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El reacomodo del hormiguero

El triunfo de Morena ha puesto a prueba la capacidad de adaptación de las élites mexicanas

Hormigas en una vitrina. Los grupos de poder y sus esfuerzos por reacomodarse ante el tsunami político que vive México me hace recordar los hormigueros en aparador que alguna vez vi en un museo de ciencias naturales. Como los pequeños insectos, empresarios, dueños de medios, intelectuales y líderes religiosos corren de un lado a otro en busca de la mejor estrategia para acomodar sus asuntos y resolver la tragedia que les ha caído encima.

Los millonarios que juraron que abandonarían el país si el bárbaro de Tabasco asumía la presidencia ahora buscan desesperadamente un contacto cercano al primer círculo de ese al que despreciaron porque ni siquiera sabía hablar inglés. Los dueños de medios descubren repentinamente que sus directores editoriales, furibundos anti lopezobradoristas, merecen ya un descanso. Intelectuales que hasta ayer encontraban absurdas las tesis trasnochadas y anacrónicas de un populista antidemocrático y mesías, encuentran perlas de sabiduría a los dichos del, hasta hace poco, innombrable. 

Los miembros de la élite han llegado y permanecen allí por dos razones (no son las únicas, desde luego). Por un lado, por su capacidad para asegurar que los cambios respondan a sus intereses; por ejemplo cuando jugaron un papel relevante en los triunfos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto en 2006 y 2012, respectivamente. En ambos casos fueron decisivos en el financiamiento de la campaña del miedo contra López Obrador. 

Por otro lado, la élite también es élite por su enorme capacidad de adaptación cuando los cambios le son adversos. El triunfo de Morena, en contra de su voluntad, ha puesto a prueba esa capacidad de adaptación. Nadie sacó su dinero ni especuló en contra del peso como habían dicho (la cotización de la moneda mexicana frente al dólar ha mejorado ligeramente desde la jornada electoral hace un mes). Entre otras razones porque en Miami o Los Ángeles sus negocios no gozan de los márgenes de rendimiento que poseen en México gracias a la red de influencias, información privilegiada y las distorsiones competitivas con las que operan. 

Ahora simplemente intentan congraciarse con el nuevo régimen y desarrollar estrategias para salvar sus cuotas de poder y mantener así sus privilegios. ¿Cómo seguir ganando licitaciones favorables? ¿Qué hacer para atraer las pautas de publicidad oficial de antes? ¿Quiénes serán los nuevos contactos para armar empresas proveedoras de mercancías y servicios del nuevo gobierno? ¿Quién conoce a quién del gabinete entrante? Lo dicho, un hormiguero inundado pero no destruido. Organismos en plena actividad frenética tratando de salvar su hábitat. 

Posdata: una curiosidad malsana: ¿qué pasará con los operadores políticos inmortales (como Emilio Gamboa Patrón, Manlio Fabio Beltrones o Beatriz Paredes por mencionar algunos) que fueron capaces de mantenerse en la cresta de la ola durante décadas sin que importara el tipo de régimen? ¿Sobrevivirán también en esta ocasión o pasarán ya a disfrutar de sus fondos de retiro? No apueste en contra de ellos si no quiere perder su dinero. 

@jorgezepedap