De Palestina a México, la geografía como testigo de violencia
El nuevo libro del artista mexicano Pablo Rasgado bucea en los vestigios arquitectónicos y la modificación de paisajes intervenidos por la violencia, como el de Gaza, como guía para comprender mejor la historia de un pueblo


Un evocador ocaso en Ramallah fruto de un intempestivo apagón total de luz, un muro devastado en Nablus, o la vista calma de una playa clausurada en el parque nacional de Cesarea Marítima, en Israel. En su libro más reciente llamado Horizonte. Una expedición desde Jenin hasta el Negev, y una escultura resultante (Sexto Piso, 2025), el artista Pablo Rasgado (Jalisco, 1984) traza mediante el registro fotográfico una suerte de mapa no lineal, derivado de caminatas y conversaciones en territorio palestino, para conectar la resiliencia de las personas con las cicatrices del paisaje, a través de sus historias (líneas).
La fragilidad y belleza del libro es fruto de un proyecto truncado por la escalada de la violencia en Palestina. Rasgado, artista contemporáneo que suele trabajar con espacios arquitectónicos, muros y materiales diversos revertidos en composiciones abstractas, cuenta cómo la génesis de una primera visita previa a la pandemia de la covid que azotó al planeta entero -proyectada para culminar en una exposición- fue quedando a la deriva para convertirse hoy en este libro.
“El proyecto comenzó con la invitación de la A.M. Qattan Foundation para pasar una temporada en la región. A partir de ese primer viaje, el proyecto empezó a crecer y se volvió algo mucho más grande que incluyó un simposio, vinculación con diferentes organizaciones. La idea era terminar con una exposición programada para 2024, pero que por la escalada en la violencia ya no fue posible siquiera regresar”.

Durante aquellas primeras visitas ya de por sí complejas, duras y reveladoras, en donde Rasgado reafirma su entendimiento de la arquitectura “como un objeto que contiene tanto personas pero también historias”, vino la idea de desarrollar un proyecto basado en un análisis de la arquitectura palestina y de las tipologías de estas estructuras que tienen impacto en el conflicto y en la región.
“Poco a poco ese proyecto fue creciendo y pasó de ser tan sólo un análisis tipológico a uno del paisaje, un concepto más grande analizado desde una perspectiva tafonómica, metiéndonos en los restos, en aquello que queda; en cómo se van construyendo los sustratos en el paisaje”, detalla el artista, para quien uno de los primeros miedos era no asumirse como un experto superficial de mirada occidental de los que abundan en este tipo de proyectos.
En una reflexión del libro, Rasgado asume que los muros sólo adquieren relevancia cuando son entendidos más allá de su composición material y se estudian a través de su historia, contexto e implicación social. No obstante, en un territorio lacerado como el palestino, donde el paisaje era constantemente desvanecido, transformado o completamente erradicado en poco tiempo, profundizar se volvía una tarea aún más difícil.
“Es sencillo pensar que uno conoce un lugar tras una visita o un par de ellas, pero un lugar tan complejo como este requiere de mucho más que meterse en el sitio, en la cultura y en los códigos. Quisimos evitar el ser un turista en un lugar de esta magnitud. Ya en 2012 había hecho un primer viaje a la región. Pude entrar al territorio ocupado pero nunca con esta profundidad de ir meses, quedarme y meterme a Ramala. Ninguno de ellos fue un viaje fácil y siempre hay un componente de tensión, de cierto riesgo y cosas inesperadas que suceden. Y es muy difícil planear en ese sentido”.

De vuelta a Ramallah
Teniendo Ramallah como base, Rasgado pudo recorrer puntos nodales de la región como Hebrón, Jenin, Belén, Jerusalén y también Nablus, que confiesa son localidades con códigos difíciles de descifrar y donde vivió de cerca enfrentamientos armados a media cuadra de distancia.
“Hubo momentos donde las cosas empezaban a adquirir otro significado, como un cambio en la mirada donde justo el paisaje se abrió en un sentido de entender los restos. Entender cada piedra como una parte importante y que muchas veces escapa la mirada dentro de esta narrativa más grande. Una narrativa que además nos han hecho creer -o quieren hacernos creer-, a partir de esta idea como de tabula rasa, que todo empezó en octubre 7, cuando en realidad esto lleva siglos y siglos de distancia y que en el paisaje, en estas capas geológicas, está quedando ese registro de ello”, cuenta Rasgado, quien fue incrustando imágenes en sitios específicos para ver cómo evolucionaban, pero que por el conflicto fue imposible regresar.
Para el artista mexicano era importante darle un cierre digno y valioso al proyecto, por lo que el resultado más propicio pensado fue la publicación del libro en cuestión, haciendo más factible su retorno a territorio palestino cuando haya oportunidad. Editado en lengua árabe, inglés y castellano, Horizonte es un libro que ha hecho tener otra mirada sobre la pertinencia de un formato física en tiempos de conflictos globales y comunicaciones digitales.
“Una de las cosas más lindas de este proyecto es entender desde dónde podemos tener injerencia en estos eventos globales de esta magnitud, desde dónde podemos nosotros actuar. Entonces, el libro se vuelve una manera de hacerlo pero también, al mismo tiempo, nutre al proyecto original con pequeños gestos; le hace ganar impacto vinculando a un grupo de amigos cercanos al conflicto, rescatando un patrimonio intangible”.
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