Arturo Márquez, compositor: “Mi música es la expresión de un sentimiento de justicia”
El autor del célebre ‘Danzón nº 2’ irrumpe en la temporada de la Orquesta de la Comunidad de Madrid con la ‘Sinfonía Imposible’, dirigida por Alondra de la Parra en el Auditorio Nacional
Al compositor Arturo Márquez (Sonora, México, 75 años) el éxito de su Danzón nº 2 le pilló desprevenido. “Jamás imaginé que mi música se fuera a escuchar en las grandes salas de concierto de Europa”, confiesa el autor latinoamericano vivo más programado del circuito sinfónico. “Por eso si...
Al compositor Arturo Márquez (Sonora, México, 75 años) el éxito de su Danzón nº 2 le pilló desprevenido. “Jamás imaginé que mi música se fuera a escuchar en las grandes salas de concierto de Europa”, confiesa el autor latinoamericano vivo más programado del circuito sinfónico. “Por eso siempre digo, en broma pero con mucha seriedad, que mi carrera arrancó a la edad en la que otros se despidieron de la vida con kilos y kilos de partituras a sus espaldas”. Se refiere a Mozart, Schubert, Mendelssohn y otros genios fallecidos prematuramente. “Yo empecé a los 44, y ahí sigo, sin apenas descanso”, se ríe al teléfono desde su casa de Tepoztlán, en el estado de Morelos.
El origen de esta partitura de fama mundial, grabada ya por una decena de orquestas a ambos lados del Atlántico y objeto de innumerables arreglos, se remonta a un viaje a Malinalco, antiguo enclave ceremonial mexicano, que realizó en 1993 en compañía del pintor Andrés Fonseca y la bailarina Irene Martínez. “Ellos me contagiaron su pasión por los ritmos montunos, las melodías nostálgicas y la sensualidad festiva del danzón”, rememora. “Después de visitar Veracruz y el Salón Colonia, me dediqué a estudiar viejas grabaciones que me permitieron comprender su forma y su lenguaje hasta encontrar una manera personal y emotiva de expresar mi respeto por la verdadera música popular”.
En los años noventa, su originalísimo tributo a esas raíces se interpretó por todo México y al sur de los Estados Unidos. “De pronto algo sucedió y me cambió el destino”, relata este hijo y nieto de mariachis que empezó a tocar el violín con 14 años. El giro de guion llevaba la firma de Gustavo Dudamel, que incorporó su obra de aires caribeños al repertorio de la Sinfónica Simón Bolívar durante su gira de presentación en Europa. De pronto, su danzón sonaba en Viena, Berlín o Londres con la misma naturalidad que en la Colonia Obrera del Distrito Federal. “Lo pasearon por medio mundo”, celebra Márquez. “Desde entonces, me siento como un privilegiado, pues no han dejado de pedirme nuevas partituras”.
En los meses más duros de la pandemia, la directora Alondra de la Parra le encargó una obra para el proyecto solidario de la Orquesta Imposible que vio la luz en 2022 en el Festival Paax GNP de la Riviera Maya. “Cuando me lo propuso, inmediatamente estuve de acuerdo”, reconoce. El planteamiento consistía en escribir una pieza de gran formato para los solistas de la formación, al estilo de las Variaciones concertantes de Ginastera o el Concierto para orquesta de Bartók. “Tomando la idea de lo imposible, de ese encierro insólito que sufrimos en 2020, me puse a investigar y a reflexionar qué tipo de música necesitaba la gente en momentos de máxima incertidumbre”.
El resultado, la Sinfonía Imposible, podrá escucharse mañana en el Auditorio Nacional con la maestra mexicana al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. “Hay realidades que quisiéramos mejorar y no podemos”, reflexiona el compositor. “Después de hacer recuento de esas preocupaciones, le propuse a Alondra que cada movimiento tuviera que ver con alguna de estas urgencias cotidianas que arrastramos desde hace siglos”. La migración, el cambio climático, la violencia de género y la dignidad colectiva encuentran su lugar exacto en la partitura. “Más que política, mi música tiene que ver con la conciencia, el despertar y la expresión de un sentimiento de justicia”, asevera.
Márquez ha vivido en California y conoce bien la cultura de Estados Unidos, donde pudo estudiar gracias a una beca Fulbright. Quizá por eso, porque allí se ha sentido siempre como en casa, le cuesta procesar la retórica racista de Trump contra los latinos. “Es algo que me afecta de una manera muy cercana”, admite. “Lo digo abiertamente y con terror”. Al otro lado de la frontera, adonde viaja con frecuencia, deja siempre familia y amigos. “Las políticas que se están aplicando son erróneas, peligrosas y profundamente hipócritas, pues no atajan el problema de fondo y alimentan la violencia”, asevera. “La migración no es mala ni nueva. Lo que falta es voluntad para encontrar soluciones reales”.
Admiración por Manuel de Falla
Aunque esta vez no podrá viajar a Madrid, Márquez mantiene un “vínculo emocional” con España, como quedó demostrado en su Fandango mestizo para violín, que estrenó la Filarmónica de Los Ángeles, y en la admiración que siempre ha profesado por Manuel de Falla. “Recuerdo que estando en Córdoba [Argentina], en el teatro al que acudía el compositor gaditano antes de morir allí, entré en un salón y experimenté un intenso déjà vu”, cuenta. “Lo curioso es que, años después, durante mi primera visita a la Mezquita de Córdoba tuve la misma sensación de haber estado allí antes”. Incapaz de explicar la relación entre ambos lugares, se encerró a componer una pieza para eufonio y piano que se presentó en Málaga en 2022 y que, por supuesto, llevaba por título Déjà vu.
Después de hacer desfilar por sus páginas a Emiliano Zapata, Martin Luther King y Gandhi, entre otros “símbolos de resistencia”, Márquez ha conseguido por fin un “libreto inspirador” para una ópera, escrito por su amigo Saúl Juárez y cuya temática se niega a revelar. “Ahora estoy trabajando en una nueva obra para violín y orquesta sobre la vida de dolor y color de Frida Kahlo”, anuncia. “Pero aún vendrán más cosas…”. No le teme a la inteligencia artificial (“me apaño bien con la computadora, pero a eso llego tarde”) ni se deja intimidar por el zumbido que le castiga los oídos desde hace diez años. Con el tinnitus, dice, ocurre lo contrario que con el silencio: “Cuando lo mencionas, se aparece”.