Hungría, laboratorio electoral de una IA sin control
Orbán puede contar con la opacidad de las plataformas. Monitorizar una campaña en las redes es mucho más complejo que analizar un mitin o un debate televisado
El vídeo dura algo más de 30 segundos. Suena una melodía de piano mientras una niña rubia contempla la lluvia desde la ventana de su casa. “Mamá, ¿cuándo volverá papá?”, pregunta. La madre cocina cerca. La siguiente secuencia muestra a un grupo de soldados arrodillados en un campo anegado por la lluvia. Tienen los ojos vendados. Frente a ellos, lo que parece un oficial de un ejército enemigo pasea con una pistola en la mano. Su uniforme recuerda al del ejército alemán. Dispara. Un hombre se desploma, y cae de su mano la foto de la niña. Una voz en off sentencia: “La guerra arrasa con todo. No dejes que los demás decidan el destino de tu familia. Fidesz es la única opción segura”.
La escena forma parte de la munición electoral con la que el primer ministro húngaro, Viktor Orbán, intenta revertir las tendencias de algunas encuestas independientes que sugieren que sus más de 15 años en el poder podrían estar llegando a su fin. El próximo 12 de abril, Hungría celebra unas importantes elecciones legislativas con serias opciones de victoria para Péter Magyar, candidato del partido conservador y europeísta Tisza. Para Orbán es el momento de ir con todo, empezando por el miedo, uno de sus carburantes digitales preferidos.
La historia de la niña, generada con inteligencia artificial y difundida por el entorno digital de Fidesz sin advertencia clara de que no se trata de imágenes reales, busca fijar en la mente de los votantes una asociación directa: un eventual cambio de Gobierno podría implicar la guerra si Hungría se alinea con la estrategia europea respecto a Ucrania.
Atizar emociones primarias no es una improvisación en la estrategia de Orbán. Es una convicción política de largo recorrido. En 2010, regresó al poder con una mayoría contundente tras incorporar a su equipo al estratega estadounidense Arthur Finkelstein, veterano consultor republicano especializado en campañas negativas. La del aquel año marcó un punto de inflexión. Desde entonces, el mensaje de Orbán se estructura en torno a amenazas: enemigos externos, élites desconectadas y riesgos existenciales para la nación. Primero fue la crisis económica, después la inmigración y más tarde George Soros, Bruselas o la guerra en Ucrania. La misma lógica se mantiene de manera constante: construir marcos de inseguridad, inocular el miedo y presentarse como el único garante de la estabilidad. Las redes sociales se han convertido en el instrumento idóneo para desplegar esa arquitectura emocional.
Con el paso de los años, esa estrategia ha incorporado nuevas herramientas. A finales de octubre de 2025, el director de campaña de Orbán difundió en Facebook un vídeo deepfake en el que Péter Magyar parecía defender posiciones contrarias a las que sostiene públicamente, especialmente en materia de política europea. El montaje fue identificado rápidamente como contenido generado mediante inteligencia artificial. No era necesario que convenciera a millones de personas. Bastaba con introducir la duda y erosionar así la credibilidad del político.
Orbán cuenta además con otro aliado estructural: la opacidad de las plataformas. Monitorizar una campaña electoral en redes sociales resulta mucho más complejo que analizar un mitin o un debate televisado. Empresas como X o Meta ofrecen acceso limitado a datos, si es que lo ofrecen. Verificadores húngaros han detectado anuncios políticos en Facebook vinculados al entorno de Fidesz que circulan sin un etiquetado claro que los identifique como publicidad electoral.
En Alemania, un tribunal ha ordenado a X que facilite datos a los investigadores para que puedan analizar la difusión de contenidos relacionados con las elecciones de Hungría en aplicación de la Ley de Servicios Digitales de la UE. La resolución recuerda que la plataforma, como gran operador digital en territorio europeo, debe permitir el acceso a información sobre el alcance, las interacciones o los patrones de amplificación de los mensajes cuando existan riesgos sistémicos para el proceso democrático. Ese riesgo existe en el caso de la campaña húngara Y en otras que tendrán lugar en Europa durante este año convulso.