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Guaidó confía en el descontento de la población para mantener la presión sobre Maduro

El político, reconocido como presidente interino de Venezuela por medio centenar de países, desafía las amenazas del chavismo con una nueva movilización

Juan Guaidó, en un acto con simpatizantes este viernes en Caracas.

Juan Guaidó, jefe del Parlamento venezolano y reconocido como presidente interino por casi 60 países, tratará este fin de semana de redoblar en las calles la presión sobre Nicolás Maduro. El líder de la Asamblea Nacional promete desplegar este sábado a miles de personas en 358 puntos de Venezuela para comenzar con la llamada Operación Libertad, un plan que pretende culminar con la toma del Palacio de Miraflores, en el centro de Caracas. Guaidó —militante de Voluntad Popular— ha advertido de que ocupará la sede del Gobierno y ha logrado resucitar las manifestaciones callejeras después de una severa fractura de la oposición a finales de 2017.

Con una popularidad casi triplica la de Maduro, espera que el descontento sea el combustible de estas nuevas manifestaciones que desafían las últimas amenazas del chavismo. Esta semana, la Asamblea Nacional Constituyente, controlada por el oficialismo, le retiró el aforamiento dejándolo sin protección ante un juicio y un posible arresto.  “Todas nuestras conquistas las hemos logrado en las calles y es ahí donde alcanzaremos el cambio”, recordó el jueves en un acto con jóvenes. Pese al entusiasmo, el propósito del jefe del Legislativo pudiera ser ensombrecido por el desgaste de la población. Lorena Rincón, una administradora de 59 años, confió hasta hace unos días en un cambio político en Venezuela. “Yo creía que iban a salir de Maduro, pero esto se convirtió en lo de siempre. No hay modo de sacar al dictador sin ayuda de otros países. Estamos cansados de marchar y nada sucede”, acota. A su casa, ubicada en Caricuao (oeste de Caracas) no llega el agua desde hace casi tres semanas.

Por esta razón, estos días algunos opositores invocan el artículo 187.11 de la Constitución, que indica que la Asamblea Nacional puede autorizar el ingreso de “misiones militares” extranjeras en el país. Guaidó repite que todas las opciones están sobre la “mesa”, pero Elliott Abrams, encargado especial de Estados Unidos para Venezuela, aclaró que sería “prematuro” activar una reacción militar.

La declaración es desalentadora para una facción de la oposición. María Corina Machado, dirigente del partido Vente Venezuela, está en contraposición con el emisario del gobierno de Donald Trump. “El tiempo de los venezolanos es el del hambre, éxodo y la muerte. Hoy, con más razón, debemos presionar para que el auxilio internacional a Venezuela se acelere. Por eso, el 187.11”, afirmó.

El defensor de los colectivos

En contraste, Maduro se afianza en los grupos parapoliciales del chavismo para reprimir a los manifestantes. Se trata de los “colectivos” armados que denomina “gente buena”, aunque sean denunciados por atacar a opositores y señalados por Naciones Unidas desde hace años. “El primer defensor de los colectivos soy yo… Defienden la paz en sus barrios. Son colectivos que practican el cristianismo puro. En el siglo XXI, el cristianismo puro se llama chavismo”, aseguró el gobernante el miércoles.

El Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) convocó una movilización para respaldar al heredero político de Hugo Chávez. Es una respuesta a las protestas invocadas por Guaidó. El oficialismo pretende concentrarse el sábado en tres puntos del centro y el oeste de Caracas para caminar hasta Miraflores. Diosdado Cabello, vicepresidente del PSUV, instó a reaccionar ante el posible ingreso de opositores al centro de la capital. “Nos vamos a ir a Caracas... para verlos desesperados”, precisó.

El régimen acusa al Gobierno de Estados Unidos de atentar contra la principal hidroeléctrica del país confabulado con la oposición venezolana. Se trata de la represa del Guri, en el estado sureño de Bolívar, donde hace un mes se originó el apagón más grave de la historia de Venezuela. Jorge Rodríguez, ministro de Comunicación, achacó el primer gran corte de electricidad a un ataque “cibernético” contra el sistema. La respuesta fue reforzar la seguridad en las instalaciones eléctricas. Pero unos días después ocurrieron nuevos apagones que dejaron sin luz a casi todo el país.

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