Ir al contenido
_
_
_
_

La vuelta del ‘fracking’ a México confronta las necesidades energéticas con los impactos ambientales

El Gobierno de Sheinbaum defiende un fracturamiento hidráulico sostenible mientras organizaciones ecologistas alertan sobre daños al medio ambiente y consultores piden un marco regulatorio independiente

Bombas de extracción trabajando en un yacimiento cerca de Lovington, Nuevo México.Charlie Riedel (AP)

Tras meses de jugar al despiste, el Gobierno de Claudia Sheinbaum confirma su giro copernicano y la presidenta habla, por primera vez de forma directa, de usar el fracturamiento hidráulico para explotar yacimientos de gas natural. Durante su conferencia de prensa diaria se presentó el documento “Gas natural: estrategia para fortalecer la soberanía energética”, en el que una parte fundamental es la explotación de yacimientos no convencionales o complejos, que requieren sí o sí el uso de fracking. Este cambio de rumbo, adelantado en exclusiva por EL PAÍS, camina en dirección contraria a las promesas de campaña y compromisos tanto de Sheinbaum como de su mentor y antecesor, Andrés Manuel López Obrador, y confronta la posibilidad de suplir las necesidades energéticas con los impactos ambientales que puede acarrear.

“El anuncio ya era esperado pero sigue siendo sumamente alarmante en términos ambientales, energéticos, sociales y políticos”, lamenta Manuel Llano, director de la organización ambientalista CartoCrítica y miembro de la Alianza Mexicana contra el Fracking, un grupo de más de 40 asociaciones de varios Estados del país. “Es una buena noticia, pero hay que hacer mucho trabajo en los ámbitos técnicos, políticos, ambiental y normativos, si se quiere hacer este tipo de actividad”, asegura Alma Porres, expresidenta de la Comisión Nacional de Hidrocarburos y consultora independiente. Para Anaid Velasco, gerente de Política Pública e Investigación en el Centro Mexicano de Derecho Ambiental, es un “doble negativo ya que profundiza la dependencia de los combustibles fósiles con una técnica que genera grandes impactos”.

El fracturamiento hidráulico es un grupo de técnicas de extracción de hidrocarburos que usa millones de litros de agua mezclados con arena y aditivos químicos para fracturar rocas que contienen hidrocarburos, lo que hace que el líquido quede inservible para el uso humano. Durante la conferencia de prensa de este miércoles, el director de Petróleos Mexicanos (Pemex), Víctor Rodríguez, presentó este plan, que incluye yacimientos de gas “no convencional” con aproximadamente 141 billones de pies cúbicos.

Pemex espera comenzar a extraer gas mediante fracking en 2027, con la idea de bajar la dependencia de las importaciones de gas desde Estados Unidos. Rodríguez habló de explotar estos yacimientos de “manera sostenible”, cuidando “el suelo, los mantos acuíferos y con un uso eficiente del agua”. Los colectivos ecologistas han bautizado esto como “fracking del bienestar”.

“Dicen que van a hacer fracturamiento hidráulico sin impactos ambientales y eso no existe”, afirma categórico Llano. Tanto Rodríguez como Sheinbaum han hablado de nuevas técnicas y sistemas que usan aguas ya contaminadas para evitar “competir con el consumo humano”. “La realidad es que estos sistemas se han usado muy poco por una razón muy sencilla: son mucho más costosos y el sector petrolero siempre usa lo más barato”, contesta Llano. Añade que una cosa es que exista una tecnología experimental y otra es que tenga viabilidad comercial.

Una opinión similar, asegura, comparte Porres, doctora en Geofísica Aplicada y que formó parte de la extinta Comisión Nacional de Hidrocarburos de 2015 a 2022. “Aquí es cuando hace falta un ojo regulador y técnico, independiente del operador y del negocio, que puede asegurar a la sociedad de que se cuida la parte normativa y la parte ambiental, y la palabra clave es eficiencia: eficiencia, técnica, ambiental, de riesgos y económica”, explica. Porres advierte de que no puede darse un caso como el del Golfo de México, donde “se diga que no pasa nada mientras la gente ve que hay una afectación evidente”.

“Por ello, hay que tener un regulador fuerte”, añade. Y pide que el Gobierno sea claro y use las palabras y términos técnicos. “Tienen que dejar la resistencia contra la palabra fracking y manejar la comunicación de forma clara y decir los pros y contras para la sociedad y el medio ambiente”, solicita.

“La idea de un tercero independiente es viable, pero no la vemos creíble”, cuestiona Velasco, del Centro Mexicano de Derecho Ambiental. “¿Bajo qué lineamientos operaría? ¿Cómo va a ser la transparencia? ¿Se daría acceso a la información a la sociedad civil y las comunidades afectadas o todo se clasificaría en secreto industrial y seguridad nacional?”, dice. Además, para los ambientalistas, la búsqueda de la soberanía energética debería ir hacia cuestionar las formas de consumo energético y buscar nuevas formas de generación de energía al margen de los combustibles fósiles.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_