Crítica:TEATRO

Remedo

Buenos, buenas chicas. Proceden del estudio de Cristina Rota, convertido en Producciones Cristina Rota, SA. No tienen aún, en conjunto -puede que haya individualidades que aquí no destacan-, calidades suficientes: hacen un espectáculo llamado Ciudades perdidas, y lo pasan bien. Ellos.Dedican este espectáculo al kabaret alemán; en realidad, al Auge y caída de la ciudad de Mahagony, de Brecht y Kurt Weil, en 1930, que sí estaba inspirada por el cabaré berlinés. Aunque sus nombres no figuren en el programa: evidentemente, por respeto. Distanciación. En su lugar, se hac...

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Buenos, buenas chicas. Proceden del estudio de Cristina Rota, convertido en Producciones Cristina Rota, SA. No tienen aún, en conjunto -puede que haya individualidades que aquí no destacan-, calidades suficientes: hacen un espectáculo llamado Ciudades perdidas, y lo pasan bien. Ellos.Dedican este espectáculo al kabaret alemán; en realidad, al Auge y caída de la ciudad de Mahagony, de Brecht y Kurt Weil, en 1930, que sí estaba inspirada por el cabaré berlinés. Aunque sus nombres no figuren en el programa: evidentemente, por respeto. Distanciación. En su lugar, se hace responsable Daniel Suárez Marzal (también director del invento de una apariencia de doble escenario, que no juegan, unidos con una pasarela que es el verdadero escenario) como autor del libreto y se atribuyen las piezas musicales a Federico Mizrahi.

Ciudades perdidas

De Daniel Suárez Marzal, música de Federico Mizrahi. Intérpretes: Ernesto Alterio, Juan Manuel Titos, Natalie Pinot, Alejandra Zuleta, Raka López, Yolanda Kaballero, María Botto, Sabina Barceló, Felicitas García, Pilar Castro, Dory Álvarez, Nicoline Burgos, Feli Parrao, Raquel Pérez, Cayetana Ródenas, Alicia Garrigues, Ana Rayo, Alicia Alemán, Carolina Garrigues, Antonio L. Castro, Tito Manzanares, Armando del Río, Javier Sordo, David González, Aco Chávarri, Jesús Amate, Julián Diez, Jesús Calle. Escenografía: Mini Zuccheri. Vestuario: Sabina Daigeler. Dirección: Daniel Suárez Marzal. Sala Mirador, 9 de marzo.

Obligatorio

Desde antes de empezar la obra, y dentro de ella, actores ambulantes se preguntan y nos preguntan por qué no va la gente al teatro: proponen que se haga obligatorio. La respuesta a la primera pregunta está en la obra misma; y de ello su ambición a la obligatoriedad. No sé cómo llenarían la sala Mirador de Madrid en el estreno: pero quienes estaban allí aplaudieron y gritaron bravo, y toda clase de estímulos, preferentemente con acento argentino.Supongo que quienes acudan -voluntariamente, si es preciso- se divertirán con esta parodia con categoría de función colegial de fin de curso.

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