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ESTUDIAR EN ESPAÑA

Y después, a emprender

Jóvenes latinoamericanos crean sus propias empresas en España después de cursar un posgrado

Desde la izquierda, Miguel Fermín Gómez (República Dominicana), Pablo Salcedo (Argentina), Ana Carolina Guglielmi (Brasil) y William Cardona (Colombia), en Bee Lab Coworking, en Madrid.
Desde la izquierda, Miguel Fermín Gómez (República Dominicana), Pablo Salcedo (Argentina), Ana Carolina Guglielmi (Brasil) y William Cardona (Colombia), en Bee Lab Coworking, en Madrid.

Ana Carolina, Yamali, Pablo, William y Miguel tienen muchas cosas en común. Los cinco son latinoamericanos, nacieron en la misma década, los ochenta, y viajaron a España a hacer un curso de posgrado. Pero además comparten un sueño: triunfar y quedarse en este país.

Por eso, los cinco se han puesto manos a la obra y han creado sus propios negocios en los que invertir todo lo aprendido. Han aprovechado esta oportunidad para dar un giro a sus vidas o seguir su propia y natural evolución. Algunos están ya viviendo de los beneficios que arrojan sus empresas y otros están terminando de dar forma a sus proyectos.

Ana Carolina Guglielmi (São Paulo, 1987) viajó a España en 2016 a hacer el MBA Internacional del Instituto de Empresa (IE) por varias razones: aprender español, el carácter internacional de este curso, la ubicación de su campus en el centro de Madrid y la duración de solo un año.

Después de la experiencia ha añadido otros dos motivos, pero en este caso para quedarse en España. “Este es un país que tiene un gran potencial y es una buena plataforma desde la que hacer negocios con Latinoamérica y Europa”, comenta Guglielmi.

Diseño de páginas web, aprendizaje de idiomas, gastronomía y creación de aplicaciones son algunas áreas a las que se dedican

Con esa idea, esta brasileña creó en el verano de 2017 una start-up tecnológica para la salud que utiliza la realidad virtual para la rehabilitación de los pacientes, junto a dos compañeros de su MBA. Se llama Vooiage y en la actualidad se encuentra en fase de captación de fondos. Cuentan además con un software que ya han presentado a varios fisioterapeutas y que ha obtenido “buenas valoraciones por su parte”. Los tres socios han elaborado un prototipo que están probando actualmente con pacientes reales y que se puede ver en su página web, vooiage.com. Es solo el primer paso, ya que quieren “seguir desarrollando en el futuro más aplicaciones para la salud”, según afirma Guglielmi.

Crecer para quedarse

Si hay alguien adicto a los cursos y a los posgrados, ese es el colombiano William Cardona (Cali, 1987). Desde que llegó a España en el año 2008 buscando satisfacer su necesidad de viajar, ha estudiado Criminología en la Universidad de Salamanca, un módulo de Marketing en la Universidad Europea, un máster en Big Data y Business Inteligence en CICE (Escuela de Formación en Nuevas Tecnologías) y en la actualidad está haciendo un máster en Marketing Digital en ESIC.

Este largo periplo se ha concretado ya en la creación de su propia empresa, Dobleu Digital, instalada en ­Creactivos, un coworking de Madrid, con la que se dedica al diseño de páginas web, posicionamiento SEO y redes sociales, entre otras cosas. Cardona trabaja solo y se asocia con otras compañías en proyectos más grandes, pero ya está pensando en contratar a dos personas e incluso contar con un becario. Su objetivo es crecer y quedarse en España. No en vano está casado con una española y tiene un hijo de cuatro años.

En una situación parecida, con pareja española y una empresa ya formada, Kodens (dedicada a resolver problemas tecnológicos), está el dominicano Miguel Fermín Gómez (Santo Domingo, 1986). Aterrizó en España en 2008 para hacer un máster en Ingeniería de Software por la Universidad Pontificia de Salamanca atraído por la cercanía cultural y por el idioma común.

Después trabajó en una empresa durante cinco años y en 2014 se decidió a instalarse por su cuenta, en un proceso que corrió en paralelo a su deseo de quedarse en España, ya que en un principio no era este su objetivo. Pero “la gente y cómo funcionan las cosas aquí” tornaron su decisión inicial. Instalado en su oficina del coworking Bee Lab, en Madrid, cuenta con dos empleados con los que ofrece sus servicios de programación, webs y aplicaciones móviles a más de 30 clientes.

La situación que se vive en la actualidad en Venezuela, “un lugar precioso, pero inseguro y peligroso, que lo hace imposible para vivir”, fue la razón que llevó a España a Yamali Rodríguez (Valencia, 1989). Aunque no empezó con buen pie y abandonó el máster de Comercio Exterior que había venido a estudiar, el hecho de ser bilingüe en inglés y español la llevó a trabajar en Milingual, una empresa de aprendizaje social de idiomas que desarrolla las clases en bares.

Ahora es directora de estudios y gestiona también la web de esta compañía, y su trabajo aquí le ha dado la posibilidad de crear con otro socio su propia empresa, Be English, con la que ofrecen clases de inglés a empresas situadas en las localidades madrileñas de Alcobendas y Tres Cantos.

De Nueva York a Lavapiés

El argentino Pablo Salcedo (Mar del Plata, 1981) reconoce entre risas que le ha dado la vuelta por completo a su vida desde que se trasladó a España a hacer el MBA Internacional del Instituto de Empresa en 2016. Y no le falta razón si atendemos a que antes era abogado corporativo en un bufete de Nueva York y ahora está buscando un local para alquilar por el barrio madrileño de Lavapiés para abrir un gastropub, con el que quiere dar rienda suelta a sus dos pasiones: la cocina y las relaciones sociales.

Reconoce que su deseo de reconvertirse comenzó en la ciudad de los rascacielos y terminó de concretarse en las aulas del IE, un lugar que define como “moderno y de perfil emprendedor” y que da “la oportunidad de conocer a gente inteligente de todas las partes del mundo”.

En ese ambiente y con esos mimbres, Salcedo terminó “de cambiarse la cabeza”, como él mismo dice, y decidirse a hacer algo que le gustara y “que no fuera solo una salida laboral”.

Está cerca de conseguir su sueño, en concreto a un mes de cerrar un crowdfunding que ha abierto entre la familia y los amigos que tiene por todo el mundo. Después, cuando tenga el dinero, vendrá el momento de ponerlo en marcha. No suelta prenda de cómo va a ser ni da ninguna pista sobre el menú. Solo apunta dos ideas: será un lugar donde se va a comer “algo rápido, con buen rollo y acompañado de cervezas artesanales”, dentro de lo que él llama segmento del gourmet con comfort food, y que romperá con “una línea repetida y monótona” de la oferta madrileña actual, porque piensa que “hay oportunidad y lugar para hacer otras cosas”.