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Gustavo Petro
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Petro logró lo imposible

Petro logró lo que presidente alguno no había conseguido: todo lo malo que sufre este país es culpa de los ricos que el presidente denomina oligarquías. Ellos -la cauda petrista-no ven sino lo que consideran positivo

Gustavo Petro, en la Casa de Nariño, en Bogotá, el 8 de enero.

Nadie puede negar que los índices de imagen del presidente Petro son muy altos para la cantidad de escándalos que han afectado a su Gobierno. Hasta hace muy pocos días, la oposición presumía que los registros del presidente se reducirían con los castigos del Gobierno estadounidense, como la descertificación en la lucha contra el narcotráfico y la inclusión en la lista Clinton o lista Ofac, por la Oficina de Control de Activos Extranjeros. Falta saber cómo sale la reunión con su homólogo, el presidente Trump. Con que llegue a tiempo y con corbata, las posibilidades de un buen resultado aumentarán.

De seguridad no hablemos. El fracaso de la paz total ha dejado un saldo aterrador. Los grupos criminales alzados en armas se han fortalecido. La declaratoria de la emergencia económica y la reforma tributaria por decreto es una boutade. La Corte Constitucional tiene una “paella para treinta”. Reforma tributaria por decreto ya tiene suficiente jurisprudencia para su inexequibilidad. Como dijo el exministro José Antonio Ocampo, el país debe oponerse a que el Gobierno intente reemplazar al Congreso, que ya rechazó su propuesta tributaria, y exigir, además, que haga ajustes al gasto público.

Del aumento del salario mínimo, en la seguridad de que va para el Guinness Récord, es un escándalo que se va a reflejar en el aumento de precios en todos los artículos de la canasta familiar y en todos los servicios. A fuer del empleo que se va “dec” y que aumentará la informalidad. Los efectos sobre las exportaciones —flores, por ejemplo— que emplean una proporción mayoritaria de trabajadores con salario mínimo, y así mismo la cadena de efectos perversos que se desencadenen, no cambian los guarismos de la estadística de las encuestas, atérrense: nada de esos horrores, y los que hacen falta por contabilizar, le causan daño a la imagen de Petro.

Ni la interinidad de sus funcionarios ni la durabilidad de sus responsabilidades que obliga a removerlos por corruptos o por incapaces lo tocan. Los últimos de la lista fueron el ministro de la Igualdad, Juan Carlos Florián, y el director nacional de Inteligencia, Jorge Lemus. ¿Cómo así?, se preguntarán ustedes. Así es. La cauda petrista es inmune a cualquier crítica negativa que tenga que ver con su Gobierno o con la persona misma del presidente.

Petro logró lo que presidente alguno no había conseguido: todo lo malo que sufre este país es culpa de los ricos que el presidente denomina oligarquías. Ellos —la cauda petrista— no ven sino lo que consideran positivo. Si —como Dios quiera— las cortes declaran la nulidad de los yerros incurridos, también recibirán el rechazo feroz de las huestes gobiernistas. El desmesurado efecto del alto costo de vida es codicia de los ricos que no reconocen lo justo del salario integral que se inventó el gobierno “progresista”. Gana con cara y gana con sello. Ni Trump, que se parece tanto a Petro, ha podido mantener los márgenes de apoyo con los que arrancó su Administración.

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