“Venezuela no necesita papa colombiana”: el grito de protesta de los agricultores venezolanos

El contrabando del tubérculo genera tensión entre Colombia y Venezuela. En un año, las papas colombianas han inundado el mercado vecino llevando a la quiebra a los productores

Agricultores de papa en un páramo cercano a la ciudad de Mérida (Venezuela), en octubre de 2022.
Agricultores de papa en un páramo cercano a la ciudad de Mérida (Venezuela), en octubre de 2022.Proinpa Merida-venezuela (RR.SS.)

Un video del senador colombiano César Pachón corrió por los pueblos andinos de Venezuela como una patada en el estómago de los agricultores. Era 26 de septiembre. El presidente Gustavo Petro acababa de sellar la apertura de la frontera binacional junto a las autoridades venezolanas con un cruce de camiones y un apretón de manos, cuando el senador del Pacto Histórico quiso hacer su propio gesto para entrar en la historia. Unos hombres con sacos de papas en los hombros cruzaron los puentes hacia Venezuela acompañados de Pachón, quien los entrevistaba. “Nosotros tenemos alimento para darles a los venezolanos”, decía uno de ellos. Y el senador acompañaba el mensaje en sus redes sociales con la etiqueta #CorazónDePapa.

Todavía no se cumple un mes de la apertura de la frontera y en el golpeado sector agrícola venezolano no se han disipado las inquietudes. Los productores de papa llevan casi un año lidiando con una inusual entrada de papas colombianas de contrabando a Venezuela, que han llevado a la ruina a varias familias de los Estados Táchira, Mérida y Trujillo, que en números son 40.000 puestos de trabajo perdidos. De ahí que el video del senador Pachón haya sido respondido con una intensa campaña en redes sociales con el mensaje “Venezuela no necesita papa colombiana”.

La Confederación Nacional de Productores y Comercializadores de Papa en Venezuela (Confepapa) presentó hace unos días su balance trimestral del sector: cayó en 22% la superficie de siembra y con ello el autoabastecimiento del mercado baja un 33% desde el último año. “Desde noviembre de 2021 las importaciones de papa desde Colombia a Venezuela pasaron de aproximadamente 6.600 toneladas, equivalentes a 20% del expendio en el mercado nacional, a representar el 53% con aproximadamente 19.000 toneladas de papa. En el mismo período la papa nacional pasó de representar el 80% del expendio con aproximadamente 26.400 toneladas a representar el 47%, con cerca de 17.000 toneladas”, señalan en un comunicado.

La inundación del mercado venezolano de papas vecinas ha tumbado los precios y llevado las cosechas a pérdida para los productores venezolanos. “La papa es cultura. En 1527 en el pueblo de Cubiro, en Venezuela, está el primer registro de cuando los españoles comieron papas”, defiende Edison Arciniegas, presidente de Confepapa. En su opinión, la propia dinámica económica de Colombia, con acceso a créditos, algunos incentivos a la producción, acceso a asistencia técnica e insumos, hacen que en ese país no solo la superficie de cultivo sea mayor, sino también el rendimiento por hectáreas, lo que lleva a excedentes que se están llevando al mercado venezolano, y también al de Panamá y Ecuador, para evitar que el exceso de oferta en Colombia baje los precios para los agricultores de ese país.

Arciniegas directamente lo llama competencia desleal o dumping, como se conoce en comercio internacional al abaratamiento artificial de los bienes. La importación de papas hacia el país petrolero tiene incentivos ligados al contrabando, que se fortaleció en los años de cierre de los 2.300 kilómetros de frontera que comparten Colombia y Venezuela. Los precios de los fletes y de logística parecen no tener impacto para la papa que sale del Norte de Santander o Boyacá y recorre más de mil kilómetros hasta llegar a los mercados principales en Venezuela. El mismo día que Pachón cruzaba el puente con los agricultores colombianos, el saco de papa de variedad única se comercializaba en la Central de Abastos de Bucaramanga en 13,50 dólares y el mismo saco, del otro lado de la frontera, se negociaba en Maracaibo en 10 dólares, en Barquisimeto en 10,50 dólares y en Caracas en 11 dólares.

Esto ocurre aun cuando los productores colombianos acusan el golpe de la inflación que ha incrementado en ese país el costo de producción de este tubérculo en el 53%, según cifras de la FAO, y aseguran haber ganado hace unos días un pulso con empresas europeas al lograr que el Gobierno colombiano prorrogue por cinco años los derechos antidumping y aumente los aranceles a esas compañías extranjeras, según un comunicado difundido el 11 de octubre por Fedepapa, la federación colombiana que agrupa a los productores. Pero cuando los venezolanos van al supermercado no diferencian de donde viene la papa y la mayoría de la que se ofrece hoy es de Colombia y es más barata. Las que se producen en los campos venezolanos se están pudriendo, junto a repollos, zanahorias y otras hortalizas.

