La vuelta al trabajo tras el permiso de maternidad: ¿cómo hacer la transición de un modo efectivo?
Una incorporación laboral gradual, respetar los tiempos y poder desahogarse son algunas estrategias para conseguir una conciliación real que tenga en cuenta tanto el bienestar del bebé como el de la madre
El fin del permiso de maternidad marca uno de los hitos más complejos en la vida de una mujer y su hijo. Tras varios meses conviviendo como si de un pack indivisible se tratara, donde los ritmos biológicos del bebé y la madre han funcionado como un solo engranaje, la reincorporación laboral impone una separación que, en la mayoría de los casos, llega antes de que ambos estén emocionalmente preparados. Este proceso no es solo un cambio de rutina, sino que se trata de una reconfiguración de la identidad que pone a prueba la resiliencia y la capacidad de adaptación de ambos. ¿Cómo hacer la transición de un modo efectivo para conseguir una conciliación real que tenga en cuenta el bienestar de madre e hijo?
El regreso al trabajo suele estar marcado por una profunda dualidad de sentimientos. Por un lado, surge el deseo legítimo de recuperar el espacio profesional, de volver a convivir en un entorno adulto donde la identidad no esté definida exclusivamente por el cuidado y la maternidad. Existe una necesidad personal, que en ocasiones no se verbaliza ni expresa, de retomar proyectos, conversaciones con otros adultos y la autonomía o independencia que el entorno laboral ofrece. Sin embargo, este impulso convive con un sentimiento constante de culpa y frustración por no estar junto al bebé de manera continua como hasta ese momento había sucedido.
La información que reciben los progenitores de manera continuada, a través de las redes sociales, libros y otras familias, les habla de la vulnerabilidad del bebé en sus primeros meses de vida. También de su dependencia del cuidador para satisfacer sus necesidades básicas diarias y de la importancia de saber descifrar los códigos de comunicación que tiene cada menor con su figura de apego principal, lo que ocasiona una carga aún mayor para la madre o el padre a la hora de separarse de su bebé. Saber qué significa cada llanto o gesto no es tan sencillo como ser experto o profesional de la infancia, sino que requiere de práctica y de una conexión establecida con tiempo, dedicación y mimo durante los primeros meses de vida.
Otro de los aspectos que preocupa a las madres es la alimentación del bebé. Cuando la lactancia exclusiva es la opción elegida, la vuelta al trabajo se vive como una amenaza directa a este vínculo. La preocupación no es solo nutricional, sino emocional. El pecho representa para el bebé mucho más que un alimento, y la transición hacia otros métodos de alimentación mientras la madre está ausente se convierte en un reto. En algunas ocasiones puede retrasarse la incorporación laboral haciendo que coincida con la introducción de la alimentación complementaria a partir de los seis meses, siendo más sencilla la separación.
Para poder transitar esta etapa de manera humanizada y teniendo en cuenta el bienestar emocional tanto de la madre como del menor, existen diversas estrategias enfocadas en las necesidades de ambos:
- Realizar una incorporación laboral gradual. Siempre que exista la posibilidad y los acuerdos con la empresa lo permitan, sería beneficioso establecer un regreso escalonado, por ejemplo con teletrabajo o comenzando por media jornada o a mitad de semana para llegar lo antes posible al fin de semana, evitando que la transición a la nueva rutina dependa de un ciclo semanal completo. Una adaptación progresiva permitirá que tanto el bebé como la madre aprendan a regular sus niveles de estrés y ansiedad.
- Emplear objetos transicionales ayuda a calmar la ansiedad por separación; es decir, para el bebé puede ser de gran ayuda permanecer junto a una prenda de ropa o un peluche con el olor de la madre para que la sienta cerca a través de este estímulo sensorial, haciéndole sentir más calmado y seguro.
- Aprender a poner palabras y validar la situación es labor de todos. Muchos expertos en psicología están luchando por dar visibilidad a las emociones propias de cada etapa, al duelo que supone la vuelta al trabajo para muchas madres y padres después de tener un bebé o las diferentes emociones que se viven a lo largo de la crianza y el acompañamiento de la educación de los hijos. Es legítimo que los progenitores se sientan afectados emocionalmente ante la reincorporación al trabajo y es importante que se hable de ello, se le dé el valor necesario y se comparta la experiencia de cada uno para sentirse apoyado, entendido y sostenido.
- Cada uno necesita un tiempo para adaptarse. No existe una fórmula mágica ni un tiempo determinado para la adaptación, sino que cada familia, cada bebé y cada madre deberán escuchar sus necesidades, exponerlas y buscar el modelo que más se ajuste a sus necesidades y posibilidades. Siempre hay que tener en cuenta que la incorporación de la madre al trabajo supone un reajuste de las rutinas del hogar, de las tareas domésticas y del cuidado tanto del menor como de una misma. Disponer de una red de apoyo será clave para una buena adaptación, donde el peso de la logística esté bien repartido entre todos los miembros de la familia o de la tribu.
En definitiva, una mujer que se reincorpora al trabajo tras el permiso por maternidad está realizando un proceso personal y emocional de gran equilibrio y valor. El éxito de esta transición no puede medirse únicamente a través de los objetivos laborales cumplidos, sino que se debe tener en cuenta su esfuerzo por preservar el bienestar emocional del bebé y una correcta atención de sus necesidades básicas.