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Una potencia científica como cualquier otra

China ha situado la ciencia como una de sus prioridades estratégicas, a la altura del crecimiento económico, la influencia internacional y la capacidad de defensa

Una investigadora trabajaba en marzo de 2024 en un laboratorio de una empresa de biotecnología en Binzhou, en el este de China.NurPhoto / Getty

No hay una ciencia china. La ciencia es una, y la mejor prueba es la forma en que el gigante asiático se está convirtiendo, sin pausa pero con prisa, en una potencia científica como cualquier otra.

Tomemos ...

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No hay una ciencia china. La ciencia es una, y la mejor prueba es la forma en que el gigante asiático se está convirtiendo, sin pausa pero con prisa, en una potencia científica como cualquier otra.

Tomemos la llamada medicina tradicional china, ese empleo milenario del ginseng para infundir energía al cuerpo, astrágalo para estimular las defensas, regaliz para reducir la inflamación, jengibre, ganoderma, bayas de goji y qué sé yo cuántas raíces, setas e inflorescencias más. Puedes preguntar a tu robot de compañía por más referencias y acudir a la farmacia tradicional china más próxima para adquirir los productos. Otra cosa es que te vayan a servir para algo. Eso no lo sabe ni el farmacéutico, ni el robot ni el Yijing, o libro de las mutaciones, porque nadie se ha molestado en comprobarlo en los últimos cuatro milenios. Y comprobarlo significa hacer ciencia. No ciencia china —eso no existe—, sino ciencia.

Nadie es más consciente de ello que el Gobierno de Pekín, cuyas nuevas regulaciones exigen a los fabricantes que aporten datos de eficacia y seguridad si quieren mantener sus productos médicos en el mercado. Las normas, que llevan en vigor desde el otoño pasado, se refieren a las versiones inyectables de estos productos tradicionales. Estas inyecciones se empezaron a usar en los años cuarenta y cincuenta para aumentar la concentración de los extractos tradicionales. En 2016, alcanzaron unas ventas cercanas a los 3.000 millones de dólares, pero ahora han caído a la mitad debido a las informaciones sobre efectos adversos, incluida alguna muerte, que han aparecido en la prensa local. En cualquier caso, y como resultado de las nuevas regulaciones, varias empresas del país están haciendo ensayos clínicos homologables a los occidentales, con sus controles de placebo, sus garantías de doble ciego y sus investigaciones sobre los mecanismos de acción.

La tendencia no es distinta en otras áreas de la ciencia. Un millar y medio de físicos, ingenieros y observadores se han reunido hace poco en Hefei, la ciudad de nueve millones de habitantes donde China está construyendo un gran reactor de fusión nuclear llamado BEST (siglas inglesas de Tokamak Superconductor Experimental de Plasma en Combustión). La fusión es la otra energía nuclear, la que no se basa en romper átomos pesados como el uranio (fisión), sino en combinar átomos ligeros como el hidrógeno. Ninguna de las dos emite CO₂, pero la fusión tiene la enorme ventaja de que no genera residuos radiactivos de larga duración, que son una hipoteca para las generaciones futuras. El objetivo del BEST es conectarse a la red eléctrica en 2030. Si tiene éxito, China llegará a la fusión nuclear 10 años antes que cualquier país occidental. Eso sería un hito histórico, porque la fusión es el santo grial llamado a sustituir a los combustibles fósiles, y su importancia ambiental y geoestratégica es incalculable.

China, desde luego, también se propone ser un líder en inteligencia artificial (IA), física cuántica y otras tecnologías de la computación. Su 15º plan quinquenal, que servirá como guía al desarrollo del país hasta 2030, se aprobó la semana pasada. El presupuesto científico chino va a aumentar este año nada menos que un 10% hasta el equivalente a 54.000 millones de euros (426.000 millones de yuanes). Es evidente que la ciencia es ya una prioridad de Pekín, a la altura del crecimiento económico, la influencia internacional y la capacidad de defensa. China ha considerado su desarrollo científico con una visión global que abarca desde el diseño de chips hasta la fabricación de productos biológicos pasando por la maquinaria industrial, los instrumentos de gama alta, el software básico y los materiales avanzados. Mientras los países occidentales se enredan sembrando el caos en Oriente Próximo, el Lejano Oriente se dispone a despegar sobre un sólido fundamento científico. Así son los tiempos.

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