Retrato hablado del Mencho
Al líder del CJNG no le gustaba que su hijo favorito, El Menchito, usara drogas, y en un principio no estuvo convencido de que el cartel entrara al negocio del fentanilo, según las declaraciones en tribunales de EE UU de sus excolaboradores


En los pasillos de la cárcel federal, Rubén Oseguera, El Menchito, cuelga el teléfono y canturrea una canción.
—¿Qué cantas? —le pregunta Mario Ramírez Treviño, El Pelón, miembro del Cartel del Golfo, vecino de celda del Menchito.
—Un corrido que nos compusieron, sobre el helicóptero que tumbamos —le dice lleno de orgullo el hijo de Nemesio Oseguera, El Mencho.
El corrido “¿Van a querer más?" lo compuso Enigma Norteño. “Ando en una granja mientras me busca la DEA / Me ven apostándole a mis gallos de pelea”, cantaba. Ese verso era sobre su padre, también apodado El Señor de los Gallos. Sin que se lo preguntara, El Menchito le cuenta al Pelón detalles del asunto del helicóptero militar, derribado de un bazucazo por el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) en 2015. El Gobierno federal intentaba capturar al líder de la organización criminal en un operativo en Jalisco. En ese momento, le dice El Menchito, él estaba con su papá en un escondite. Tomó una bazuca y se la entregó a un sicario que les acompañaba, “un tal 80”, que fue quien hizo el disparo. Los tres vieron cómo se desplomaba la aeronave, en la que murieron nueve uniformados. El Menchito estaba orgulloso de su participación en la hazaña que evitó la captura de su padre. Ese evento, salvar a su papá, los unió más que nunca y transformó profundamente al Menchito.
Este es el relato que dio el Pelón a fiscales de Estados Unidos en el juicio que condenó al Menchito a cadena perpetua, y que este apeló recién en diciembre. El Pelón, que murió bajo detención en EE UU el año pasado, hizo una observación ante los fiscales sobre el carácter de su vecino de celda y la influencia de su padre en él. El Pelón coincidió dos veces con El Menchito en el Altiplano, la prisión de máxima seguridad donde había varios narcos, entre ellos Joaquín Guzmán, El Chapo, que escapó de ahí. La primera vez que lo trató, contó, El Menchito “era calmado. Llegó con una actitud seria y calmada”. Para la siguiente ocasión, tras el derribo del helicóptero militar, “era más violento, más agresivo. No era el mismo, se portaba diferente”. Los fiscales que tomaban su testimonio le preguntaron si el Menchito mencionó algo que explicara su transformación. El Pelón dijo que —según lo que le contó el propio Menchito— fue el evento del helicóptero y el hecho de que su padre le dijera que él era el segundo al mando del cartel. El heredero.
Sin embargo, el CJNG ha quedado descabezado, con el Menchito en prisión y el Mencho, muerto. Apenas tres fotos viejas se conocían del líder del cartel jaliscience, un capo elusivo para el ojo público, de cuya vida poco se sabía. Ese vacío de información ha originado estos días retratos periodísticos tan disímiles que parecen referirse a personas opuestas. Que El Mencho usaba minas antipersona para protegerse. Que ordenaba el canibalismo entre sus sicarios. Que llevaba la contabilidad de su imperio en hojas de papel hechas a mano o en computadora. Que tenía una enfermedad renal. Que era un romántico —el seguimiento a una de sus parejas fue crucial para dar el golpe en su contra—. Que jugaba videojuegos. Que escribía oraciones y su letra era bonita.
Washington ha recolectado grandes cantidades de información que permiten aproximarse al carácter de Nemesio Oseguera, a partir de intervenciones telefónicas y del testimonio de miembros del CJNG que lo trataron directamente y testificaron en el juicio del Menchito. Los rasgos extraíbles sobre El Mencho derivan, en gran parte, de su relación con su único hijo varón, al que protegía en extremo. Los relatos, dispersos en decenas de documentos judiciales revisados por EL PAÍS, muestran cómo el capo proyectó su influencia sobre su hijo, que se volvió una extensión de su violenta sombra, su hombre de mayor confianza, su intermediario predilecto y, finalmente, su anhelado heredero.
Herminio Ancira, El Indio, fue otro testigo privilegiado de la manera en que padre e hijo administraban el cartel, hasta convertirlo en un imperio. El Indio conoció al Mencho en 2009 y comenzó a hacer trabajos menores para la organización criminal, que nacía con el nombre simple de Cartel de Jalisco (el apelativo “Nueva Generación” se lo daría El Menchito, según su relato). El Indio se convirtió en policía municipal y desde allí trabajó también para El Mencho (una vez lo liberó de una detención). Conoció al Menchito porque se lo presentó su jefe. El heredero del cartel tenía varios alias, aparte del más famoso: El Rojo, El Señor de la Perla, El Número 2… (aunque, según intervenciones telefónicas, también usaba los apodos de Ice Man o Billy The Kid).
