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Vinicius y Brasil reclaman a la UEFA y a España que castiguen los insultos racistas en los partidos de la Champions

Las selecciones de los dos países jugarán el 26 en el Bernabéu un amistoso contra el racismo y en apoyo del madridista

Vinicius Júnior
El delantero brasileño Vinicius Júnior, en el Real Madrid-Leipzig de la Champions, el pasado día 6 en el Bernabéu.Violeta Santos Moura (REUTERS)
Naiara Galarraga Gortázar

Dos nuevos episodios racistas en España contra el futbolista Vinicius Júnior. Lo llamativo en esta ocasión es que los cánticos insultantes contra el brasileño por ser negro fueron en el contexto de dos partidos en los que el madridista ni siquiera jugaba, el Atlético-Inter y el Barcelona-Nápoles, los dos encuentros de la Champions esta semana. Tanto LaLiga como el Real Madrid han presentado sendas denuncias ante la fiscalía de delitos de odio. La primera, por lo sucedido en las inmediaciones del estadio Metropolitano, en Madrid; el club blanco por eso y por hechos ocurridos en el entorno de Montjuïc, en Barcelona. Vinicius, en un tuit, el presidente Lula en otro y el Gobierno brasileño, en una nota formal, reclamaron este jueves a la Liga de Campeones, a la UEFA y a las autoridades españolas que castiguen a los responsables. Las selecciones de España y Brasil jugarán un amistoso, precisamente contra el racismo y en apoyo al delantero, el próximo 26 en el Bernabéu, su primer choque en más de una década. El seleccionador nacional, Luis de la Fuente, ha dado este viernes la lista de convocados.

El propio Vinicius tuiteó un vídeo en el que se ve una multitud, algunos con camisetas rojiblancas, en las inmediaciones del estadio Metropolitano que corean “Aleeeee, ale, ale, aleeeee, Vinicius chimpancé” y ríen. “Espero que hayáis pensado el castigo para ellos”, les dice el futbolista en este mensaje tanto a los organizadores de la Liga de Campeones como a la UEFA.

“El Real Madrid condena estos violentos ataques de racismo, discriminación y odio que se vienen produciendo, lamentablemente de manera reiterada, contra nuestro jugador Vinicius Júnior”, afirma la nota difundida este viernes en la que el club anuncia la denuncia y reitera que “se mantendrá firme en su lucha por la tolerancia cero ante episodios tan repugnantes como los que se siguen produciendo”. Los dos clubes aludidos mantienen silencio ante unos hechos ocurridos fuera de sus estadios.

El entrenador del Real Madrid, Carlo Ancelotti, se ha referido en rueda de prensa a los últimos episodios racistas en Barcelona y Madrid: “El problema está ahí. Como he dicho, el Valencia actuó muy bien después de este episodio. Ahora tienen que actuar los que tienen la posibilidad de hacerlo. Es necesario actuar para evitar este tipo de problemas, y cosas muy muy feas que afectan a esta sociedad. Los delincuentes no tienen que estar en la calle”.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, gran aficionado al fútbol, expresó en X su solidaridad con el futbolista y su profundo disgusto por lo que calificó como “barbarie racista”. El mandatario, que a menudo bromea sobre equipos, selecciones o partidos míticos en sus comparecencias con otros mandatarios o políticos, añadió: “Es increíble que en la segunda década del siglo XXI aún existan comportamientos de este tipo”, en referencia a los cánticos racistas de seguidores del Atlético.

Para darle todavía mayor empaque al malestar en la patria del jugador, el Ministerio de Exteriores brasileño emitió una nota en la que anuncia que “el Gobierno brasileño reiterará su preocupación al Gobierno español y a las autoridades deportivas por los reiterados ataques racistas” y “exigirá medidas a la UEFA”. En un lenguaje claro y directo, la cancillería advierte a las autoridades competentes que “mientras no haya sanciones penales y deportivas a la altura, los racistas seguirán actuando y ninguna campaña contra el racismo dará resultados eficaces”. En mayo del año pasado, Lula movilizó a buena parte de sus ministros en una ofensiva de protestas ante la pasividad española ante los ataques racistas al jugador.

El amistoso España-Brasil del día 26 en el estadio del Madrid será el primero entre ambas selecciones desde 2013, cuando disputaron la final de la Copa Confederaciones con victoria de la Canarinha. En los nueve partidos anteriores, Brasil ganó en cinco ocasiones; la roja en dos y hubo dos empates.

Durante el último año Vinicius ha sido víctima de una campaña de racismo con múltiples ataques dentro y fuera de estadios españoles. La Fiscalía pidió en diciembre cuatro años de cárcel para los cuatro ultras del Frente Atlético que colgaron una muñeca hinchable con una camiseta de Vinicius en un puente de la capital. Y a principios de mes, el delantero brasileño se reivindicó en su regreso a Mestalla, el estadio del Valencia, donde un año atrás fue víctima de insultos racistas y detuvo el partido. En un encuentro marcado por un gran despliegue policial, el madridista marcó los dos goles del empate y saludó a la grada puño en alto, al estilo black power. El gesto triunfó en la prensa de su país.

Brasil no está libre de racismo. Es más, es sistémico —los afrobrasileños viven menos que los blancos, son más pobres, enferman más, es más probable que mueran violentamente o vayan a la cárcel…—, pero suele ser menos explícito. Aquí indigna que en un país europeo y en un lugar público se insulte abiertamente por el color de su piel a alguien que, además, es un profesional de éxito indiscutible.

Durante décadas, las autoridades brasileñas promovieron la idea, que la estadística desmiente, de que esta era una sociedad sin racismo, indiferente a los distintos tonos de piel. La nota del Ministerio de Exteriores brasileño recuerda que su futbol “se ha consolidado como un instrumento para la inclusión y el avance de sectores [sociales] históricamente menos favorecidos de nuestra sociedad”.

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Sobre la firma

Naiara Galarraga Gortázar
Es corresponsal de EL PAÍS en Brasil. Antes fue subjefa de la sección de Internacional, corresponsal de Migraciones, y enviada especial. Trabajó en las redacciones de Madrid, Bilbao y México. En un intervalo de su carrera en el diario, fue corresponsal en Jerusalén para Cuatro/CNN+. Es licenciada y máster en Periodismo (EL PAÍS/UAM).
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