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Este fenómeno ocurre en Venezuela en medio de las disposiciones que ha creado la Ley Antibloqueo, aprobada por el chavismo para supuestamente defender la economía de las sanciones internacionales. El efecto ha sido el contrario en este caso. La opacidad, la liberación de aranceles, el relajamiento de los permisos fitosanitarios y los controles de aduana han brindado una oportunidad al contrabando en general, incluidas las papas. El gremio del campo ha denunciado que bajo el control de los llamados “protectorados”, esas figuras paraestatales que creó el Gobierno de Nicolás Maduro para controlar territorios que en algún momento fueron gobernados por la oposición, circulan estas mercancías por el país. Estos “protectores”, como lo fue Freddy Bernal hasta que resultó electo hace un año como gobernador de Táchira y quien concretó la apertura fronteriza con Petro, han autorizado la entrada de productos por las trochas y regulado su distribución, usurpando atribuciones de los organismos aduanales venezolanos, según denuncian productores de los estados andinos.

“Esta papa en excedente de Colombia, que en otras condiciones habría que botarla, pueden venderla a cualquier precio y es una ganancia. Colateralmente les permite conquistar un mercado como el venezolano, de los más importantes en consumo de hortalizas”, explica Arciniegas.

La apertura fronteriza usa como bandera cifras récord como las de 2008, en las que el intercambio comercial entre los dos países llegó a 7.200 millones de dólares para caer a apenas 222 millones el año pasado. Pero para el presidente de Confepapa, el sector agrícola venezolano está en serias desventajas para ese despegue económico que ha prometido el nuevo Gobierno en Colombia con el restablecimiento de las relaciones con la Venezuela de Nicolás Maduro.

Entran papas, salen jóvenes

Arciniegas dice que hace 40 años la modernización del campo detuvo la migración del páramo a las ciudades en busca de empleo. Hoy ese proceso se está revirtiendo. A finales de septiembre, cuando la frontera estaba por abrirse, en Pueblo Llano, el principal municipio productor de papa del país, hubo una agria despedida. Unos 30 agricultores partían desde Mérida hacia la selva del Darién para intentar llegar a Estados Unidos y el pueblo entero se reunió para el adiós. Cada semana salen jóvenes, obligados a emigrar por la falta de oportunidades en los oficios del campo, que se pasan entre generaciones, y también atraídos por las nebulosas del llamado “sueño americano”.

En estos pueblos la preocupación con la reciente apertura de la frontera es que entren más papas, hortalizas y productos de Colombia y salgan más jóvenes emigrando de Venezuela. José Guillén Méndez es productor en Mérida, en El Molino. “Tengo 40 años, pero para dónde me voy a ir. Contamos con la tierra, tenemos agua de sobra, lo que necesitamos es el apoyo financiero y garantías para producir”, comenta por teléfono desde los Andes. “A estos camiones que entran al país desde Colombia no los para nadie, pero el productor venezolano pasa por 50 alcabalas, donde está obligado a dejar mercancía”, comenta otro productor desde Trujillo, Julio La Cruz. “Queda poca mano de obra en el campo, y la mayoría son viejos. Porque se trata de vivir o morir y por eso la gente se está yendo”, agrega el trujillano.

Hasta 2014 La Cruz trabajó en el Programa Nacional de Semillas que proveía las matas para la siembra. Hasta 2014 Venezuela exportaba papas al Caribe, añade Arciniegas. El agricultor trujillano cuenta la iniciativa de las semillas se vino abajo ese año, los bancos de germoplasma que se crearon se perdieron con los constantes apagones que se viven en el interior del país y con ello cayó el rendimiento de los cultivos. Si una hectárea en buenas condiciones tiene un rendimiento de entre 30 y 40 toneladas de papas, con las desgastadas semillas venezolanas, degeneradas genéticamente luego de tantos ciclos, se alcanzan solo entre siete y ocho toneladas por hectárea cosechada. Los agricultores en Venezuela cultivan con todo en contra. Con el mal tiempo de una economía que intenta salir del foso con una recuperación que abre la zanja de enormes desigualdades y deja la tasa de actividad laboral más baja de la región (53%). También con este 2022 lluvioso que ha complicado la siembra.

El gremio ha buscado apoyo del Gobierno venezolano y le ha pedido proteger el rubro junto a otros como el maíz, el arroz y el alimento balanceado para animales, en favor de la producción nacional. Autoridades del sector han asegurado que pondrán freno al contrabando, pero los mercados siguen inundados. En Venezuela no existe el crédito bancario porque el Gobierno ha utilizado la reducción del encaje legal como una medida para contener la inflación, por lo que los productores plantearon que el 1% del precio final de la papa se dedique a un fondo para el manejo de plagas y sea la propia papa —y quienes la consumen— los que paguen su recuperación, señala Arciniegas. “Hemos tenido receptividad pero no ocurren los cambios, tenemos mucho tiempo esperando. Con tres o cuatro cosechas a pérdida, un agricultor de montaña quiebra en apenas un año y le toca vender los bienes y hasta la tierra”.

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