El Indio cuenta que El Mecho prohibió a sus subordinados que le llamaran a su hijo por teléfono (pocos tenían su número) y era muy protector. “Una vez le vi [al Menchito] un kilo de cocaína en su camioneta, pero nunca vi que la usara. Él me dijo: ‘no le cuentes a mi papá que tengo eso ahí’, porque a su papá no le gustaba que él usara drogas, no le gustaba que nadie en el grupo lo hiciera”, relata. Hay otra anécdota sobre la protección a su hijo. Una vez, dice El Indio, el cartel tenía que recoger un cargamento de dos toneladas de cocaína. El Menchito quería ir, “pero su padre no lo dejó”. El Mencho, por cierto, era padrino del Indio, y le apreciaba. En una ocasión, debido a que el sicario estaba enfermo de neumonía, el jefe le pidió dejar de ir a misiones y le ordenó ir a tratarse a un hospital.
Cuenta El Indio que El Mencho decía a sus subordinados que su hijo era tan importante en la organización como él mismo, y así lo entendieron todos. Y eso era dentro y fuera del cartel. Una anécdota del Pelón desde la prisión del Altiplano lo confirma. Era una negociación entre Omar Treviño Morales, Z-42, el segundo al mando de Los Zetas, y El Menchito: “Rubencito, tengo un mensaje de mi hermano, el Z-40 [Miguel Treviño Morales]. Dile a tu papá que él le va a comprar una tonelada de cocaína en el puerto de Veracruz por 15 millones de dólares”.
El Menchito tenía gran influencia en su padre. Según El Indio, fue El Menchito quien introdujo al CJNG al negocio del fentanilo en 2013. “Fue su idea producirlo, pero, por alguna razón, su papá no quería”. Los fiscales le preguntaron qué certeza tenía de eso. “Su papá me lo dijo en una ocasión, y luego lo confirmé cuando El Menchito me lo dijo”, relató El Indio. Los fiscales le cuestionaron por qué para El Menchito tenía tanto valor el fentanilo. “Me dijo que estaba construyendo un imperio con el cartel”. Esa fue una obsesión del heredero del Mencho. “Decía que el Cartel de Jalisco era la vieja escuela, pero él decía que lo iba a llevar a la nueva generación. Es un chico extremadamente inteligente, honestamente”, contó El Indio.
Los documentos del juicio de otro personaje relevante, Juan Manuel Abouzaid El Bayeh, El Árabe o Escorpión, el cerebro financiero del CJNG, revelan la incursión del cartel en el negocio del fentanilo. Las autoridades interceptaron mensajes de BlackBerry que se enviaron él y El Menchito en 2013. Los textos dan cuenta de cómo el hijo del Mencho secuestró a un “ingeniero” al que obligó a producir oxicodona, un opioide sintético altamente adictivo, para un “proyecto de distribución a gran escala”. Otros mensajes refieren cómo El Menchito estaba buscando costales para transportar precursores químicos de fentanilo.
Había una libreta con los nombres de las personas a las que El Mencho y su hijo ordenaban asesinar; allí también se registraba quién era el encargado de ejecutar cada orden y la fecha, según una fiscal estadounidense. Si El Mencho era cruel, El Menchito era sádico, de acuerdo con los relatos. Como aquella vez que, de acuerdo con El Indio, El Menchito mató con un cuchillo a uno de sus guardaespaldas por estacionarse mal y a otras cinco personas porque le debían dinero; ordenó que los enterraran sin ropa para que las autoridades no los identificaran; luego se fue a cenar tacos y, en el camino de regreso, pasó a comprar Electrolit y yogurt para su padre. Una normalidad de violencia vertiginosa.
“Él no escogió al papá que le tocó”, dijo su abuela materna en una carta que envió a los jueces de Estados Unidos para rogar por una reducción de condena para El Menchito. Los relatos, sin embargo, describen una relación filial muy fuerte. Cuenta El Indio que El Menchito estaba “todos los días” con su padre, de quien era mensajero. También pasaba mucho tiempo con su madre, Rosalinda González Valencia, La Jefa. El 2 de julio de 2013, en un mensaje interceptado por Washington, El Menchito invitó a comer a El Árabe –que era muy cercano a la familia— a casa de su mamá. “Sabes que siempre eres bienvenido”, le dijo. El Árabe le agradeció el gesto y prometió ir. En tanto, le pidió: “Salúdame a tu papá, por favor. Que Dios nos lo cuide”.
La extradición de su hijo a Estados Unidos le dolió en el alma al Mencho. Este decía a su gente que lo iba a traer de regreso pronto. Ya antes lo había liberado de las cárceles de México. Así lo decía su corrido: “Y espero que les quede bien claro el mensajito / Se enredaron gacho metiéndose con Menchito / Y no te agüites, mijo, pronto saldrás del penal”.
Tu suscripción se está usando en otro dispositivo
¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?
Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.
FlechaTu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.
Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.
¿Tienes una suscripción de empresa? Accede aquí para contratar más cuentas.
En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.
Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.








































