Los empresarios colombianos regresan a Venezuela

Un encuentro de políticos y líderes gremiales de ambos países en San Cristóbal, estado Táchira, allana el camino al restablecimiento de relaciones comerciales cuando se posesione Gustavo Petro

Paso peatonal en el Puente Internacional Simón Bolívar, entre Cúcuta y San Antonio del Táchira, el 1 de julio de 2022.
Paso peatonal en el Puente Internacional Simón Bolívar, entre Cúcuta y San Antonio del Táchira, el 1 de julio de 2022.Santiago Mesa

La esperada reapertura comercial de la frontera entre Colombia y Venezuela es inminente. A un mes de que Gustavo Petro se posesione como presidente, el próximo 7 de agosto, las relaciones entre los dos países, rotas desde 2019, disfrutan desde ya una suerte de deshielo. Los empresarios colombianos lo escenificaron este lunes en San Cristóbal, del lado venezolano, a donde volvieron a acudir como no lo hacían hace tiempo. Su propósito era hacerse eco del clamor de las comunidades a ambos lados para restablecer el paso, luego de años de diferencias irreconciliables durante el Gobierno de Iván Duque.

A Petro le tomó apenas unos días como presidente electo hablar con Nicolás Maduro y confirmar que se propone abrir una porosa frontera en la que desde hace tiempo se impone la ilegalidad. El venezolano, por su parte, ha mostrado su disposición a “restablecer la normalidad”. Los acercamientos de distintos sectores se han dado más rápido de lo anticipado.

El encuentro “Acuerdo de la Frontera”, al que asistió EL PAÍS, fue organizado por la mayor patronal de Venezuela, Fedecámaras, a través de su seccional en el estado Táchira, junto al Comité Intergremial del Norte de Santander. “Hay que recuperar el tiempo perdido”, pidió en su discurso uno de los anfitriones, Carlos Luna, presidente del Comité Intergremial. Los dos países comparten una línea limítrofe de más 2.200 kilómetros, escenario de sucesivas crisis diplomáticas. El mensaje de este lunes, subrayó Luna, es el de recuperar las rutinas de la vida de frontera, para que deje de generar miedo, inseguridad y temores, de modo que vuelva a ser una frontera de oportunidades.

El cruce está cerrado al paso de vehículos desde agosto de 2015 por orden de Maduro, quien antes había expulsado a miles de colombianos, obligados a cruzar el río Táchira con sus enseres. Esas tensiones se agravaron desde febrero de 2019 por el fallido intento de la oposición venezolana, en cabeza de Juan Guaidó, de ingresar alimentos y medicinas por los puentes fronterizos. Maduro calificó ese episodio como un intento de “invasión” y decidió romper del todo las relaciones, mientras Duque ha sido el principal promotor del “cerco diplomático” sobre el heredero de Hugo Chávez.

La variopinta delegación colombiana, más de 60 personas entre políticos, empresarios y líderes gremiales, se encontró desde la mañana en la boca del Puente Internacional Francisco de Paula Santander, en Cúcuta, todos con su escarapela al cuello, para cruzar caminando juntos. Del otro lado abordaron los dos buses que, escoltados por miembros de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, se adentraron en unas carreteras que serpentean por las montañas para ascender más de 500 metros en los 50 kilómetros que separan a la frontera de San Cristóbal, la capital del estado Táchira, una de las ciudades andinas de la caribeña Venezuela.

Por las ventanas pasaban instalaciones y paisajes que en otros tiempos fueron familiares para los habitantes de Cúcuta, pero hoy son recuerdos lejanos. Observaban por los cristales la central azucarera del Táchira, que originalmente pertenecía a empresarios colombianos y fue expropiada en 2010 por el Gobierno de Chávez, o el aeropuerto Juan Vicente Gómez, de San Antonio del Táchira, que lleva nueve años cerrado. También el desembocadero del lado venezolano del puente internacional de Tienditas, una moderna instalación a la que por fin le viene su momento.

