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Euphrasie Kouassi Yao, consejera en género del Gobierno marfileño: “Mientras no unamos mujeres y desarrollo estaremos siempre en guerra”

La galardonada con el Premio Harambee 2026 lleva tres décadas impulsando la presencia femenina en los lugares donde se toman las decisiones, sea el Ejecutivo, una empresa o una aldea en conflicto

Euphrasie Kouassi Yao, consejera para cuestiones de género del primer ministro de Costa de Marfil, en la sede de la ONG Harambee en Madrid, el 2 de marzo de 2026.Álvaro García

En la biografía de Euphrasie Kouassi Yao aparece muchas veces la palabra “primera”. Primera consejera del presidente y ahora del primer ministro de Costa de Marfil en materia de género, primera ciudadana de su país en ocupar una Cátedra Unesco y en ser elegida Embajadora mundial para la paz o primera persona en hacer un plan de acción para poner a las mujeres en el centro de la resolución de conflictos. Esta lucha pionera por la igualdad de género y por defender la presencia femenina como herramienta de desarrollo, tanto en los despachos del Gobierno como en la comunidad más recóndita de su país, han hecho que sea galardonada con el Premio Harambee 2026 a la Promoción e Igualdad de la Mujer Africana, que recibe este martes en Madrid.

“Cuando hay resultados, las propias autoridades nos llaman y nos dicen: ‘Vengan, porque las mujeres quieren recibir su formación’. Y los hombres también nos aceptan porque hablamos de desarrollo y encontramos soluciones”, afirma en una entrevista con este periódico en la sede de la ONG Harambee en Madrid, que concede este galardón desde 2010.

Con los 10.000 euros del premio, esta activista quiere financiar un programa en que mujeres emprendedoras apoyan a otras que están trazando sus modelos de noegicio y un proyecto educativo que beneficiará a 350 alumnas. “Mi estrategia es: formemos a las mujeres, pongamos las leyes, eduquemos a la comunidad y así, cuando llega la hora de votar, todo es más fácil. Porque si formas a las mujeres y no hay una ley que acompañe, no cambia nada”, explica.

Pregunta. Ha escrito un libro autobiográfico titulado La que nadie esperaba en la cumbre. ¿Cómo empezó este camino que le ha llevado a ser ministra, asesora de un presidente o consultora de grandes empresas en materia de género?

Respuesta. Todo comenzó al nacer. Tenía dos años cuando perdí a mi madre, fallecida debido a un embarazo extrauterino. No la conocí. Sigo buscando hasta hoy su rostro en las mujeres que sufren. Después me convertí en maestra de un centro educativo de chicas. Eran brillantes, pero yo miraba a la sociedad, y me preguntaba, “pero ¿dónde están?” No veía mujeres en las grandes instituciones. Un día en el Ministerio de la Familia, una persona me habló del enfoque género y desarrollo para corregir las desigualdades sociales, económicas o culturales y terminar con injusticias y discriminaciones toleradas por nuestra cultura y me dije: “Ya está, lo encontré”.

P. ¿Se ha topado con muchas reticiencias en las instituciones cuando llegaba y les hablaba de este enfoque de género?

R. Me reunía con quienes toman las decisiones y les decía: “Miren nuestra sociedad, vamos a corregir estas desigualdades. Tenemos los mismos derechos y necesitamos las mismas oportunidades y yo tengo las herramientas para que empecemos a hacerlo”. El Ministerio de Educación Nacional fue el primero que empezó a trabajar conmigo cambiando estereotipos como por ejemplo que los chicos deben estudiar matemáticas y las chicas, literatura. Eso no puede ser.

Las guerras han cambiado de rostro, Son cada vez más comunitarias y en la comunidad, las mujeres tienen un papel importante. Entonces démosles poder

P. ¿Qué herramientas usó y cómo concretó sus ideas para obtener resultados?

R. Gracias al agua. En 2003 fui a un simposio internacional sobre el tema en Cannes, en Francia, en el que participaban más de 60 países. Presenté un proyecto sobre la implicación de hombres y mujeres en la gestión del agua en medios rurales. Porque cada año mi Gobierno se gastaba mucho dinero en aparatos para bombear el agua que se averiaban porque todo estaba gestionado por los hombres, cuando son las mujeres las que en el día a día gestionan este recurso. Así que puse en marcha un programa en el que hombres y mujeres trabajaban mano a mano. Me dieron una medalla y gracias a eso conseguí la cátedra Unesco “Agua, mujeres y poder de decisión” que me da hasta hoy margen de maniobra para poner en marcha muchas cosas.

