Nunca hay paz para Michoacán: el abandono de Aguililla a manos de grupos criminales

El municipio, corazón de la región, se ha convertido en los últimos meses en el escenario de la pelea que mantienen organizaciones rivales, interesadas en controlar una zona clave

Grupos autodefensas del municipio de Coalcomán, en Michoacán, han incrementado su vigilancia ante los ataques del Cártel Jalisco Nueva Generación.
Grupos autodefensas del municipio de Coalcomán, en Michoacán, han incrementado su vigilancia ante los ataques del Cártel Jalisco Nueva Generación.Juan Jose Estrada (CUARTOSCURO)

A dos meses de las elecciones, la región sierra-costa de Michoacán aparece destacada en el mapa de las violencias de México, un entramado de intereses que trasciende al tráfico internacional de drogas y apunta al reacomodo de fuerzas de cara a la cita electoral. Foco rojo del momento, el municipio de Aguililla, corazón de la región, se ha convertido en los últimos meses en el escenario de la pelea que mantienen grupos criminales rivales, interesados en controlar una zona clave entre la costa y la región de Tierra Caliente.

Cíclico, devastador, el drama de Aguililla aparece y desaparece de noticieros y titulares sin que su ausencia implique periodos de paz. En diciembre, una de las redes criminales en pugna, Carteles Unidos, remedo de viejas mafias regionales, cavó una zanja en la carretera principal del municipio, que conecta con Apatzingán, uno de los centros neurálgicos de Tierra Caliente junto a Tepalcatepec o Buenavista Tomatlán. Su intención era evitar el avance de la otra red criminal en guerra, el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

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Las balaceras y bloqueos en la carretera han sido habituales desde entonces, dejando muertos a su paso. La semana pasada, el gobernador, Silvano Aureoles, visitó Aguililla y algunos vecinos protestaron con pancartas. Querían una solución al bloqueo y la violencia. La reacción del gobernador, que viajó en helicóptero al pueblo, fue increpar a uno de los manifestantes, un profesor. Luego dijo que el agredido era un halcón. Portada en todos los medios, la prensa preguntó al día siguiente al presidente, Andrés Manuel López Obrador, por el episodio. El mandatario lo calificó de “penoso” pero dijo que no se usará la fuerza para resolver la situación del municipio.

La pelea en Aguililla, la región sierra-costa en general y la vecina Tierra Caliente viene de largo y los criminales igual se enfrentan entre ellos que con las autoridades, siempre bajo la sospecha de beneficiar a unos u otros. En octubre de 2019, 13 policías estatales fueron asesinados en El Aguaje, municipio de Aguililla, cerca de Apatzingán. Uno de los motivos que trascendió es que un grupo criminal los ajustició porque los agentes trabajaban para el grupo contrario.

Hace algo más de seis años, Apatzingán, Tepalcatepec y el resto de pueblos de Tierra Caliente ocuparon de lleno al Gobierno federal, entonces en manos del PRI. Miles de autodefensas se alzaron en armas contra los grupos criminales, principalmente los Caballeros Templarios. El Gobierno cedió y en parte los incorporó a las corporaciones policiales estatales.

Lejos de resolver la situación, el advenimiento de las autodefensas implicó un nuevo reacomodo, episodios que arrastran intereses económicos y políticos en un Estado de enorme riqueza por la industria del aguacate, las explotaciones mineras y madereras, y el complejo portuario de Lázaro Cárdenas. Por no hablar además de la economía ilegal, muchas veces rémora de la legal -por la extorsión y los servicios de seguridad voluntarios o involuntarios- y otras, mera compañera de viaje. El mismo puerto de Lázaro Cárdenas es señalado desde hace años como puerta de entrada de narcóticos y precursores químicos.

“Aguililla es un fortín. Es un municipio pobre, mal comunicado, de muy difícil acceso, sin acceso al mar y eso lo hace interesante”, explica Romain Le Cour, coordinador del Programa México y América Central de Noria Research. “Primero, porque sirve de santuario, porque las fuerzas públicas no te van a buscar. Es como un hoyo negro y en una región donde hay mucha mafia, esto es un bien. Si controlas Aguililla, tienes mano para controlar los caminos. Te conviene tener un lugar así”, argumenta.

Grupos autodefensas de Aguililla, Michoacán.
Grupos autodefensas de Aguililla, Michoacán. Juan José Estrada Serafín (CUARTOSCURO)

Le Cour, que viaja continuamente a Michoacán desde hace casi diez años, añade que la región sierra-costa es “el corazón de la industria minera michoacana. Entre 2004 y 2017, la proporción de territorio michoacano concesionado a la industria pasó del 6% al 24%. Y buena parte de ese territorio está en esa zona”.

Para el periodista y escritor Heriberto Paredes, “hay una lógica intrínseca entre violencia organizada y política, local y estatal”. Paredes toma el ejemplo de Juan Hernández, exalcalde del municipio de Aquila, al sur de Aguililla, cerca del límite con Colima. Detenido en 2015 por presuntos vínculos con los Caballeros Templarios, Hernández murió asesinado el pasado enero en la playa de Maruata. “Hernández era una especie de consultor de todos los procesos políticos y además fue alguien que empezó a otorgar permisos para explotación maderera a granel… En fin, siento que están limpiando el terreno quienes pretenden consolidarse como grupo fuerte de economías legales e ilegales y armar pactos con los gobiernos entrantes. Siempre pasa lo mismo, cada tres años cambian presidencias municipales y cada seis el gobernador”.

Michoacán elige gobernador y representantes locales en junio. El candidato que había elegido Morena, Raúl Morón, lideraba las encuestas hasta que el Instituto Nacional Electoral (INE) canceló su candidatura por no comprobar parte de sus gastos de precampaña. Con su participación en el aire, la duda ahora apunta a la seguridad con que contarán los michoacanos para votar. En Aguililla, la libre circulación hasta Apatzingán antes de junio sería un avance importante.

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Sobre la firma

Pablo Ferri

Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).

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