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China se ofrece como alternativa de “estabilidad” ante los conflictos globales

El primer ministro, Li Qiang, reafirma la oposición de Pekín al “hegemonismo y las políticas de poder” en el discurso inaugural de la Asamblea Nacional Popular

El presidente de China, Xi Jinping, durante la ceremonia de apertura de la sesión plenaria de la Asamblea Nacional Popular, el 5 de marzo de 2026. ANDRES MARTINEZ CASARES (EFE)

Mientras el mundo arde y se extienden por la pradera geopolítica los incendios que azuza el inquilino de la Casa Blanca, China se ha ofrecido este jueves al mundo como un islote de estabilidad a largo plazo; un gigante industrial centrado en el desarrollo económico, el crecimiento predecible y los avances tecnológicos. La alternativa a la inestabilidad global y a los ataques a países soberanos: “Nos opondremos con firmeza al hegemonismo y las políticas de poder y defenderemos la justicia internacional”, ha proclamado el primer ministro chino, Li Qiang, durante...

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Mientras el mundo arde y se extienden por la pradera geopolítica los incendios que azuza el inquilino de la Casa Blanca, China se ha ofrecido este jueves al mundo como un islote de estabilidad a largo plazo; un gigante industrial centrado en el desarrollo económico, el crecimiento predecible y los avances tecnológicos. La alternativa a la inestabilidad global y a los ataques a países soberanos: “Nos opondremos con firmeza al hegemonismo y las políticas de poder y defenderemos la justicia internacional”, ha proclamado el primer ministro chino, Li Qiang, durante la inauguración de la Asamblea Nacional Popular (el Legislativo chino). Pekín busca “promover un mundo multipolar igualitario y organizado y que beneficie a toda la humanidad”, ha agregado Li, aunque sin mencionar en ningún momento de forma expresa el ataque de Estados Unidos e Israel contra Irán.

A años luz de las imprevisibles maniobras de la política del reality show instalada en Washington, Li ha leído con tono monocorde un discurso plomizo ante los cerca de 3.000 diputados chinos el informe de trabajo del Gobierno, uno de los hitos principales de las llamadas Dos Sesiones, la gran cita política anual de la República Popular. El cónclave reúne durante una semana en Pekín al pleno del Parlamento y de la Conferencia Consultiva, un colorido y multitudinario órgano asesor.

Las palabras del primer ministro en apoyo del “multilateralismo” y de los “logros” de la II Guerra Mundial han arrancado los primeros aplausos ―breves, sobrios: aquí rara vez algo se sale de su sitio― de los delegados que escuchaban atentamente en el Gran Salón del Pueblo, el gigantesco edificio reservado para las ocasiones señaladas, en un lateral de la plaza de Tiananmen. Cada vez que los representantes pasaban una página del informe, se oía un aleteo preciso y obediente en las tripas del auditorio.

Su intervención, en cualquier caso, ha girado en torno al desarrollo económico, como es costumbre. China, ha transmitido Li, sigue centrada en mantener su rumbo económico y estratégico marcado por los designios del Partido Comunista. Pero, por primera vez en tres años, el Gobierno ha rebajado ligeramente su objetivo de crecimiento para 2026 al “4,5% o 5%″ en un momento en el que “el entorno económico y comercial internacional atraviesa cambios drásticos”, ha señalado el primer ministro.

La economía china aún se sostiene sobre la paradoja que ha definido los últimos meses: en 2025, en plena guerra comercial con Estados Unidos, mantuvo un crecimiento del 5% y lo hizo, en buena medida, apoyándose en las exportaciones, a pesar de los embates arancelarios de la Administración Trump. El gigante asiático cerró el año con un superávit comercial de más de un billón de euros, el mayor jamás registrado, que se convirtió en colchón frente a una demanda interna que sigue sin coger tracción desde la crisis sanitaria provocada por la covid-19. “Seguir impulsando la demanda doméstica y mejorar los suministros” forma parte de los propósitos para 2026.

“El unilateralismo y el proteccionismo escalaron de manera abrupta y la volatilidad azotó los mercados con frecuencia, lo que provocó que el comercio exterior de China sufriera una presión considerable”, ha afirmado además el primer ministro, en una referencia velada a la guerra comercial desatada por el presidente estadounidense, que llegó a alcanzar cotas estratosféricas y mantuvo al planeta en vilo.

En una inusual referencia directa a Washington, Li ha reconocido que se han producido “resultados positivos” tras las cinco rondas de negociaciones comerciales, y ha citado el “importante entendimiento” alcanzado por los líderes de ambos países en Corea del Sur el pasado octubre. “Ayudó a cimentar una cooperación económica y comercial más estable”, ha aseverado, fijando un tono optimista para las relaciones entre las dos grandes economías del planeta. No ha dicho una palabra, sin embargo, sobre la eventual visita de Trump a Pekín, prevista para finales de este mes, aunque crecen las voces que cuestionan el viaje, después del ataque de que el estadounidense lanzara una operación relámpago sobre Irán.

