Un ‘anillo de fuego’ sobre el hielo de la Antártida, preludio del eclipse total de agosto en España
El primer eclipse solar de 2026, que ha tenido lugar este martes, solo llegó a ser anular en dos asentamientos humanos: las bases de investigación Concordia y Mirny, en el este del continente antártico
Casi dos años y medio después de que, el 14 de octubre de 2023, un anillo de fuego concentrase a millones de personas a lo largo de EE UU, Centroamérica, Brasil y Colombia, ese espectacular y fotogénico fenómeno astronómico se ha repetido, pero esta vez con un público mucho más exclusivo. Este martes 17 de febrero ha tenido lugar el primer eclipse de 2026: una ocultación del Sol que llegó a alcanzar la categoría de anular —cuando la Luna ha tapado todo el disco solar, salvo un fino anillo—, aunque solo dentro de una franja de unos 600 kilómetros que ha cruzado la parte oriental de la Antártida, pasando únicamente por dos lugares habitados, pero en los que no son bienvenidas las visitas.
Además, este eclipse se ha visto como parcial —y muy pronunciado— en casi todo el resto del continente antártico; y también, aunque con un porcentaje de ocultación mucho menor, primero en el extremo sur de Sudamérica y, para terminar, en buena parte del África suroriental. En esas zonas, ya habitadas, la sombra de la Luna solo ha dado un pequeño mordisco al Sol, del 6% de Punta Arenas (Chile), a las 7.28 hora local; y del 9% en Ushuaia (Argentina), a las 7.31 hora local.
La siguiente vez que algo así ocurra, ya será al comienzo del próximo eclipse total, que tendrá lugar el próximo 12 de agosto, con un camino muy singular que hará que España sea el único país del mundo en el que verlo con garantías. También cruzará una zona despoblada de Groenlandia y la punta oeste de Islandia, además de rozar una esquinita de Portugal.
Durante el eclipse anular de este martes, las localizaciones para observarlo se redujeron todavía mucho más. Una base de investigación franco-italiana —Concordia, situada en el interior del continente helado— y otra rusa —Mirny, en la costa— fueron los únicos asentamientos humanos desde los que teóricamente era visible la fase de anularidad. Pudieron intentar verla —desafiando a las nubes y las gélidas temperaturas— solo las docenas de investigadores y personal técnico que habitan durante todo el año ambas estaciones científicas. En ellas no hay espacio para acoger ni a turistas ni a los astrónomos aficionados que siguen este tipo de fenómenos por todo el mundo.
En la base Concordia el eclipse empezó a las 11.48 —hora peninsular española—, cuando la sombra de la Luna comenzó a morder el Sol. A partir de esa hora, fue avanzando rápidamente el eclipse parcial hasta llegar a ocultar más de un 96% del disco solar, a las 12.46, al iniciarse la fase de eclipse anular: los dos minutos y nueve segundos que duró el anillo de fuego sobre el hielo de la Antártida. Desde las 12.48 el eclipse volvió a ser parcial, y cada vez menor, hasta que concluyó por completo a las 13.45.
En esa base de investigación europea todavía es verano y está tan cerca del Polo Sur que este martes no se hace totalmente de noche en ningún momento durante las 24 horas del día; aunque, al estar ya en las últimas semanas del verano polar austral, el sol sí que ha llegado a poner brevemente bajo el horizonte. Lo hizo apenas una hora después de que terminase por completo el fenómeno astronómico. El eclipse anular sucedió, por tanto, con el sol muy bajo, cerca del horizonte de la meseta antártica que rodea la base Concordia; y cazar esa imagen sería un preciado hito para cualquier profesional de la fotografía astronómica.
Sin embargo, el entorno allí invita poco a salir al exterior a observar este acontecimiento natural. En esta época del año, aunque sea muy soleada, las máximas solo alcanzan una media de 33 grados bajo cero, y los fuertes vientos hacen que la sensación térmica sea mucho más fría. Es un lugar tan remoto y hostil que las instalaciones que allí tiene la Agencia Europea del Espacio (ESA) son utilizadas para estudiar el efecto del aislamiento sobre el cuerpo y la mente de los astronautas. En el momento de publicar esta noticia, ninguna de las dos bases de investigación en la trayectoria del eclipse anular ha divulgado imágenes del fenómeno ni tampoco ha comunicado si, finalmente, pudieron verlo.
Los cuatro eclipses de 2026
Los anulares son los eclipses solares de máxima categoría, junto con los totales. La diferencia con ellos la marca que la Luna está en la parte más alejada de su órbita alrededor de la Tierra. Por eso, su tamaño en el cielo es muy ligeramente menor de lo habitual. Lo suficiente para no poder tapar por completo el Sol: en el momento del máximo, queda a la vista un anillo en el borde exterior, popularmente conocido como anillo de fuego.
Con el eclipse anular de este martes 17 de febrero, comienza el primer tren de eclipses de 2026. Justo dos semanas después, el martes 3 de marzo, habrá un eclipse de luna que será total en el este de Asia, en toda Oceanía y en Norteamérica. Y es que los eclipses vienen siempre agrupados en parejas o en tríos, que pasan cada casi seis meses. En este caso, 176 días después del anular de la Antártida, el segundo tren de eclipses de este año traerá el total de sol del 12 de agosto en España, el primero de tres eclipses de máxima categoría que cruzarán la península Ibérica en 2026, 2027 y 2028, en una carambola astronómica inédita en la historia moderna. Dos semanas después, el 28 de agosto, un eclipse lunar parcial también será visible en el tercio oeste de España, aunque estará centrado —y se verá mejor— en América; será el cuarto y último eclipse de 2026.