Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
ANÁLISIS i

¿A dónde quiere llegar Dias Toffoli?

El presidente del Tribunal Supremo de Brasil dice más de lo que escribe en su tribuna publicada en EL PAÍS

José Dias Toffoli este lunes en una rueda de prensa.
José Dias Toffoli este lunes en una rueda de prensa. EFE

El presidente del Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF), Dias Toffoli, en su artículo publicado en este diario Por un gran pacto republicano para Brasil, seguramente dice más de lo que escribe, empezando por haber querido escoger para ello a un periódico internacional. Sus afirmaciones, algunas contundentes, no dejarán de tener repercusión dentro y fuera de Brasil. Más en este momento en que acaba de ser elegido como presidente de la República un ultraderechista, de ideas autoritarias y agresiones a la oposición política, que la opinión democrática mundial ve con preocupación y hasta con miedo.

Toffoli no ha podido olvidar que al escribir como presidente de la máxima Corte Constitucional, sus afirmaciones adquieren un peso especial y serán analizadas en las cancillerías internacionales. Sin duda, su artículo revela entre líneas la gran preocupación por la democracia brasileña que según no pocos analistas se vería amenazada por el nuevo Gobierno.

Esa Corte Suprema nunca habría propuesto un gran pacto republicano entre los tres poderes del Estado si se hubiese tratado de la elección de un presidente normal. Ni habría llegado Toffoli, en su artículo, a proponer acciones tan concretas incluso en el campo económico, como el de apoyar la tan polémica reforma de la seguridad social que asusta a millones de brasileños. Ni presentaría al Supremo como “moderador de los conflictos sociales” y de derechos tan fundamentales como “la libertad de expresión en todas sus manifestaciones”. Son afirmaciones que parecen esconder los temores de que dichos derechos puedan estar en peligro.

Al mismo tiempo, el magistrado, parece cerrar los ojos a las preocupaciones que la sociedad civil democrática no esconde ante la llegada del Gobierno de Bolsonaro rodeado de tantas incógnitas y perplejidades. Como si quisiera tranquilizar a la opinión pública y al mismo tiempo extender la mano al nuevo Gobierno que se está formando. Para ello, pone énfasis en que las elecciones se celebraron en una fiesta ciudadana, en total libertad, lo que implica un mensaje a la oposición para que se olvide de la tentación de querer impugnar el resultado de las urnas.

Toffoli no puede olvidar que, justamente en este momento, todas las instituciones y partidos políticos son objeto de dura crítica y desprestigio por parte de quienes condenaron con el voto la vieja política y los gobiernos de la izquierda. Entre las instituciones acusadas de mantener privilegios y de querer ir de la mano de los políticos corruptos, se encuentra en este momento también el Supremo, visto como un tribunal enfrentado internamente en facciones políticas.

En su artículo, Toffoli, que a sus 51 años sabe que le queda media vida aún como magistrado del Supremo, ha querido así olvidarse de las críticas que llueven sobre la institución que él preside para presentarse como quien toma la iniciativa para intentar liberar al país de los peligros antidemocráticos que puedan acecharle.

En su proyecto de pretender un pacto republicano con los demás poderes del Estado, Toffoli marca su posición y establece cómo pretende moverse. Para empezar, deja abierto el camino del diálogo con el Gobierno de Bolsonaro. Más aún, en su escrito deja clara su posición política y por qué raíles piensa circular, no sé si por prudencia, para evitar males peores o porque pretende aprovechar el momento para presentar al Supremo no solo como un tribunal puramente constitucional, sino como un centro donde también la política tendrá un protagonismo inédito.

Para ello ha querido dejar claro dentro y fuera de Brasil lo que opina sobre los “episodios turbulentos” que los últimos años han azotado al país. Y ha querido enumerarlos. Se trata de “las investigaciones que involucran a la clase política: impeachment a una presidenta de la República, expulsión de un presidente de la Cámara de Diputados y la condena y prisión de un expresidente de la República”.

Según Toffoli, dichos episodios turbulentos se desarrollaron en la máxima normalidad, es decir, “por las vías institucionales democráticas, con total respeto a la Constitución y a las leyes”. Es decir, Dilma no fue víctima de un golpe parlamentario ni Lula un condenado político. Fueron procesos realizados en total legalidad jurídica.

Lo menos que se puede concluir es que Toffoli, desde su asiento privilegiado de presidente del Supremo, prefiere, en este momento, en vez de desafiar a las fieras, ofrecerles la mano para intentar amansarlas. ¿O será algo más?

Se adhiere a los criterios de The Trust Project Más información >