de hermosísima creación cuanto más se han roto en pedazos; todos tenemos ejemplos en la cabeza.
Y acaso está ocurriendo en España. Son momentos de fractura, de desorientación, de incógnitas. Las certezas se ...
Suele ocurrir que el arte, ese alimento que nos nutre el alma como nada material puede hacerlo, eclosiona cuando las fracturas sociales e interiores se hacen grandes. La grieta es su hábitat natural. La imaginación se alía con la urgencia de entender, de contar y compartir y llega el milagro. Lo hemos visto en Argentina, en México, en Colombia o Inglaterra, que han vivido estallidos de hermosísima creación cuanto más se han roto en pedazos; todos tenemos ejemplos en la cabeza.
Y acaso está ocurriendo en España. Son momentos de fractura, de desorientación, de incógnitas. Las certezas se acabaron hace tiempo y a las brechas de siempre se añaden otras inquietantes. Y esa desazón se ensambla con un momento milagro del cine español. Hay nuevas cosas que contar y se están contando extraordinariamente, muchas de ellas por mujeres. Hoy, día de los Goya, podemos recapitular y darnos cuenta de que esta temporada no hay una, ni dos, sino una larga lista de películas inteligentes, correosas y novedosas que no cuentan lo de siempre, sino lo de siempre, pero de otra manera.
España está cambiando y el cine está sacando esa foto. Van algunos ejemplos: Los domingos es muchas cosas a la vez, pero una de ellas es su capacidad de conectar con el desasosiego de muchos jóvenes en un mundo de ruido y manipulación cuando los adultos no ayudan. Sorda nos cuela en una realidad complicada en un mundo que exige la velocidad y perfección constantes. Romería también nos pone ante el silencio social de una desgracia que una joven tiene la valentía de desnudar. Maspalomas excava hondo en la dificultad de la homosexualidad cuando ya no se vive en un arenal escondido, sino en la temible vejez. Tigres nos convierte en buzos que bucean en la vida de dos buzos en Huelva. Es extraordinaria. Y hay más joyas brillantes en la gala de hoy: el humor de La cena ante el terror franquista, la necesidad de amar y de volver a equivocarse de una cincuentona en Mi amiga Eva, la crudeza sin filtros de Tardes de soledad, o el sabor entrañable de Una quinta portuguesa. Y me falta ver Sirat.
En muchas de esas películas hay choques entre el ritmo íntimo y complejo del protagonista frente a una colectividad que no funciona y que se va saliendo de la vía. Porque no es el individuo el que descarrila, no, aunque lo parezca, sino la sociedad entera al no dar cabida al respeto.
Lo dicho, mientras el mundo se nos estropea, viva el momento milagro del cine español.