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SAMUEL GARCÍA
Columna
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El efímero Samuel

La ambición y derrota del político de Movimiento Ciudadano reconfigura de último minuto la elección presidencial

Samuel Garcia durante su breve precampaña presidencial, en Monterrey, el pasado 20 de noviembre.
Samuel Garcia durante su breve precampaña presidencial, en Monterrey, el pasado 20 de noviembre.DANIEL BECERRIL (REUTERS)

La ambición de Samuel García, aparejada con su falta de pericia, le ha llevado a dar tremendo golpazo a su joven carrera política. Su derrota ante el Congreso de Nuevo León reconfigura de último minuto la elección presidencial. El gobernador con licencia (ésa es su condición hoy) fracasó al no lograr los amarres que le permitieran irse a la candidatura presidencial con la red de protección que suponía un incondicional en el Palacio de Gobierno neoleonés, y porque no tuvo los arrestos para lanzarse sin tal seguro de vida.

García se presentará como víctima de la vieja política sin reconocer que el sainete que ha protagonizado tiene como autor y responsable principal a su persona, a este doctor en derecho que por semanas ejecutó un concierto de disparates jurídicos tan alocados como sus desplantes mediáticos. Que Instagram no es la vida lo saben quienes logran despegarse de pantallas que repiten a quienes tienen embrujados que son los más bonitos, inteligentes y astutos. La pequeña caja de resonancia de García le impidió ver que había alineado a poderosos adversarios con viento a favor.

Ha terminado la aventura de 2024 de Samuel García antes de haber iniciado. No alcanzó ni a tomar vuelo. Y el mejor escenario del efímero Samuel es recuperar, eventualmente y sin grandes daños, la gubernatura. Quien soñaba con Palacio Nacional amaneció a merced del congreso que detesta. Mientras los juristas devanan la sesera al intentar la correcta interpretación de qué procede jurídicamente para regresar a cierto orden en Nuevo León, el país amaneció con una boleta electoral devaluada, en donde sería un error colegir que la frentista Xóchitl Gálvez es la beneficiaria de este desaguisado.

Una cosa es que estuviera en duda si Samuel pretendía el cargo de titular del Ejecutivo federal o prestar un servicio al presidente López Obrador al dividir la oposición, y otra muy distinta que sin el emecista el camino se despeje para el frente opositor. La campaña de Gálvez no ha logrado transmitir potencia o rumbo. Si bien no le va mal en eventos con simpatizantes o la militancia, transcurren los meses y ella no logra posicionarse como alternativa creíble al lopezobradorismo al punto de que éste vea en la hidalguense una real amenaza. Lejos está de eso.

Al irrumpir Samuel García en la precampaña, su estilo y oferta pusieron en duda las posibilidades de la candidata opositora pero también suponían, al menos en el papel, una eventual amenaza para la inamovible rutina de Claudia Sheinbaum y su guion de asumirse como ganadora inevitable. Si Samuel pretendía subir en las preferencias debía, por principio, hacerse creíble ante el electorado que, suspicaz, recelaba que el norteño entró a la carrera solo a jugar de esquirol. Por ello, más pronto que tarde tendría que enfilar críticas a la precandidata Sheinbaum.

En esas andaba Samuel, quien tempranamente lanzó un video donde, a propósito de viajes que ambos habían realizado en distintas zonas del país, sin ahorrar ironía contrastaba su jovialidad con el adusto gesto de Claudia. Es ocioso preguntarse si esa ruta seguiría, pero no fue un mal comienzo.

Xóchitl amaneció como opositora única en precampaña, y por eso Movimiento Ciudadano le enderezará críticas y denuestos. La querrán culpar del fracaso de Samuel, en su calidad de candidata de los adversarios de éste, pero hay que preguntarse si ella capitalizará la derrota del neoleonés.

En el sexenio que está por terminar el presidente ha sido muy puntual en su defensa de que nada hay como el voto popular. Nada, ni la ley. En su lógica, el valor supremo es lo votado; y por derivada, que quien resulta ganador de una elección no ha de ser removido salvo vía las urnas. En este sexenio, en notable contraste del salinista, ningún gobernador, por aberrante que sea su despempeño como en el caso del que cobra en Morelos y tantos más, fue o será presionado desde Palacio para que deje el cargo. No así, claro está, los ministros de la Corte o miembros de órganos reguladores.

