México y Texas enfrentan posibles apagones por sistemas (radicalmente) opuestos

Lo que ha salvado, hasta ahora, al Estado sureño de EE UU ha sido la energía solar, la cual ha roto récords de generación este año. En México, se bloquea la entrada de energías renovables.

Páneles solares en el techo de una escuela en Ciudad Victoria, Tamaulipas (México), en octubre de 2021.
Páneles solares en el techo de una escuela en Ciudad Victoria, Tamaulipas (México), en octubre de 2021.Quetzalli Nicte Ha

México y el Estado de Texas en Estados Unidos comparten este verano una misma amenaza: apagones. Sequías y temperaturas récord han impulsado la demanda eléctrica, poniendo a prueba la capacidad de sus respectivas redes. Los temidos cortes, sin embargo, parecen originarse por causas diametralmente opuestas: en Texas se ha dejado el sistema en manos de privados, mientras, en México, se les ha excluido.

La red eléctrica de Texas es conocida por ser independiente del resto de EE UU, una decisión muy apropiada para un Estado con una fuerte identidad separatista. En un territorio más grande que Francia y una economía del tamaño de la rusa, la red es comparable con la de países enteros y, actualmente, está fallando. Una primera crisis se dio en febrero del año pasado, cuando temperaturas extremadamente bajas congelaron parte de la infraestructura que permite convertir gas natural en electricidad. Ahora, autoridades urgen a los tejanos, tanto en hogares como en la industria, reducir su consumo eléctrico para evitar apagones, ya que su capacidad de transmisión es insuficiente.

Por su parte, en México, el Centro Nacional de Control de Energía (Cenace) ha dicho que la falta de inversión en la red nacional de transmisión puede generar apagones, algo que empresarios y analistas del sector han advertido desde que el Gobierno federal comenzó a bloquear la participación de empresas privadas. La Comisión Federal de Electricidad (CFE), incluso, compra más gas natural de lo que puede utilizar para generar electricidad, en parte debido a que se paralizó la inversión privada que se esperaba construyera los ductos para aprovechar el gas.

Teletrabajo y criptomonedas

Por muchas razones, este ha sido un verano con una demanda de electricidad particularmente alta, explica Morris Greenberg, analista de mercados de electricidad en S&P Global Platts Analytics. El teletrabajo habilitado por la pandemia generó una migración a ciudades tejanas en donde los impuestos y los alquileres son más bajos, por lo que la población creció. Además, el Estado ha atraído a un gran número de mineros de criptomonedas, un proceso que consume altas cantidades de electricidad.

“Más allá de eso, Texas ha tenido niveles muy bajos de precipitación por un largo periodo de tiempo, lo que impulsa las temperaturas y la necesidad de utilizar el aire acondicionado”, agrega Greenberg. El Consejo de Fiabilidad Eléctrica de Texas (ERCOT) dijo esta semana que no había “solución de mercado disponible” en un sistema en que se ha permitido que las empresas privadas se auto regulen. En febrero de 2021, cuando los apagones por falta de acceso a gas natural causaron 32 muertes en el Estado, Greenberg abogó por un mercado con mayor regulación.

“Desde entonces sí se ha mejorado la regulación, pero no se ha ido tan lejos como para crear un mercado de capacidad a plazo, como lo tienen otros operadores regionales”, dice Greenberg. Un mercado de capacidad, o forward, es un mercado mayorista de electricidad diseñado para promover la inversión económica en recursos a largo plazo en donde más se necesitan para garantizar el funcionamiento. Para que exista, el Gobierno debe escribir las reglas.

“Debe haber también mejor planeación para evitar lo que está sucediendo ahora”, opina Greenberg, “planear para lo que parecen ser temperaturas extremas ya consistentes las cuales, algunos dirían, se deben al cambio climático”.

Recortes de agua y posibles apagones

A tres horas de la frontera tejana está Monterrey, capital del Estado de Nuevo León. Los habitantes ahí llevan seis semanas con recortes de agua en los que, en algunas colonias, solo tienen acceso durante un par de horas. Mientras tanto, autoridades federales declararon emergencia por sequía en el país, ya que casi siete de cada diez municipios no cuentan con la cantidad de agua que necesitan, de acuerdo con la Comisión Nacional del Agua (Conagua). Las temperaturas en el norte del país no paran de subir, impulsando el consumo de electricidad.

