Marcelo Ebrard

Marcelo Ebrard se destapa para la carrera por la sucesión de López Obrador

El accidente del metro no ha conseguido descabalgar de la aspiración por la presidencia al canciller ni a Claudia Sheinbaum. Ambos tienen el visto bueno de presidente

Ebrard junto a López Obrador durante su intervención de este martes en la conferencia matutina.
Ebrard junto a López Obrador durante su intervención de este martes en la conferencia matutina.José Méndez / EFE

Los dos favoritos, por ahora, a disputarse la candidatura de Morena para las elecciones presidenciales de 2024 van tomando posiciones. Mientras la jefa de Gobierno capitalino, Claudia Sheinbaum, ha retomado la iniciativa durante las últimas semanas con sonoros actos públicos y demostrado un vigoroso músculo dentro del partido, el canciller Marcelo Ebrard ha reconocido públicamente por primera vez su intención de participar en la pugna. “Hay que agradecer al presidente que nos tome en cuenta”, anunció durante su intervención en la conferencia matutina de este martes, donde López Obrador reconoció que se ha abierto la veda: “Todos tienen derecho a moverse”. Simplemente dijo que no quiere que abandonen su trabajo actual para dedicarse a otras tareas.

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Tras un caudal de rumores y especulaciones, los dos favoritos redoblan su apuesta dos meses después del desplome de la Línea 12 del metro en el que murieron 26 personas y decenas más resultaron heridas. Una tragedia que supuso un durísimo revés a las aspiraciones de ambos haciendo mella en sus niveles de popularidad. La infraestructura se construyó durante el mandato de Ebrard (2006-2012) como alcalde de la ciudad y después de unas polémicas reparaciones tras el sismo de 2017, también Sheinbaum vio menoscabado su tirón público por el accidente.

Ebrard reconoció que recientemente se reunió con su círculo más cercano para anunciarle oficialmente su intención de resarcirse tras el golpe a su popularidad y entrar en de lleno en la pelea. Hombre fuerte de López Obrador, vicepresidente de facto, su figura se ha agrandado estos tres años de Gobierno con sus intervenciones en la crisis diplomática con EE UU o la gestión para traer vacunas para la Covid-19 al país. Ebrard ha querido también, como en su día lo hizo Sheinbaum, lanzar una mensaje de calma y paciencia. “Faltan dos años y medio, dediquémonos a trabajar. Y por supuesto que cuando se den las normas y lleguen los tiempos, estamos a la mitad del Gobierno, cuando eso llegue, estemos preparados para participar de acuerdo a las reglas que en su momento se darán”.

El propio López Obrador había dado recientemente una batería de nombres de posibles candidatos. Un movimiento interpretado como un capote a los favoritos destinado a bajar la temperatura de la incipiente carrera después del traumático accidente en Ciudad de México. El presidente volvió este martes a abrir el abanico y a tomar distancia con el método tradicional, casi un ritual, de designación de candidatos por parte del PRI. Un nombramiento a dedo por parte del presidente conocido como el destape.

“Ya no hay tapados”, ha dicho López Obrador esta mañana. Ha fijado su origen en los tiempos de Porfirio Díaz, pero fue un sistema muy bien abonado en las décadas del PRI. “Ya no hay tapados, yo soy el destapador y mi corcholata favorita va a ser la del pueblo. La gente en su momento va a elegir de forma libre, democrática, quién debe representarnos”, ha añadido el presidente, sin clarificar en todo caso cuál será el mecanismo que más adelante pondrá en marcha el partido para la elección interna de su candidato.

En paralelo al destape de Ebrard, la jefa de Gobierno capitalino ha potenciado durante las últimas semanas su presencia pública con inauguraciones de obras públicas o grandes actos de partido donde los seguidores la han arropado. El 1 de julio, durante el acto oficial de Morena para conmemorar los tres años de la victoria de López Obrador, fue la figura más aplaudida entre vítores y cánticos de “¡presidenta!, ¡presidenta!”, aludiendo a su destape como candidata, indicado por el propio presidente.

Con la oposición desarticulada, sin un rumbo claro ni por el momento ningún liderazgo fuerte, el próximo candidato de Morena partirá como favorito. Según un estudio de SIMO Consulting para EL PAÍS realizado antes de las elecciones intermedias pero justo después del accidente del metro en la capital, la jefa de Gobierno de Ciudad de México superaba al canciller en intención de voto, pero empataban entre los simpatizantes de Morena ante una posible postulación a las presidenciales

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