Ya en el Lidotel de San Cristóbal, una ciudad en la que todo se puede pagar en pesos colombianos, los discursos cargados de optimismo se sucedieron uno tras otro, elevando las expectativas sobre la nueva era que se abre con la llegada de Petro al poder. “A partir del 8 de agosto la frontera entre dos pueblos hermanos estará plenamente abierta y no volverá a cerrarse nunca más”, proclamó Gabriel Becerra, elegido al Congreso por el Pacto Histórico, la coalición de izquierdas que ahora tiene la mayor bancada. “Estamos haciendo la integración para mejorar los indicadores sociales”, reivindicó al apuntar a las altas cifras de desempleo y pobreza en Cúcuta el economista Germán Umaña Mendoza, presidente de la Cámara Colombo Venezolana y parte del equipo de empalme. Coincidió en que el 8 de agosto, al día siguiente de la posesión, pasará el transporte de mercancía. El propio Petro –de vacaciones en Europa– ha sido hasta ahora más cauto, al advertir que “normalizar las relaciones no es de la noche a la mañana”.

Entre los venezolanos, el discurso central fue el del gobernador del Táchira, Freddy Bernal, quien reconoció exultante que se trataba de un evento simbólico pero el mensaje era claro para los dos países. “A pesar de que la frontera estaba cerrada formalmente, nunca estuvo plenamente cerrada”, señaló, pues “es imposible cerrarla”. En sus palabras lanzó varios dardos al presidente Duque, al que señaló de “jugar a iniciar una guerra civil en Venezuela” con su irrestricto respaldo a Guaidó. “Si Venezuela ha logrado crecer con un cerco económico casi total, vienen nuevas perspectivas”, apuntó Bernal al recordar que el país crecerá un 5% este año, de acuerdo con las proyecciones de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas (CEPAL).

En los márgenes se discutían todo tipo de temas relacionados con negocios o integración. Desde las reservas de minerales con las que cuenta Venezuela, hasta las varias noticias largamente postergadas que ahora se antojan a la vuelta de la esquina, como el eventual retorno de los vuelos de la aerolínea colombiana Avianca, o la apertura del anhelado trayecto Caracas-Cúcuta.

“En Venezuela no hay un venezolano fronterizo que no esté de acuerdo con que abran los puentes ya. Porque la gente sabe que al venir en su carro otra vez a Cúcuta, como lo hicieron durante años y años y años, se va a normalizar la vida”, le dice a este periódico José Fernando Bautista, otro de los invitados, exembajador colombiano en Caracas y miembro de la campaña del Pacto Histórico. Recuerda que existe una infraestructura moderna como Tienditas, que se terminó cuando la frontera estaba cerrada y nunca ha entrado en operación. “Lo único que nos tiene parados es la voluntad política”.

Con sus enormes almacenes aduaneros, Tienditas, a diez minutos de Cúcuta, es una de las mejores infraestructuras de su tipo en Latinoamérica y apunta a tener un lugar central en la reactivación del flujo fronterizo. Cuando se concibió, unos 30.000 vehículos cruzaban a diario entre Colombia y Venezuela; los demás puentes que comunican al departamento de Norte de Santander con el estado Táchira se encontraban colapsados por el tráfico. Tiene carriles para camiones de carga, carros, peatones y bicicletas. El puente fue entregado a mediados de 2016, con la crisis ya en marcha.

La frontera colombo-venezolana llegó a ser la más activa de América Latina. En su mejor momento, el intercambio comercial alcanzó 7.290 millones de dólares, en 2008, pero se desplomó hasta 222 millones como valor total de las exportaciones de Colombia hacia Venezuela en 2020. Desde ese año ningún porcentaje de esas exportaciones ha pasado por la aduana de Cúcuta, pues solo se permite el cruce de camiones por un punto en La Guajira, en el norte del país. De acuerdo con algunos estudios de la Cámara Colombo Venezolana, en un contexto de reapertura, el comercio legal puede llegar rápidamente a 500 millones de dólares. Umaña, el economista que hace parte del equipo de empalme, vislumbra que al final de los cuatro años del Gobierno Petro se puede alcanzar una activación que supere los 4.000 millones de dólares.

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