Confusos y perdidos
Se me ocurre que el ergotismo de hoy pueden ser las redes, avivadas por quién sabe qué extraños intereses
Hoy es uno de esos días en los que me veo obligada a repetir que este texto que ahora estás leyendo lo escribo, por razones de imprenta, con 15 días de antelación. Y lo digo porque voy a hablar de los dichosos ...
Hoy es uno de esos días en los que me veo obligada a repetir que este texto que ahora estás leyendo lo escribo, por razones de imprenta, con 15 días de antelación. Y lo digo porque voy a hablar de los dichosos therian, que son esas personas que supuestamente se sienten identificadas con un animal y que caminan a cuatro patas y se ponen caretas. En el momento en que redacto esto, los therian han surgido de la nada como un meteorito. Un día no existen y al día siguiente están por todas partes desde el punto de vista informativo. Es decir, se habla de ellos en los periódicos, en las redes. Se organizan quedadas therian en Valladolid, en Madrid, en distintos puntos del país. Muchas veces no aparece ninguno, sólo unos centenares de mirones que los buscan; en otras ocasiones llegan cuatro gatos (y nunca mejor dicha esta expresión, ahora que lo pienso), un puñado de adolescentes con una cola peluda cosida a los pantalones. Prestar semejante atención mediática a algo de dudosa o escasa existencia es una tontería tan suprema que incluso sospecho que hay gato encerrado (de nuevo una frase atinada al caso); me digo, por ejemplo, que tal vez se trate de una campaña publicitaria. Lo mismo para cuando se publique esta columna ya se ha desvelado que están anunciando un agresivo coche todoterreno llamado Therian (saca al animal que hay en ti, podría ser el lema). O quizá sea un estudio sociológico, o un programa de televisión, o quién sabe qué otra puñetera idea promocional. Todo me parece demasiado borroso, por eso aviso de que escribo antes.
A decir verdad, ojalá el origen de este despendole fuera algo así, porque, de no serlo, resulta más preocupante. Leo en varios medios, entre ellos EL PAÍS, que el fenómeno therian parece nuevo pero no lo es; que comenzó en los años noventa y que ahora se ha disparado gracias a las redes. Venga, hombre. Sigo sin verlo claro. Primero porque las redes llevan funcionando mucho tiempo sin que el tema haya alcanzado antes esta visibilidad y, segundo, porque ahora lo ha hecho de una forma demasiado explosiva. Por supuesto que siempre ha habido personas que se han identificado con animales, a menudo desde un punto de vista religioso, totémico y relacionado con diversas tradiciones culturales. Y luego está el fenómeno furry (peludo) que lleva décadas de existencia y que es una especie de cosplay (contracción de costume play, interpretación o juego disfrazado), que consiste en ataviarse de animal y humanizarlo, representando a un personaje. Hay convenciones furries en grandes hoteles que se diferencian muy poco de las convenciones de odontólogos, y también existe una parafilia furry, es decir, gente que se excita sexualmente al ver al otro con ropaje peludo. Y todo esto, que podría ser tan llamativo como los therian, no se ha convertido sin embargo en noticia viral.
Los therian no serían un juego como los furries, sino que se insertarían más en la tradición totémica, es decir, en la identificación espiritual con algún animal. En la historia de la humanidad hay repetidos momentos en los que un montón de personas se ponen a hacer cosas raras súbitamente, como, por ejemplo, los episodios de manía danzante registrados en Europa entre los siglos XIV y XVII. De pronto la gente se lanzaba a bailar durante horas o días, con convulsiones y delirios, sin poder parar y a veces hasta la muerte. Se habló de histeria colectiva, pero hoy se cree que sobre todo eran brotes de ergotismo, una enfermedad producida por comer el cornezuelo del centeno, un hongo tóxico. El ergotismo podía ser gangrenoso, el llamado fuego de San Antonio, una de esas horripilantes dolencias medievales (el enfermo sentía que se le abrasaban las extremidades, que acababan por desprenderse del cuerpo), o convulsivo, que es el que provocaría esos bailes atroces, y también se cree que el ergotismo está detrás de los grandes episodios de brujería, como en los juicios de Salem (información extraída de un trabajo científico de Antonio Quesada Díaz y Antonio Ortega Díaz). Pensando en todo esto, se me ocurre que el ergotismo de hoy pueden ser las redes, avivadas por quién sabe qué extraños intereses. Y, en cualquier caso, mal hacemos trompeteando de forma tan superficial el tema therian: es la mejor manera de provocar un brote de histeria colectiva en los muchos adolescentes doloridos y perdidos de esta sociedad intempestiva y confusa.