Todo cabe dentro de las tiendas de campaña anti López Obrador

La oposición más recalcitrante paraliza el centro de la capital y cuela mensajes homófobos, xenófobos y anticomunistas en sus consignas contra el Gobierno mexicano

Un manifestante en el campamento del Frente Nacional AntiAMLO (Frena) en Ciudad de México.NAYELI CRUZ

La oposición más radicalizada contra el Gobierno mexicano tiene dos enemigos principales: Andrés Manuel López Obrador y la lluvia. En el plantón del Frente Nacional AntiAMLO (Frena) en Ciudad de México se ven más colchonetas y ropa mojada secándose al sol que pancartas y arengas contra el presidente. La consigna del movimiento era plantarse a partir del fin de semana hasta que López Obrador dejara el poder, pero las trombas que han caído en los últimos días aguaron la protesta, dejando cientos de tiendas de campaña vacías, en una estampa que ha desquiciado el tráfico en las concurridas calles del centro de la capital y que ha desatado las burlas y las críticas de los sectores más fieles a la tribuna presidencial.

La lluvia no fue lo único que no estaba en los planes de Frena. Los manifestantes tenían previsto instalarse en la plaza del Zócalo, pero la Policía de Ciudad de México les impidió el paso y quedaron aparcados y encajonados por cientos de agentes en la avenida Juárez. “Nos vamos a quedar aquí el tiempo que sea necesario, nos están bloqueando y no nos iremos a ninguna parte”, afirma Sara Martínez, de 51 años, que hizo el viaje desde Monterrey, en el norte del país, para unirse a la protesta. Su tienda de campaña está justo frente al Palacio de Bellas Artes, al lado de las vallas metálicas que siguen pintadas con consignas del movimiento feminista y a centímetros apenas del cordón policial.

Ahora que el tiempo ha amainado, los miembros del movimiento justifican que no fue solo el agua lo que los dispersó, sino que varios tuvieron que “irse al trabajo” o “cubrir necesidades básicas”. “Muchos fueron a bañarse o a descansar para recuperar fuerzas”, explica Juan, un manifestante de 64 años que pide el anonimato por miedo a represalias y al escarnio. “¿Tengo que mojarme para que mis demandas sean más válidas, para martirizarme como hacen otros?”, cuestiona molesto, mientras trata de reparar una de las varillas de su tienda.

“Lamentablemente, muchos compañeros no saben manifestarse ni tienen experiencia en movimientos sociales”, reconoce Raúl Pérez, de 38 años, que se desplazó desde Ecatepec, en la periferia de la zona metropolitana. “Tenemos un presidente populista, hipócrita y déspota, que ha reciclado una clase política corrupta y las mismas promesas de siempre”, dice Pérez, enfundado con una camiseta de la selección nacional.

En la superficie, el anzuelo de Frena es capitalizar el descontento con el Gobierno como un movimiento antisistema, apartidista y pacífico. López Obrador es presentado como un criminal y un mentiroso, que tiene una oscura agenda para convertir a México en Venezuela o Cuba. Pero todo cabe en el antilopezobradorismo. El hartazgo por las pifias presidenciales se mezcla con el miedo al comunismo, la homofobia, el discurso antiderechos, la xenofobia y la defensa de la familia tradicional.

“López Obrador es antimexicano, sirve a intereses extranjeros”, dice Rosa María Montes, de 48 años, que llegó a la protesta desde Puebla, uno de los bastiones históricos del conservadurismo. A unos metros de una escultura de papel maché de un López Obrador con cuernos, Montes explica primero que Frena defiende la democracia, el derecho de los mexicanos trabajadores y las libertades fundamentales, pero acaba hablando de “los ataques al matrimonio entre hombres y mujeres” y de “la agenda secreta” del Foro de Sao Paulo, un mecanismo que aglomera a las izquierdas latinoamericanas que llegaron al poder en las últimas dos décadas.

— ¿Es un movimiento que defiende a la religión?

— No, somos un movimiento completamente laico, contesta Montes, al tiempo que se mete debajo de la blusa el rosario de metal que antes colgaba alrededor de su cuello.

“Estamos rodeados de guardias bolivarianos, son venezolanos casi todos ellos”, dice Bernardo Díaz, un manifestante de 42 años que vino del Estado de Hidalgo, mientras señala el cordón policial. Díaz insiste en los peligros del chavismo y remata con un largo discurso sobre las caravanas de migrantes centroamericanos que, asegura, “están financiadas por George Soros”. “No estoy en contra de los extranjeros, pero esas caravanas están llenas de maras y criminales, todo consentido por los empleados de Soros en el Gobierno de López Obrador”, agrega.

Los discursos conspiranoicos de ultraderecha han perdido terreno en el discurso público de Frena y de su fundador, Gilberto Lozano, a medida que el grupo ha amasado de a poco notoriedad mediática. Debajo de la fachada pacífica y enterrados en sus primeras publicaciones en redes sociales, Lozano no es tímido sobre sus miedos contra “la conspiración judeomasónica” o los ataques provocados por la “heterofobia” ni en llamar “maricas” a quienes se niegan a debatir con él. “Si Cuba o Venezuela hubieran tenido un Gilberto Lozano, no estarían viviendo en una dictadura”, señala Díaz.

Las inclinaciones ultraderechistas de Lozano —un empresario que trabajó en Femsa, el emporio embotellador de Coca Cola en México, y dirigió el Club de Fútbol Monterrey— no paran en las palabras ni en las exageraciones sobre la fuerza de su movimiento. También hay guiños al partido español de ultraderecha Vox, al que Frena ha copiado la estrategia de hacer grandes caravanas patrióticas en automóviles, sin la necesidad de que los manifestantes bajen de sus vehículos para repudiar al Gobierno, y de satanizar el Foro de Sao Paulo. El propio plantón, que Lozano abandonó en la tarde del domingo por problemas de salud, es una calca inesperada e irónica de las protestas que López Obrador orquestó en 2006 tras denunciar un fraude en la primera elección presidencial en la que compitió.

En el otro extremo, López Obrador marca el tono y el ritmo del sainete mediático y no ha titubeado en seguir el juego a Frena, una oposición que sigue batiéndose en los márgenes y con poca incidencia política, para hacer un caso sobre supuestas maniobras desde la derecha para desprestigiar a su Gobierno. A los ojos del presidente, sus detractores también entran en la misma bolsa: los “intelectuales orgánicos”, la prensa crítica, sus rivales políticos y, por supuesto, Frena. “Que voten por los partidos opositores a nosotros, los que no quieren que haya transformación, los que quieren que continúe el antiguo régimen de corrupción, de injusticias y de privilegios”, ha dicho este lunes el mandatario en su conferencia de prensa matutina. “Que terminen de formar ya el bloque conservador reaccionario”, ha agregado.

En el juego de la polarización, agentes en el operativo policial explican que la instrucción es proteger a los manifestantes, evitar choques entre grupos pro y antigobierno, y prevenir riesgos sanitarios en medio de la pandemia. Y los miembros de Frena fruncen el ceño cuándo se les pregunta qué sigue después de la salida de López Obrador. La realidad es que los manifestantes consultados no lo tienen claro y que son las mismas dudas que asaltan a Morena, el partido del Gobierno. No hay planes para formar su propio partido ni agenda ni propuestas más allá de la reacción, un reflejo del escenario político con miras a la elección intermedia de junio próximo, en la que están en juego más de 2.000 cargos públicos y que se perfila como un enorme referéndum alrededor de la figura presidencial.

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