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El penúltimo adiós de Joan Manuel Serrat a México

El músico catalán actúa en el Zócalo de la capital, donde ha reunido a algunos de sus devotos seguidores. El próximo domingo se despedirá en Guanajuato, la última actuación de su carrera en el país

El cantante catalán durante su presentación en el Zócalo de la Ciudad de México
El cantante catalán durante su presentación en el Zócalo de la Ciudad de México, este viernes.LUIS CORTES (REUTERS)
Rodrigo Soriano

Algunas canciones de artistas como Joaquín Sabina o Violeta Parra mantienen el ambiente del Zócalo de Ciudad de México. Sobre las melodías se empieza a escuchar al público: “¡Serrat, Serrat, Serrat!”. El artista catalán Joan Manuel Serrat saldrá al escenario minutos después con una actitud animada. “Dicen que es una despedida. No hagan caso. Esto es una fiesta, aparten cualquier atisbo de melancolía. A partir de ahora, todo, absolutamente todo, es futuro”, señala el cantante, lo que provoca que el público comience a aplaudir efusivamente. La actuación de Serrat en la capital es la penúltima que realizará en México en su gira de despedida El vicio de cantar.

Entre los visitantes de la plaza se encuentran algunos de sus seguidores más devotos. El número de personas es visualmente más reducido que el de las 280.000 personas que se acercaron ante la actuación de Grupo Firme. Pese a ello, los cánticos del público mantienen la sensación de un apoyo acérrimo al cantante catalán. Heriberto Rodríguez escucha a Serrat desde joven. Fue a algunos conciertos en el pasado que el El Noi del Poble-Sec realizó en México en el pasado. “De adolescente escuchar canciones de Machado, de Miguel Hernández, llega mucho”, cuenta Rodríguez.

Antes de soltar las primeras palabras a modo de presentación, Serrat interpreta la primera canción de la noche: Dale que dale. Cuando termina, el público vuelve con los cánticos que protagonizaban la previa de la actuación. “¡Serrat, Serrat, Serrat!”. Las primeras gotas de una lluvia suave que acompañará su actuación hacen que Serrat dé cuenta de ello. “Buenas noches, con cuatro gotas. En un ratito ya no nos acordaremos. Es un gusto terrible y tremendo [actuar] en este Zócalo lindo y querido”, indica el cantante utilizando los adjetivos con los que Vicente Fernández hacía referencia a su México natal.

Alberto Acosta tiene 61 años y escucha a Serrat desde que era adolescente. Sin atisbo de duda, comienza a nombrar algunos de los clásicos del músico: “Barquito de Papel, Penélope, Mediterráneo...”. Acosta cuenta que después de este concierto, irán a ver de nuevo a Serrat en Guanajuato, donde actuará con motivo del 50 aniversario de Festival Internacional Cervantino. Acosta fue el primero de su familia en escuchar al cantante catalán. Es un caso aislado entre algunos de los seguidores que visitan la plaza del Zócalo este viernes. Lourdes de Cerril comenzó a escucharle de pequeña por la influencia de sus primas y, ahora, sus sobrinos lo escuchan por ella. “De él [Serrat] me gusta todo, la música, la letras, su forma de vestir, su actitud, su sencillez, su humildad... ¡Todo!”, cuenta De Cerril, que asegura que tiene al cantante “en un pedestal”.

Entre sorbo de agua y sorbo de agua, Serrat continuará con varios de sus temas clásicos: Barquito de papel, El carrusel del furo, Lucía... En algunos momentos, realiza pausas para contar anécdotas. “La mujer que yo quise no necesitaba bañarse cada noche en agua bendita. La mujer que yo quise se bañaba en gin-tonic”, indica el cantante. En la plaza, la leve lluvia no desmotiva al público. Una mujer saca una anforita rellena de tequila y la comparte con una amiga. Juntas comienzan a moverse al ritmo de las canciones.

Paloma González tiene 30 años y comenzó a escuchar al músico con 16. “Me parece un artista muy completo, se ha encargado de musicalizar muchos poemas de Antonio Machado, de Miguel Hernández... Creo que tiene una canción para cada etapa de la vida”, cuenta González, que se encuentra junto a su grupo de amigos. Cuando Serrat termina otro de sus temas, recuerda la figura de Miguel Hernández: “Nació en 1910 en Orihuela y murió en 1942 en una cárcel de Alicante. Fue un hombre comprometido con su tiempo, con la libertad, la vida y su gente. Se lo arrebataron”.

Serrat se exilió a México en su juventud tras la prohibición de actuar en Eurovisión. En 1968 fue seleccionado para participar en el festival, pero pocos días antes del concurso se negó a cantar si no podía hacerlo en catalán. Este hecho supuso su primer pulso con el franquismo, que terminó con un veto de presencia en los medios oficiales.

Con El vicio de cantar, Serrat busca despedirse de manera personal de un público con el ha compartido vida y canciones durante más de medio siglo. De Nueva York a Barcelona, el músico catalán tiene previsto despedirse de 13 países con un total de 74 conciertos, de los que ya ha realizado 52 desde el 27 de abril de este año, cuando tocó en el Beacon Theater neoyorquino.

El presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, se reunió con Serrat el pasado jueves. Con él, visitó el balcón del Palacio Nacional, que este viernes el músico ve desde el escenario del Zócalo. “[Serrat] es un ser humano excepcional, sensible. Una persona con mucha imaginación y mucho talento. […] Si no fuera porque tengo que ir a la montaña de Guerrero estaría en su concierto”, reiteró López Obrador, que un día antes compartió un tuit con las mismas palabras. El presidente aseguró que el cantante es “poesía pura, limpia y humana”, y recomendó a los mexicanos no desaprovechar la oportunidad.

En el Zócalo, Serrat celebra a modo de “fiesta” sus 57 años de carrera. Lejos queda ese 1965 en el que El Noi del Poble-Sec editó su primera grabación en EP, Una guitarra. En dos días, el músico actuará junto a la Alhóndiga de Granaditas, un espacio emblemático de la ciudad de Guanajuato, la capital mexicana del Festival Cervantino. Con este concierto, Serrat se despedirá de México.

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Rodrigo Soriano
Es periodista de EL PAÍS en la redacción de Ciudad de México. Estudió Periodismo en la Universidad de Valencia y es máster por la Escuela de Periodismo UAM-EL PAÍS.

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