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Relaciones entre Colombia y Venezuela

La apertura del puente de Tienditas marca el inicio de una nueva etapa entre Colombia y Venezuela

La infraestructura binacional, rebautizada como puente Atanasio Girardot, fue el epicentro de los años de tensiones que precedieron el restablecimiento de relaciones

Autoridades venezolanas remueven los contenedores que bloqueaban el paso en el puente de Tienditas, el pasado 14 de diciembre.
Autoridades venezolanas remueven los contenedores que bloqueaban el paso en el puente de Tienditas, el pasado 14 de diciembre.STRINGER (REUTERS)
Santiago Torrado

De los contenedores de carga que acumulaban oxido y maleza ya no hay rastro alguno. El puente de Tienditas en la frontera entre Colombia y Venezuela comienza este 2023 despejado para el paso de todo tipo de vehículos, como no lo había estado en años. Ya no están allí los pesados armatostes atravesados por militares leales al chavismo en el momento más álgido de la pequeña guerra fría que los dos países se proponen dejar atrás. Las autoridades de lado y lado han anunciado para este primer día del nuevo año la postergada apertura de esa moderna infraestructura, rebautizada como puente internacional Atanasio Girardot, un paso clave en el restablecimiento de relaciones entre los Gobiernos de Gustavo Petro y Nicolás Maduro.

Tienditas representa décadas de sueños y frustraciones de integración binacional. A pesar de ser el más moderno y robusto de los pasos fronterizos, llamado a tener un papel protagónico en la prometida “normalización” de las relaciones diplomáticas, políticas y comerciales, no había entrado en servicio. Nunca lo ha cruzado un vehículo. La imagen de los contenedores, que se fueron acumulando desde febrero de 2019, cuando Juan Guaidó lanzó su mayor desafío a Maduro con el incondicional apoyo de Iván Duque, convirtieron al puente en un símbolo de los muchos encuentros y desencuentros entre dos países hermanos, siameses, que comparten una porosa frontera de más de 2.200 kilómetros. En agosto, cuando Petro llegó al poder, al menos una decena de esos pesados armatostes, atravesados en zigzag y salpicados por manchas de oxido, permanecían bloqueando la vía. Apenas en diciembre las autoridades venezolanas comenzaron a removerlos.

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Con sus enormes almacenes aduaneros, las instalaciones a unos 20 minutos del centro de Cúcuta, la principal urbe fronteriza, son una de las mejores infraestructuras de su tipo en Sudamérica. Cuando se concibió el puente, unos 30.000 vehículos cruzaban a diario entre Colombia y Venezuela. Los demás pasos que comunican al departamento de Norte de Santander con el estado Táchira se encontraban colapsados por el tráfico. Los principales cruces son los puentes Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander, estructuras obsoletas tras más de medio siglo de servicio en un eje que llegó a ser en mejores tiempos el paso comercial más activo de América Latina. También, en épocas más recientes, el embudo del mayor flujo migratorio del continente. Cerca de 2,5 millones de venezolanos se han afincado en Colombia, de acuerdo con las cifras oficiales.

El intercambio comercial entre los dos países alcanzó más de 7.000 millones de dólares en 2008, pero se desplomó hasta caer a su cifra más baja en 2020, en torno a los 222 millones de dólares. Este año, con el restablecimiento de relaciones en marcha, ha vuelto a repuntar. Entre enero y octubre alcanzó 582 millones de dólares. “Lo que planteamos es que al final del Gobierno del presidente Petro, el 7 de agosto del 2026, vamos a haber recuperado unos niveles cercanos a los 4.000 o 4.500 millones de dólares”, ha dicho a este periódico el ministro de Comercio, Germán Umaña.

Con 240 metros de largo y 40 metros de ancho, el puente Atanasio Girardot –que toma su nuevo nombre de un prócer colombiano que luchó en las guerras de la independencia junto a Bolívar y murió en Venezuela– tiene carriles para camiones de carga, carros, peatones y bicicletas. La infraestructura, que costó 32 millones de dólares en su momento, fue entregada a mediados de 2016, en el mandato de Juan Manuel Santos (2010-2018). Para entonces, las relaciones entre los dos países ya habían entrado en una crisis perpetua después de que Maduro ordenó el cierre comercial y vehicular de la frontera en 2015, luego de expulsar a miles de colombianos, obligados a cruzar a pie el río Táchira con sus enseres en los hombros. Nunca llegó a ser formalmente inaugurado ni bautizado.

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Las viejas tensiones se agravaron desde febrero de 2019 por el fallido intento de la oposición venezolana de ingresar alimentos y medicinas por los puentes fronterizos. Tienditas, del lado colombiano, fue el lugar donde Juan Guaidó se presentó ante el mundo. Allí apareció por sorpresa junto a Duque y otros dos presidentes sudamericanos –el chileno Sebastián Piñera y el paraguayo Mario Abdo– en el concierto Venezuela Aid Live, la víspera de aquel 23F, y fue también el escenario de su encuentro con los militares que desertaron en esa confusa jornada. Maduro calificó el episodio como un intento de “invasión” y decidió romper del todo las relaciones, mientras que Duque se ratificó en su cuatrienio como el mayor promotor del “cerco diplomático” sobre el heredero de Hugo Chávez y reconoció como “presidente encargado” a Guaidó. Esos días se antojan lejanos desde un 2023 en el que los equilibrios regionales han cambiado y la desgastada estrategia opositora del “gobierno interino” ha llegado a su final.

Después de aquel 23F, Tienditas fue adaptado por un tiempo como albergue transitorio para migrantes venezolanos que buscaban desandar sus pasos y retornar a su país en medio de la pandemia del coronavirus. Y en épocas más recientes, en sus instalaciones también se registraron familias venezolanas que querían acogerse al Estatuto Temporal de Protección que les ofrece Colombia, por mucho el principal país de acogida de una diáspora de siete millones de personas.

Petro se ha propuesto pasar la página, a pesar de los muchos obstáculos –metafóricos y también literales, en el caso de Tienditas–. Ya sostuvo su primer encuentro en Caracas con Maduro, Venezuela es uno de los países garantes de la negociación de paz con la guerrilla del ELN y la “normalización gradual” de relaciones ha sido uno de los principales focos de la diplomacia colombiana. Y aunque el tránsito de carga por los puentes Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander se restableció desde septiembre, la apertura del flamante Atanasio Girardot es un hito que llega con el nuevo año.

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Sobre la firma

Santiago Torrado
Corresponsal de EL PAÍS en Colombia, donde cubre temas de política, posconflicto y la migración venezolana en la región. Periodista de la Universidad Javeriana y becario del Programa Balboa, ha trabajado con AP y AFP. Ha cubierto eventos y elecciones sobre el terreno en México, Brasil, Venezuela, Ecuador y Haití, así como el Mundial de Fútbol 2014.

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