López Obrador visitará a Trump el 8 de julio por el T-MEC, con la duda de si participará Trudeau

El mandatario realizará una visita de trabajo de dos días a Estados Unidos sin confirmar los temas de la agenda bilateral

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México. FOTO: Andrea Murcia / CUARTOSCURO | En el video el secretario mexicano de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard

Andrés Manuel López Obrador ha detallado este miércoles el que será su primer viaje al extranjero desde que asumió la presidencia, en diciembre de 2018. El mandatario viajará a Washington el 8 y 9 de julio para reunirse con su homólogo estadounidense, Donald Trump. El primer día estará dedicado a reuniones de trabajo de la agenda bilateral, incluido un encuentro entre ambos presidentes. En la segunda jornada se sumará Canadá, en el marco de la entrada en vigor del nuevo Tratado de Libre Comercio de América del Norte (T-MEC), aunque la participación del primer ministro canadiense, Justin Trudeau, aún no está confirmada. El Gobierno mexicano ya había adelantado que López Obrador no se reunirá con el candidato demócrata a la presidencia, Joe Biden. “Es una nueva etapa en la relación de los tres países”, ha declarado la mañana de este miércoles Marcelo Ebrard, el canciller mexicano, flanqueado por el presidente. “Espero con ansias dar la bienvenida a Andrés Manuel López Obrador (...) para continuar nuestro importante diálogo sobre comercio, salud y otros asuntos centrales”, ha expresado Trump horas más tarde.

La polémica precedió la confirmación del viaje. Hace un par de semanas se barajó la visita, que fue cuestionada por la cercanía con las elecciones estadounidenses de noviembre, y ahora se da en una fecha cargada de efemérides: el aniversario del triunfo de López Obrador en las elecciones de 2018 y el arranque oficial del T-MEC. “Hace dos años se pensaba que este tratado era imposible”, ha subrayado Ebrard, al recordar la negociación extenuante y compleja del año pasado, que Trump condicionó para que México frenara las olas migratorias desde Centroamérica y con una Cancillería mexicana que tuvo que capotear los embates diplomáticos a golpe de tuit del presidente de Estados Unidos.

“En la visión de México, el tratado representa un logro mayor”, ha señalado el secretario mexicano de Relaciones Exteriores. No se ha ahondado en los temas que se abordarán durante la visita, aunque se prevé que la reactivación de las cadenas productivas de la región, la migración y el tráfico de armas estén entre las prioridades. Se trata también del primer encuentro en persona de ambos presidentes. López Obrador había adelantado en los últimos días que viajará en ruta comercial a Washington y que lo acompañarán Ebrard; la secretaria de Economía, Graciela Márquez, y el jefe de la Oficina de Presidencia y principal enlace con el sector empresarial, Alfonso Romo. El presidente ha delegado en Ebrard, uno de sus hombres de confianza, la comunicación de los pormenores del viaje.

La visita se fraguó desde que ambos presidentes sostuvieron una llamada telefónica en abril. López Obrador escribió entonces que Trump había respondido a su solicitud para adquirir respiradores mecánicos y equipo de terapia intensiva para la pandemia de coronavirus. Poco después se estableció un puente aéreo para traer insumos médicos desde Estados Unidos. En esa llamada, ha dicho Ebrard, López Obrador planteó la importancia de la entrada en vigor del tratado comercial, visto como un importante salvavidas para México tras el desplome económico mundial.

Una de las hipótesis que han manejado académicos y analistas de la relación bilateral es que Trump usó la visita como una moneda de cambio para otorgar los apoyos. Lo que se ha hecho evidente es que, desde que llegó al poder, López Obrador apostó por una política de no confrontación y una relación estratégica con la Casa Blanca, sin engancharse con la retórica antimexicana del político republicano. Trump también fue un apoyo clave para México en abril, cuando se logró un acuerdo entre los principales productores de petróleo en medio del colapso de los precios mundiales de crudo por la guerra comercial entre Rusia y Arabia Saudí. El Gobierno mexicano trabó entonces las negociaciones al negarse a reducir parte de su producción hasta que EE UU ofreció cubrir la cuota mexicana en el recorte.

El primer viaje de López Obrador al extranjero ha sembrado la división en las opiniones en ambos lados de la frontera, sobre todo por el antecedente de una visita de Trump a México en 2016 cuando era candidato a la presidencia, vista por el grueso de la opinión pública como una humillación para el país. Los liderazgos latinos del Partido Demócrata no han ocultado su descontento y consideran que el Gobierno mexicano ha tomado partido demasiado pronto en la contienda electoral.

Las críticas en México han venido desde la oposición, pero también dentro de la propia coalición del Gobierno. El esposo de la embajadora mexicana en Washington, un diplomático de carrera, ha desaconsejado públicamente que se realice la visita y la ha calificado como una “locura”. El viaje es visto como de “alto riesgo” político para el presidente mexicano. Muchos analistas y exdiplomáticos consideran que el encuentro es necesario y obligado por la importancia de la relación con EE UU. La participación de Trudeau puede rebajar el costo político para el presidente mexicano, pero sigue siendo una incógnita por la tensa relación que el primer ministro tiene con Trump. “Corresponde a Canadá anunciar su decisión”, ha atajado Ebrard.

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