La reunión política cobra este año especial relevancia: la Asamblea será la encargada de aprobar el próximo plan quinquenal, la hoja de ruta política, social, económica y militar de China hasta 2030. Esta rémora de la Unión Soviética, que China emplea desde 1953 (van por el 15º plan), sigue siendo la brújula que orienta las prioridades industriales y la inversión pública y alinea la vasta burocracia del país con la visión estratégica del Partido, “nucleado en torno al camarada Xi Jinping”, como afirma con el habitual lenguaje alambicado la traducción oficial al español del informe de trabajo.

El nuevo documento llega tras cinco años de turbulencias (desde la pandemia a la guerra arancelaria, pasando por una crisis inmobiliaria) y se presenta en un momento que el propio liderazgo chino define como una ventana crítica para consolidar el salto tecnológico del país y superar los llamados “cuellos de botella” en sectores clave. El objetivo no es solo sostener el crecimiento económico, sino situar a China en el centro de las cadenas de valor tecnológicas que definirán la economía mundial en las próximas décadas.

El primer ministro ha trazado las líneas generales del programa. La visión de Pekín tiene mucho que ver con el “desarrollo de alta calidad”; la “innovación” y la “autosuficiencia” científico-tecnológica”; con un “sistema industrial moderno cuya columna vertebral sean las industrias manufactureras avanzadas” y con la búsqueda de “avances rompedores” en tecnologías de vanguardia. Li también ha hecho referencia a la necesidad de impulsar la “demanda interna” y de construir “una sociedad amigable con la natalidad”: tanto el consumo átono como la caída de la tasa de nacimientos son dos de los grandes dolores de cabeza de las autoridades comunistas.

China es consciente del atractivo de sus planes a medio plazo. Más allá de reconocer algunas grietas y retos pendientes, todo el discurso de Li buscaba reflejar esa idea de que el gigante asiático sigue su propio ritmo, con objetivos que van más allá de las fluctuaciones cotidianas de los mercados o de las pulsiones incontroladas de Trump en las redes sociales: ningún dirigente chino tuitea. El informe de trabajo habla de proyectos a 5, 10 y 20 años vista y repite hasta 19 veces la palabra “estabilidad”, mientras el resto del planeta se mide, con suerte, en los brevísimos tempos electorales, en la fugacidad de internet.

Estos días, el diario China Daily, parte del aparato estatal de propaganda, ha creado un vídeo sobre el plan quinquenal mediante la inteligencia artificial china Seedance para incidir en este cóctel de ideas. Y dice mucho sobre la imagen que China busca transmitir al mundo. Muestra una sucesión de espectaculares imágenes futuristas de naves espaciales, rascacielos y tecnología punta. Hasta que hay un corte a una ciudad siendo bombardeada, que podría ser Gaza o Teherán. “En un mundo lleno de conmociones e incertidumbre, los planes quinquenales de China representan algo cada vez más escaso: claridad a largo plazo. Eso es algo que los líderes mundiales están buscando”, dice una voz. Acto seguido, el vídeo corta al lanzamiento de un cohete del programa espacial chino, que viaja hasta una ciudad galáctica y ecológica, coronada por molinos de viento y cosida por trenes de alta velocidad.

Taiwán, la isla autogobernada que Pekín considera una parte irrenunciable de su territorio, es una referencia ineludible en el discurso del primer ministro; el uso de sus palabras suele ser además objeto de sesudos análisis entre sinólogos. “Combatiremos con firmeza a las fuerzas separatistas que buscan la independencia de Taiwán”, ha dicho en esta ocasión. “Nos opondremos a las injerencias externas, con el fin de promover el desarrollo pacífico de las relaciones a través del estrecho y avanzar en la causa de la reunificación nacional”.

Su observación sobre uno de los puntos más calientes de la geopolítica mundial ha llegado justo después de hablar sobre la necesidad de garantizar la “lealtad política” en el Ejército Popular de Liberación (EPL, el ejército chino), en lo que puede interpretarse como una referencia a las recientes purgas en la cúpula militar china.

El discurso ha coincidido con la publicación, también este jueves, del dato sobre gasto en defensa: crece un 7% con respecto al año pasado, hasta alcanzar los 1,91 billones de yuanes (245.000 millones de euros) en 2026. Es ligeramente inferior al incremento del 2025, cuando fue del 7,2%. En la era Xi, que lleva casi 14 años en el poder, el gasto militar se ha casi triplicado. Pero la campaña “anticorrupción” en el EPL es interpretada como una señal de problemas sistémicos dentro del complejo militar-industrial chino, donde los enormes presupuestos destinados a las fuerzas armadas habrían alimentado redes de corrupción en la contratación de equipos y sistemas de armas.

“Obtendremos avances sólidos en el entrenamiento militar y la preparación para el combate, y aceleraremos el desarrollo de capacidades de combate avanzadas”, ha prometido Li, quien también ha recordado que nadie está libre de caer bajo el radar de las inspecciones. “Intensificaremos los esfuerzos para lidiar con las malas conductas y la corrupción”, ha advertido esta mañana Li.

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