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“¡Suelten a Lula! ¡Suelten a Lula!”

Centenares de simpatizantes acudieron al lugar donde estaba detenido el expresidente a la espera de su liberación

Lula da Silva
Policía militar y partidarios de Lula, en la ciudad de Curitiba, este viernes. REUTERS

“¡Suelten a Lula! ¡Suelten a Lula!”, gritaban este viernes en la puerta del edificio de la Policía Federal, en Curitiba, centenares de personas que se amontonaban frente al edificio en que estaba preso el expresidente. La decisión adoptada el jueves por la Suprema Corte de Brasil, que permitía liberar a Lula en cualquier momento, llenó de esperanza a sus electores, que aguardaban ansiosos su salida. Gente venida de distintas ciudades de Brasil han estado allí desde el primer día de su encarcelamiento, el 7 de abril de 2018, en una especie de vigilia alrededor del edificio. Desde allí lo saludaban religiosamente los 580 días en que Lula lleva detenido con un “buenos días, presidente”, “buenas tardes, presidente”, “buenas noches”.

La defensa del exmandatario presentó este mismo viernes una solicitud de libertad inmediata, esperando que Lula pudiera reunirse con sus hijos en la ciudad de São Bernardo (São Paulo) este mismo fin de semana. Sus leales votantes son los más entusiasmados, junto a su familia, por la posibilidad de ver al expresidente fuera de la cárcel. Especialmente después de que Lula les prometiera que la primera cosa que haría al salir de su cautiverio sería tomar una copa con ellos. Un gesto de gratitud por la disposición que tuvieron de dormir en un alojamiento junto al cuartel para que Lula no sintiera la soledad.

La asistente social Mirian Krueger, de 60 años, es de Indaial, una ciudad al sur. Llegó aquí el día en que Lula fue detenido, y después ha vuelto unas 50 veces más, según sus cuentas. Con ella trajo a centenares de personas de su ciudad para visitarle en la distancia. Francisco es un trabajador rural de Castro, en el interior del Estado de Paraná, a tres horas de Curitiba. Estuvo aquí cuando Lula entró en prisión y ha vuelto este viernes con la esperanza de verlo libre. “Ver a tanta gente a la puerta de la cárcel es una señal de que Lula hizo muchas cosas buenas por Brasil”, aseguraba Francisco. “Ayudó a mucha gente, ayudó al pueblo, y por eso la gente le tiene ese cariño”.

La Corte revisó la jurisprudencia que permitía ejecutar una pena de prisión cuando estuviera confirmada en segunda instancia, aunque hubiera apelaciones pendientes en tribunales superiores. Una sentencia que daba automáticamente a Lula la posibilidad de salir de la cárcel. Lula tiene pendiente un recurso en el Supremo pidiendo la suspensión de Sérgio Moro, actual ministro de Justicia y el juez que lo sentenció a ocho años de cárcel.

Las expectativas crecían según pasaban las horas, y Curitiba, la ciudad fría que acogió al expresidente en sus peores días, se disponía a vivir otro capítulo de la odisea. Una veintena de coches de policía acordonaba el edificio donde estaba Lula mientras se levantaba un escenario en las proximidades con la esperanza de que el exmandatario hiciera su primer discurso en libertad.

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