En mayo, de acuerdo con información recuperada por el diario Reforma, el director general de Cenace, Ricardo Mota, dijo en un foro que el país pudiera sufrir apagones debido al “rezago” en la expansión de la red nacional de transmisión. El Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha pedido, desde 2019, que los reguladores del sector dejen de emitir permisos de operación a empresas privadas, lo cual ha limitado la inversión en la infraestructura. El Gobierno también ha pasado legislación para privilegiar la entrada de las centrales de CFE, en detrimento de las privadas.

El sector más afectado en México ha sido el de energías renovables, mismas que, irónicamente, han salvado a Texas de sufrir apagones en lo que va del verano. De acuerdo con un reporte de la revista Texas Monthly, la generación de electricidad por paneles solares se duplicó este verano en comparación con el mismo periodo el año pasado, lo que ha llenado los vacíos de la generación por gas natural. Este ha sido, a todas luces, el beneficio más grande de permitir que los privados instalen su propia tecnología. Esta semana, la agencia Bloomberg reportó que empresas como Engie, Enel y Acciona Energía han sido bloqueadas por reguladores mexicanos e imposibilitadas de operar plantas solares y parques eólicos.

CFE busca hacer de la electricidad un mercado cautivo en la que la empresa tiene el monopolio, obligando a todos los consumidores a comprar a la empresa del estado. Pero CFE no puede pagar la cantidad de inversión que la red de transmisión requiere para garantizar el suministro.

México produce el 28% del gas natural que consume para producir electricidad. El resto lo importa, mayoritariamente, de Texas, principal productor del combustible en EE UU. Durante la Administración federal anterior, México se comprometió a comprar más gas natural de lo que puede transportar y utilizar. La idea era que tales contratos “anclaran” grandes inversiones privadas de gasoductos, explica Francisco Barnés, consultor en energía, ex funcionario de la Comisión Reguladora de Energía (CRE) y ex rector de la Universidad Autónoma de México (UNAM).

“Esta fue la estrategia que se siguió para licitar los ductos que se requieren para traer gas al país y se requiere licitarlos para que tengan la capacidad, no que se requiera a corto plazo, sino la que se requiere por varios años por delante”, dice Barnés. Pero el Gobierno de López Obrador paralizó las licitaciones y ahora, de acuerdo a un oficio que la Secretaría de Energía (Sener) envió a la CRE y a Cenagas, pretende obligar a las empresas privadas en México a comprar el gas natural que le sobra a CFE y a Pemex.

Esto no es necesario, apunta Barnés. “Si tienen excedentes de gas comprado en el mercado estadounidense, ese un mercado muy líquido, los excedentes de gas que adquirió la CFE los puede colocar y vender en los Estados Unidos”, explica el especialista, quien también fue funcionario en Sener.

Inversión pública o privada

Tanto Greenberg como Barnés coinciden en que un sistema eléctrico que garantiza el suministro solo se puede lograr con una mezcla de participación privada y regulación. “Siempre los eventos extraordinarios no esperados generan problemas, independientemente de quién es el actor con la responsabilidad de responder ante ellos y simplemente no se tiene los elementos suficientes para prever que va a ser un verano extraordinariamente caliente y que requiere una demanda adicional de gas natural”, dice Barnés. La inversión privada, asegura, suele responder mejor a las necesidades inmediatas, mientras la pública suele hacer planeación de más largo plazo.

“La mejor opción es una participación de una empresa estatal que tenga una buena planeación y financiamiento para instalar oportunamente las grandes centrales del Estado mexicano, que es el que puede asumir esos riesgos de mejor forma ante una planeación para el suministro básico que representa un porcentaje importante del consumo nacional y por lo tanto está a manos de CFE”, dice Barnés. “Y dejar, como se pretendía, hacer una participación creciente de la inversión privada y que vaya tomando parte del mercado de los grandes consumidores que están dispuestos a asumir otros riesgos y otras oportunidades”.

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Sobre la firma

Isabella Cota

Es corresponsal económica para América Latina. Como periodista de investigación trabajó con Quinto Elemento Lab, NHK, BusinessWeek y OpenDemocracy, entre otros. También fue staff de Bloomberg News y Reuters en Centroamérica y Reino Unido. Es licenciada en Comunicación y Máster en Periodismo de Negocios y Finanzas por City University London.

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