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Perú empieza a hacer mella en su nuevo presidente

Kuczynski ha logrado superar su debilidad parlamentaria pero su imagen comienza a desgastarse en un país que devora a sus mandatarios

Pedro Pablo Kuczynski espera para saludar a los líderes que participaron de la cumbre de la APEC en Lima, el 19 de noviembre.
Pedro Pablo Kuczynski espera para saludar a los líderes que participaron de la cumbre de la APEC en Lima, el 19 de noviembre. AFP

Pedro Pablo Kuczynski, el nuevo presidente de Perú, es un hombre transparente. A sus 78 años no está para disimular. Y ante los líderes de Asia Pacífico, en Lima, entre los que estaban los hombres más famosos del planeta, admitió entre bromas que no está en su mejor momento: “Mi esposa [Nancy Lange, prima de la actriz Jessica Lange] se siente frustrada cuando lee los periódicos. Es verdad que mi médico tuvo un escándalo. Pero no es cierto que no tengamos un rumbo, como dicen los analistas. Sí lo tenemos y lo van a ver”. Kuczynski, que llegó al poder el 28 de julio,sorprendió al mundo con su capacidad para superar su debilidad parlamentaria: ganó por menos de 40.000 votos, solo tiene 17 congresistas frente a los 72 del fujimorismo, pero ha logrado aprobar sus decretos legislativos casi sin problemas.

Poco después de tomar posesión, en una ola de euforia, su valoración subió por encima del 60%. Pero este escándalo de su médico –el presidente lo hizo asesor de salud y lo grabaron diciendo “es el negociazo, no sabes la cantidad de plata que vamos a ganar” mientras hablaba de unos contratos públicos- y otras cuestiones menores le han llevado a un 50% raspado. Altísimo para los tiempos que corren, y más en Latinoamérica, pero inquietante cuando apenas se cumplen los 100 días. Sobre todo porque Perú es un país que devora a sus presidentes: ninguno ha salido del cargo bien valorado. Kuczynski aún está fuerte, pero parece que ese Saturno que es la opinión pública y la política peruana empieza lentamente a hacer su trabajo destructivo.

Los hombres de Kuczynski tratan de calmar la ansiedad de la prensa, inquieta ante una inesperada caída de diez puntos en la valoración del presidente. “Nosotros hemos vuelto al apoyo del 50% que tuvimos en las elecciones. Eso es normal, lo extraño era estar por encima del 60% cuando habíamos ganado de manera muy ajustada. Tres meses es muy poco. Lo importante es conservar ese 50%. En seis meses se empezarán a ver frutos y sabremos si ese 50% que nos votó está satisfecho”, señala a EL PAÍS Martín Vizcarra, vicepresidente y ministro de Transportes.

Alfredo Thorne, ministro de Economía, es muy optimista y cree que los resultados se van a ver y con ellos se disipará la tormenta generada por este escándalo y la caída de PPK en las encuestas. “Vamos a tener un 4,2% de crecimiento del PIB este año. Hemos destrabado 8.000 millones de dólares en proyectos de inversiones. El Congreso, a pesar de que estamos en minoría, nos ha otorgado facultades especiales. Vamos bien, pero las reformas llevan tiempo. No se da la vuelta al Titanic en un momento. Hay que insistir. Lo que pasa es que las expectativas están muy altas, pero heredamos una situación económica complicada, con mucha exposición a las materias primas, y estamos diversificando poco a poco”, explica.

Kuczynski, un liberal que fue banquero y director de fondos de inversión, ganó gracias al antifujimorismo y a los votos de la izquierda. Verónika Mendoza, una de las dirigentes de la nueva izquierda latinoamericana con más proyección, pidió el voto para él en la segunda vuelta y decantó la balanza. Desde su discreto piso de un distrito de clase media de Lima explica a EL PAÍS que no se arrepiente, y asegura que ellos, el Frente Amplio, estarán ahí para impedir que el fujimorismo se haga con las instituciones, pero cree que Kuczynski se equivoca de política. “Hicimos lo correcto y el pueblo peruano también, que fue impedir que el fujimorismo llegue al poder. Me temo que con el nivel de precariedad y con la división interna que ha mostrado tan prontamente, va a ser difícil sostener este gobierno los cinco años, además con un fujimorismo al que muy poco le importa la institucionalidad. Nosotros no estamos para defender al Gobierno, sino para defender la institucionalidad y los derechos ganados; resistir, defender lo que se tiene. Llevamos 15 años de crecimiento económico, pero al mismo tiempo en el Gobierno de Alan García hubo 200 muertos, con Humala, 60, ahora van tres y esperemos no haya más. Además Kuczynski está cediendo demasiado ante el fujimorismo”, protesta.

El fujimorismo de momento se está recuperando de su durísima derrota, la segunda consecutiva de Keiko Fujimori, la hija mayor del autócrata, aún en la cárcel. De hecho la decisión de dejar al padre en prisión –para que saliera Keiko tendría que promover una ley y asumir el coste político- está generando tensiones en la familia, con Kenji, el hermano menor, el congresista más votado de Perú, alineado con el autócrata. El fujimorismo deja hacer a Kuczynski, pero está al acecho para aprovecharse de su debilidad en cualquier momento.

“PPK no puede permitirse bajar del 50% de popularidad porque él solo tiene 17 congresistas. Él no podría seguir con una aprobación muy baja, del 35%, porque el fujimorismo se lo comería. Ahora acaba de llegar y ellos, que son un partido que quiere representar el orden, no pueden desestabilizarlo. Pero si cae en las encuestas lo harán. Para ser Perú no le ha ido tan mal en estos tres primeros meses, no hay ningún movimiento anti-PPK. Pero le falta gestión política, se ha metido muchos autogoles. No puede bajar más”, sentencia Santiago Pedraglio, analista político y profesor de la Universidad Católica.

“Considerando la debilidad con la que llegó, la está llevando bastante bien. Nadie está poniendo en jaque al Gobierno”, coincide el profesor Martín Tanaka, investigador del Instituto de Estudios Peruanos. “Kuczynski ha mostrado que cuando mete la pata sabe corregir. Pero su problema es que llegó al Gobierno sin una agenda clara. Tiene que definirla porque Keiko se va a rearmar, en Perú el único partido fuerte es el de Fujimori y PPK no parece interesado en construir otro”, sentencia.

Esta última es una de las claves de esa pasión política de los peruanos por devorar a sus líderes. Desde Fujimori, que reventó la democracia y dio un autogolpe, no hay sistema de partidos. Hay líderes que llegan, lo intentan y desaparecen hundidos en las encuestas, como el último, Ollanta Humala. Kuczynski, que no tiene nada que perder después de haberlo sido todo en política y en los negocios, lucha para ser diferente. En unos meses se verá si está en condiciones de huir de esa eterna quema peruana.

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