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¿Hasta dónde llega el Gran Israel?

Netanyahu ha convertido en doctrina consolidada de agresión violenta lo que un día fue misión defensiva

Netanyahu, durante su discurso en la Asamblea General de la ONU en septiembre de 2024.Eduardo Munoz (REUTERS)

¿Se está cumpliendo el propósito sionista histórico de edificar un Gran Israel como potencia hegemónica, militar y territorial en Oriente Próximo? Atención a las batallas. Y a la historia.

La última versión de este plan, aunque más tacticista que de largo plazo, es ...

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¿Se está cumpliendo el propósito sionista histórico de edificar un Gran Israel como potencia hegemónica, militar y territorial en Oriente Próximo? Atención a las batallas. Y a la historia.

La última versión de este plan, aunque más tacticista que de largo plazo, es el discurso de Benjamín Netanyahu en la ONU (27/9/2024), casi un año después del ataque terrorista de Hamás del 7/10/2023. En él, en dos mapas titulados The Blessing y The Curse, o sea, “La bendición” y “La maldición”, Bibi repartía la región. Entre la lista de benditos del corredor Egipto-India, incluía, claro, a Israel, pero también a Sudán y a Arabia Saudí. En el “arco del terrorismo” maldito metía a Irak, Irán, Yemen, Líbano y Siria.

La función del mapa era concretar el principal objetivo: “Cambiar el equilibrio de la región para los próximos años”, un “nuevo orden” a cristalizar gracias a que pueden “alcanzar y golpear cualquier punto de Oriente Próximo”. Lo que un día fue misión defensiva se convertía así en doctrina consolidada de agresión violenta.

No lo fue en el pensamiento del padre fundador del sionismo, Theodor Herzl, que postulaba la vía diplomática. Autor de El Estado judío (1896), lo delimitó como “la zona que abarca desde la ribera de Egipto [el Nilo] hasta el Éufrates [la mitad occidental de Irak] e incluye partes de Siria y de Líbano”.

No parecía agresivo: “Que se nos dé la soberanía sobre un pedazo de la superficie terrestre que satisfaga nuestras justas necesidades como pueblo. A todo lo demás ya proveeremos nosotros mismos”, aunque su vis expansiva se prefiguraba en el ancho mapa que ideó para aquel Estado soñado.

Varias corrientes de la ideología la endurecieron, en parte incentivadas por la escasa o nula amistad de los vecinos árabes. Una estrategia para Israel en los años ochenta, que ha sido el plan más completo del Gran Israel, lo escribió un periodista ultra, Oded Yinon. Se publicó en 1982 en la Revista para el judaísmo y el sionismo, y propició la inmediata invasión de Líbano.

Yinon propugnó sin cautelas la expansión de fronteras; usar la coartada de seguridad para ocupar zonas de países limítrofes; castigar toda resistencia con bombardeos y el exterminio de las ciudades. Y la fractura y división de los Estados vecinos, balcanizando la región. Un hito relevante sería años más tarde la partición política de Irak en tres, tras la invasión de 2003.

Su receta era de dureza extrema: “No poder tomar medidas hacia [o sea, contra] la población árabe en los nuevos territorios” es “el mayor error estratégico cometido por Israel la mañana siguiente de la guerra de los Seis Días”, de 1967. Y claro, postuló recuperar el Sinaí, o “la disolución del poder militar” de Egipto, Siria, Irak y la península arábiga, troceando sus estructuras en múltiples mini-Estados irrelevantes. Divide y vencerás.

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