Seis libros imprescindibles de Alfredo Bryce Echenique
Una guía con lo mejor del escritor peruano, que ha fallecido a los 87 años
No sé si alguien describió mejor que Alfredo Bryce Echenique, que ha fallecido a los 87 años, la burguesía limeña, pero sin duda nadie lo hizo con un repertorio humorístico como el suyo, irónico y zumbón, sarcástico e incisivo, con sorna e irrisión. Tampoco nadie se empeñó en contar tantas veces y con tanto desenfado cómo se descubren los engranajes del mu...
No sé si alguien describió mejor que Alfredo Bryce Echenique, que ha fallecido a los 87 años, la burguesía limeña, pero sin duda nadie lo hizo con un repertorio humorístico como el suyo, irónico y zumbón, sarcástico e incisivo, con sorna e irrisión. Tampoco nadie se empeñó en contar tantas veces y con tanto desenfado cómo se descubren los engranajes del mundo al salir de la infancia, cómo se nos viene el desaliento, el desamor, la soledad o el fracaso. Él lo hizo en libros de cuentos y en crónicas, pero sobre todo en unas cuantas novelas imperecederas y en unas extravagantes Antimemorias que merecen colocarse en el anaquel de lecturas recomendables.
Un mundo para Julius (1970)
Un debut brillante que ofrecía, desde la mirada infantil del protagonista, una imagen de la existencia leve de las familias patricias en la Lima natal del escritor, con sus criados, sus rituales y su indiferencia a las desdichas del mundo. El éxito de la novela radicó en el estilo conversacional, irónico y aparentemente acrítico con que se describían las frivolidades de una clase social arrellanada en sus privilegios. En ese cuadro, Julius va creciendo, aprende y contempla una realidad más desigual y conflictiva que la del acolchado entorno de la oligarquía de la que procede. El cambio de vida al que se enfrenta, propio de toda novela de educación, será una constante, en calidad de deseo incumplido, en toda la obra del escritor peruano.
La vida exagerada de Martín Romaña (1981)
“Mi nombre es Martín Romaña y esta es la historia de mi crisis positiva”, resume el narrador en la primera línea. Bryce Echenique, que vivió en París desde 1964, utilizó sus propias vivencias como materia prima de esta novela ingeniosa y amenísima sobre las andanzas de un latinoamericano en la capital francesa. Con la ironía de su primera novela elevada al cubo, su trasunto, Martín, cuenta cómo vivió las algaradas de mayo del 68, cómo bordeaba con dignidad la indigencia, cómo sobrellevaba su matrimonio con Inés, militante de extrema izquierda en cuyo círculo político le habían exigido que escribiera una novela engagé sobre algo de lo que lo ignora todo: los sindicatos pesqueros de Perú. Naturalmente, triunfa su voluntad sobre la imposición y acaba componiendo la novela exagerada que leemos, que constituye la primera parte del díptico Cuaderno de navegación en un sillón Voltaire.
El hombre que hablaba de Octavia de Cádiz (1985)
En esta segunda parte del Cuaderno de navegación, con la misma jocundidad y desparpajo narrativo, Martín, que es profesor de literatura hispanoamericana en Nanterre, donde imparte sus clases grabándolas en magnetófono, vuelve a conocer el amor gracias a que una de sus alumnas, Octavia. El narrador, es decir Martín, sella una alianza entre amor y humor de modo que cuando el primero desfallece acude en su socorro el segundo. Las situaciones hilarantes abren espacio a una sentimentalidad tierna y hasta melancólica que se derrama a través de idas y venidas por Europa en un cosmopolitismo con algo de parodia del bautismo europeo de muchos escritores de América Latina. Bryce Echenique hace un cameo como autor de La felicidad ja ja, que en efecto había sido en 1974 su segundo libro de cuentos.
No me esperen en abril (1995)
Otra novela de aprendizaje amasada con harina autobiográfica y con un protagonista, Manongo Sterne, nacido en una familia de la aristocracia de Lima. Como Julius, también va a enfrentar un cambio de vida, pero en su caso debido a un episodio bochornoso en el Colegio Santa María que lo obliga a buscar otras relaciones fuera. El humorismo sentimental con que se narran los sucesos de la vida de Manongo desde 1953 hasta mediados los años noventa declara su fuente literaria en el apellido (Laurence Sterne) y sirve de conducción a la historia de amor y desamor con Tere Mancini a lo largo de décadas. Medio siglo de encuentros y desencuentros, con la historia reciente de Perú como marco, contados con un derroche de efectos narrativos, muchos de ellos extraídos de la cultura popular y de la sabiduría del contador oral.
Antimemorias I. Permiso para vivir (1993). II. Permiso para sentir (2005). III. Permiso para retirarme (2019)
Los tres libros de memorias, tituladas Antimemorias a imitación de las de André Malraux, están veteados por una melancolía que no expulsa las distintas modulaciones de una risa amable que va de la ironía suave al pellizco mordaz. Escritos contra la cronología sucesiva, según el “orden de azar”, como él declara, exponen sin veladuras al escritor que se pregunta qué clase de persona ha sido y se responde —dice— “con algunos perdurables hallazgos, que… revelen una relación particular con la vida". Con insumisa proclividad por contar, convierte tales hallazgos en cuentos, entreverados de verdad y de imaginación, en una exhibición tumultuosa y verbosa de su talento.