La madre de Heidi, la niña muerta presuntamente por balazos de militares en Tamaulipas: “Queremos justicia”

Abogados y asesores de la familia critican que el Ejército trata de desentenderse de la agresión y exigen la intervención de López Obrador

Cristina, madre de Heidi Mariana Pérez, participa durante una manifestación frente a Palacio Nacional en Ciudad de México, el 8 de septiembre de 2022.
Cristina, madre de Heidi Mariana Pérez, participa durante una manifestación frente a Palacio Nacional en Ciudad de México, el 8 de septiembre de 2022.Rodrigo Oropeza

En medio de una bronca monumental por el papel de los militares en México, una familia trata de hacer justicia mientras llora a su niña muerta. El Gobierno de México defiende la transferencia de la Guardia Nacional a la Secretaría de la Defensa, entre críticas de la oposición, que señala los peligros de afianzar al Ejército en tareas policiales. Bajo los argumentos y las acusaciones de la esfera política, la familia de Heidi Pérez, una niña de cuatro años que murió por un balazo disparado presuntamente por militares en Tamaulipas la semana pasada, pide justicia.

Este jueves, Cristina Pérez, la madre de la pequeña, ha comparecido ante los medios en Ciudad de México para exigir una investigación decente. “Mi hija tenía cuatro años y 11 meses. El día 29 de este mes celebrábamos su cumpleaños. Era muy bonita, amorosa, inteligente, enojona… Siempre vestida de princesa bailarina. Así la voy a recordar siempre”, ha dicho entre sollozos. “Queremos justicia”.

Pérez, sus abogados y asesores han detallado lo ocurrido. Fue en Nuevo Laredo, ciudad fronteriza. El 31 de agosto, la cuidadora de Heidi fue con la niña y su hermano, Kevin, de siete años, al hospital. La pequeña sentía un malestar en el estómago y Griselda Zamora, la cuidadora, pensó que lo mejor era manejar el carro hasta el centro médico, donde trabaja la madre. Griselda tomó a los pequeños y los metió en el vehículo, un carro tipo turismo con la única particularidad de que tiene los cristales polarizados.

Apenas pasaban unos minutos de las 22.00, cuando Zamora enfiló la calle Doctor Mier, cerca de la zona fronteriza. A la altura de 20 de Noviembre, la mujer observó que un vehículo militar cerraba el paso y optó por girar a la derecha. “Allá en Nuevo Laredo todo el mundo sabe que no hay que ir detrás de los carros militares”, ha dicho el abogado, Edgar Netro.

Avanzaron unos metros después de girar cuando la mujer sintió como si cayera “granizo” y unos “destellos”. Raymundo Ramos, asesor de la familia y director del Comité de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, ha señalado que los destellos podrían ilustrar el uso de “balas trazadoras”, munición empleada por el Ejército. Las balas impactaron en el techo y el cristal trasero. Ninguno en las ruedas. Uno de los proyectiles le dio a la niña en la cabeza. Su hermano resultó herido por las esquirlas del vidrio.

Netro y Ramos han insistido en que en ningún momento militares dieron el alto al vehículo o que Zamora condujera su vehículo hacia una balacera. Los dos han dicho que simplemente les dispararon, justo después de girar, cerca ya del hospital. “Vamos a pedir un peritaje para ver a qué distancia se disparó y desde qué posición, además del tipo de munición”, ha dicho Ramos. En la tarde de este jueves, Pérez, Ramos y Netro han acudido a Palacio Nacional, para intentar que el presidente, Andrés Manuel López Obrador, les reciba.

Raymundo Ramos, presidente del Comite de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, muestra un escrito relacionado con la muerte de la Heidi, para solicitar audiencia privada con el presidente en Palacio Nacional.
Raymundo Ramos, presidente del Comite de Derechos Humanos de Nuevo Laredo, muestra un escrito relacionado con la muerte de la Heidi, para solicitar audiencia privada con el presidente en Palacio Nacional.Rodrigo Oropeza

La actitud de Sedena

La historia de la niña Heidi recuerda a viejas tragedias del México moderno, un país acostumbrado a que militares patrullen las calles, ante la incapacidad o la corrupción de las corporaciones policiales. Pérez, sus abogados y asesores han evocado el caso de los hermanos Bryan y Martín Almanza, de cinco y nueve años, muertos a balazos de militares en abril de 2010, también en Tamaulipas.

Entonces y ahora, la Secretaría de la Defensa (Sedena) ha ensayado una actitud parecida: nosotros no fuimos. Con los hermanos Almanza, la dependencia dijo que los balazos que habían matado a los niños los dispararon sicarios. La Comisión Nacional de Derechos Humanos corrigió al instituto castrense y confirmó que los balas asesinas habían salido de los fusiles de los militares.

En el caso de Heidi Pérez, Sedena no se ha pronunciado de manera oficial. El abogado Netro ha explicado que la única aportación del Ejército a la investigación hasta el momento ha sido un vídeo de unos segundos, de varias patrullas militares que se encontraban a varias calles de los balazos que mataron a la menor. En el vídeo, explica el abogado, se observa un convoy de tres patrullas militares, seguido de un vehículo que, de repente, se da media vuelta. Nada más.

El sacerdote Carlos Aurelio Ramírez consuela a Cristina, la madre de Heidi.
El sacerdote Carlos Aurelio Ramírez consuela a Cristina, la madre de Heidi.Rodrigo Oropeza

Para Ramos y Netro, el vídeo, grabado un par de minutos antes de los disparos que acabaron con la pequeña, solo prueba que, además del vehículo militar que cerraba el paso al vehículo de Griselda Zamora, había otros en la zona. “Ellos dicen que nunca estuvieron en Doctor Mier y 20 de noviembre… Hago un llamamiento a la Fiscalía federal -que ha asumido las investigaciones- para que traten de agotar todos los medios de prueba posibles”, ha dicho el abogado.

Ramos ha denunciado además que un mayor del Ejército se ha acercado a la familia para pedir que dejen de hacer declaraciones y que, si necesitan apoyo psicológico o económico, la Secretaría de la Defensa puede apoyar. Para Ramos, el acercamiento del mando militar es parte de un “amedrentamiento” por parte de la dependencia. Estos días, ha explicado, vehículos militares han rondado la casa de Pérez. “Cuando estoy con mi niño los oigo pasar”, ha dicho Cristina Pérez. “No me siento tranquila, sobre todo por él”.

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Sobre la firma

Pablo Ferri

Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).

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