P. Porque esa gestión innovadora del agua trae de la mano otros beneficios.

R. Eso es. Las mujeres pueden hacer otra cosa y no pasar el día yendo a buscar agua, las niñas pueden ir al colegio y hay enfermedades que disminuyen, por ejemplo. El programa funcionó y empezó a cobrar fuerza. Así que creé un certificado llamado “Género y competitividad de las empresas” y fui a visitar numerosas compañías para asegurarles que serían más exitosas si me seguían. En 2024, la Caja Nacional de Previsión Social (CNPS), una entidad muy importante, se convirtió en la primera empresa de mi país en obtener ese certificado.

P. A partir de la Resolución 1325 de la ONU sobre el papel de las mujeres en la prevención, gestión y solución de conflictos, usted trazó un plan de acción para Costa de Marfil. ¿Qué ha significado?

R. Cuando lei esa resolución lo vi claro y quise aplicarla en mi país, a través de un plan con indicadores y resultados concretos. En 2019 creé el programa programme CREA-PAIX, que significa comunidades regionales por el empoderamiento y la paz. Porque creo que las guerras han cambiado de rostro. Son cada vez más comunitarias y en la comunidad, las mujeres tienen un papel importante. Entonces démosles poder, y también a los jóvenes, que muchas veces se ven manipulados. Así que empezamos a formar mujeres y los resultados comenzaron a llegar.

P. ¿Nos puede dar un ejemplo?

R. En la región de Sakassou, en el centro del país, había un enfrentamiento entre líderes locales y ejército desde hacía seis años. Una mujer formada por nosotros, con las herramientas necesarias, logró encontrar una solución y la guerra quedó atrás. Y en otros lugares ha pasado lo mismo: mujeres que han tomado las riendas, que no son solo víctimas del conflicto sino que se convierten en actoras de la resolución. Porque mientras no unamos en nuestro enfoque mujeres y desarrollo estaremos siempre en guerra.

Yo veo a hombres llorar cuando nos escuchan y se dan cuenta de lo que han sufrido o han hecho sufrir a las mujeres

P. ¿Es sencillo llegar con un punto de vista así a regiones rurales de su país, tal vez más conservadoras?

R. Cuando hay resultados, las propias autoridades nos llaman y nos dicen: ‘Vengan, porque las mujeres quieren recibir su formación’. Y los hombres también nos aceptan porque hablamos de desarrollo y encontramos soluciones. Además, yo no soy feminista, no voy a decir: ¡pongan más mujeres, más mujeres! Yo no excluyo a los hombres.

P. ¿No cree que lo que usted hace es también feminismo?

R. No, no. Es desarrollo: hombres y las mujeres caminando juntos. Yo no quiero dejar fuera a nadie. Y si esto se hace bien, la sociedad funcionará. Yo formo a ministros, a embajadores y a otras personas que toman decisiones. Me llaman porque quieren mejorar las cosas. Cuando yo veo en las escuelas que de cada 10 premios, siete los ganan las chicas, digo a la gente: ‘cuidado’. Porque esto tampoco puede cambiar ahora en el otro sentido. Los hombres tienen que estar con nosotras para que las cosas avancen.

P. Salvo contadas excepciones, en África quienes toman las decisiones y votan las leyes siguen siendo hombres.

R. Queda mucho por hacer, sí. Mi estrategia es: formemos a las mujeres, pongamos las leyes, eduquemos a la comunidad y así, cuando llegue la hora de votar, todo es más fácil. Porque si formas a las mujeres y no hay una ley que acompañe, no cambia nada. La Constitución de 2016 de mi país protege a las mujeres, se compromete a promover la igualdad y a partir de ahí se han podido hacer otras normas, subleyes, reformas... Yo misma lo he hecho. Es lo mejor que me pasó como ministra.

Mi estrategia es: formemos a las mujeres, pongamos las leyes, eduquemos a la comunidad y así, cuando llegue la hora de votar, todo es más fácil. Porque si formas a las mujeres y no hay una ley que acompañe, no cambia nada

P. En Costa de Marfil, las ONG denuncian un aumento de los feminicidios. ¿Son cifras que le preocupan?

R. Mi visión es global. Una mujer es violada o asesinada y las ONG que se ocupan de estos temas se activan, que es algo positivo. Pero yo lo veo así: ahora hay una ley que va a proteger a las víctimas, hay un trabajo cada vez mayor de sensibilización con los hombres, estamos yendo a las familias a sensibilizar sobre estos temas... Ese es el cambio que intento fomentar. Un cambio profundo. Yo veo a hombres llorar cuando nos escuchan y se dan cuenta de lo que han sufrido o han hecho sufrir a las mujeres.

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