Gana ganando y gana perdiendo
Gustavo Petro es la escala superior del teflón: está dotado de un blindaje envidiable, que escapa a las reglas de la química y la política. Tal vez Aquiles piense otra cosa

En la calle, donde el presidente Gustavo Petro es imbatible, revolotea un viejo refrán de la sabiduría popular: “Con cara, gano yo; con sello, pierde usted”. En esencia, a pesar de que las monedas extraviaron la cara y el sello (las propias monedas desfilan hacia la extinción), persiste la enseñanza: pase lo que pase, hay gente para la que siempre brilla el sol. Por eso Petro gana ganando y gana perdiendo.
La lista de ejemplos es nutrida y no vale la pena gastar tinta en recordarlos, pues están cortados con la misma tijera del episodio en el que el naufragio de la reforma laboral iba camino de convertirse en una exitosa consulta. O cuando el olor fétido de la Unidad Nacional de Gestión del Riesgo llegó tarde a sus narices y terminó descargando culpas en los chuecos presidentes del Congreso. Le hizo “olvidar” a la gente que la corrupción fue animada por sus funcionarios. ¡Blindaje nivel sideral!
Me confieso ignorante en materia del billar y sus reglas. Cosa distinta sucede con Petro, quien confirma cada tanto ser un experto en jugar a tres bandas. A tres y a varias más, porque lo que para ciertos sectores es el fracaso de la paz total, se traduce en una serie de latentes conversaciones con muchas de las bandas que hoy operan a sus anchas en el país y que, gracias a esas dilaciones, serán fundamentales para el resultado de las elecciones.
Ya se viene el siguiente escenario que confirmará esta capacidad de Petro para caer siempre parado, con habilidad felina. Jaguaresca, podría decirse, pues el presidente no oculta que quiere competirle al exótico animalito en aquello de ser el felino más grande de América y el que tiene la mordida más fuerte entre todos los félidos.
Va a trabajar en ese sueño con un encuentro en terrenos del águila calva, cuyo principal exponente ha demostrado no tener un pelo de tonto. Detalle: la canciller Rosa Villavicencio clasificó a última hora. Recuérdese que, en un ataque de emotividad progresista, renunció a su visa cuando se anunciaron las sanciones al presidente. Cancilleres renunciando a visas que les permiten viajar es como ver mariposas arrancándose las alas.
De manera muy general, el encuentro de Trump y Petro en los Estados Unidos podría tener dos resultados concretos, si es que las cosas no se vienen abajo por las recientes declaraciones de Petro pidiendo que suelten a Maduro.
Primer escenario: mucho entendimiento, cordialidad, diálogo, peticiones y promesas; apretón de manos. Que a nadie le quepa la menor duda: un triunfo para Petro, que se elevará varios peldaños en su ilusión de ser el nuevo Lula de la región y un líder con visibilidad transcontinental. Ni hablar del gran impacto que tendría en las elecciones domésticas.
En el segundo escenario, Trump podría aplicar una fórmula similar a la que empleó, junto a J. D. Vance, en su reunión con el presidente Zelensky, en marzo del año pasado. Mr. Donroe barrió y trapeó con el presidente ucraniano, a quien le recordó que no pasaba de ser un malagradecido. Y un insignificante. Si eso sucede, Petro también se anotará generosos puntos. Saldrá de la Casa Blanca con munición suficiente para dar, como mariscal continental, su batalla contra el imperialismo aplastante. Y en esta esquina de Suramérica, eso también se traduce en votos.
Dos platós en los que Petro tendrá un rol estelar y se honrará aquello de que disfruta el éxito y, además, es alquimista del fracaso, al que logra transformar en victoria.
A menos que exista una tercera posibilidad, ínfima, pero que ha sido debidamente advertida por los asesores más avezados de Petro y por columnistas como María Isabel Rueda: que su viaje a Estados Unidos sea solo de ida. ¿Algo abiertamente traído de los cabellos, sin pies ni cabeza? De acuerdo. Pero el worst case scenario siempre se contempla. Más cuando hemos visto cosas que parecían también improbables, como las del 3 de enero en Caracas. ¿Repetiría Trump la “hazaña”, esta vez gratis, sin gastar munición o arriesgar vidas? Hagan sus apuestas.
El Titanic era unsinkable, los dinosaurios dominaban el planeta, el Tercer Reich duraría mil años, “los grupos de guitarra no prosperarán” (como dijo Mike Smith, del sello Decca, a los Beatles en 1962), el hijo de un humilde y anónimo carpintero no tenía como ser amado por 2.600 millones de personas… ¡quién iba a pensar, en 1985, que se tomarían el Palacio de Justicia! Palabras de Trump en su discurso inaugural como presidente: “En Estados Unidos, lo imposible es lo que mejor hacemos”.
***
Retaguardia. ¿Y si el buen término de la reunión con Trump, incluida la salida de la Lista Clinton, es condicionado? Aparte de lograr que se protejan los negocios de Estados Unidos y de insistir en la erradicación y la lucha contra narcotraficantes, ¿podría haber pedido previamente Trump que el candidato apoyado por el gobierno, y el progresismo, sea alguien que “asuste menos” que Iván Cepeda? ¿Sugerirían los norteamericanos nombres de aspirantes que sean más compatibles son sus intereses y que puedan tender puentes reales con diversos sectores? Lo único cierto: con Trump las cosas salen bien si hay agachada y posterior arrodillada. El gringo no abanica a nadie.
Ñapa. ¿Podría alguien esconderle los megáfonos al presidente mientras pisa suelo estadounidense? Por si acaso.
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