Por ello, independientemente de que tuvieran o no acuerdo para que se postulara a fin de dividir el voto opositor, López Obrador denostará la maniobra del PRI y del PAN, que dueños del congreso neoleonés pusieron todos los obstáculos posibles a Samuel, defendido por el presidente reiteradamente.

Andrés Manuel lo considerará un atropello mayúsculo, una prueba más de la propensión de los partidos del viejo régimen por impedir que sean los ciudadanos quienes definan si alguien ha de acceder o no a un puesto, y si ha de permanecer en él. Lo tomará personal porque no miminiza el riesgo de que él, y sobre todo su sucesora, puedan ser capturados por legislaturas o partidos contrarios a sus preceptos y agenda.

Para el presidente, lo ocurrido a Samuel será una afrenta porque Xóchitl queda, en tanto no surja un candidato con vigor por MC, como única opción opositora, y le viene como anillo al dedo para atizar, desde el victimismo, que la partidocracia es capaz de regatearle candidatos al pueblo.

En sentido contrario, y salvo que lograron humillar a quien les hablaba con diminutivos y les recetaba declaraciones con el manido (y obradorista) “tengan para que aprendan”, ¿qué retórica han de emplear en el Frente para vender su triunfo neoleonés como algo que conviene a México? No está descartada entonces la victoria pírrica de la oposición prianista. Quitaron a quien les desafiaba, pero en lo que duró el tortuoso espectáculo de los amparos y contramparos para impedir que Samuel nombrara sucesor nadie les escuchó una razón genuina, y menos mediatizable.

Movimiento Ciudadano tiene todavía una vida rumbo a la presidencia en 2024. Con algo de astucia y suerte MC podría revertir el golpe, mientras el frente y su candidata están más obligados que nunca a demostrar que merecen ser la única opción opositora.

El caso Samuel no debe obviar una de las manifestaciones más lamentables en términos democráticos en los últimos tiempos mexicanos. La suerte de García como gobernante, siendo crucial porque implica a un gran Estado como Nuevo León y porque no se deben atropellar derechos de nadie, es cosa baladí ante la irrupción de una turba el miércoles en el congreso de ese estado que trató de impedir los trabajos legislativos.

Movimiento Ciudadano, por un lado, y PRI y PAN por el otro, le deben a los habitantes de Nuevo León y de la República, una investigación puntual y exhaustiva, con deslinde de responsabilidades y si en su caso sanciones, de quienes patrocinaron el ataque al poder legislativo de esa entidad. Sin exageración hay que asentar que si bien, por un lado, la intentona salió barata dado que no hubo mayores víctimas de violencia que lamentar, por el otro sería un error garrafal el minimizar y más aún normalizar este tipo de ataques a un recinto parlamentario.

Es una llamada de atención de la grave irresponsabilidad de partidos que se negaron, por igual, a hacer política. De no obsesionarse con perseguir a quienes protagonizaron y patrocinaron ese evento, una repetición, con eventual escalamiento, marcaría una ruta muy peligrosa.

El primero que debería comprometerse a ello es el gobernador García, que batalla al mediodía de este sábado por regresar a su despacho. Los sueños de convertirse en el presidente más joven de la historia duraron menos que un tuit; a saber si no se convertirá en otro efímero gobernante de Nuevo León.

Con la derrota de quien se presentaba en binomio político junto a su esposa Mariana Rodríguez, las posibilidades de Movimiento Ciudadano a lo largo y ancho del país van a la baja. En Jalisco, para empezar, necesitan una candidatura presidencial atractiva para resistir el embate morenista. Y dado que está lejos de cantarse la conclusión de esta opereta de mala política de tantos lados, es riesgoso pronosticar a ganadores y perdedores de la misma. Samuel García está lejos de ser el único que termine lamentando lo ocurrido por su desaseo e inmadurez.

Movimiento Ciudadano está herido. A Dante Delgado y Marcelo Ebrard ya se les había cebado una posibilidad atronadora de ir juntos al 2024. Con la bendición de Palacio, Samuel García se había atravesado en ese camino. Su pólvora no duró ni lo que un cohete al aire. El verdadero riesgo es que la animación que Samuel prometía en campaña ahora sea sustituida solo por chicanadas y malas artes en tribunales, que termine sepultada una ilusión fosforescente sin que la oposición, y menos la democracia, ganen nada con ello.

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