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La cumbre de la OMC arranca en Buenos Aires con el miedo al proteccionismo de EEUU

“No podemos dar la espalda al comercio ni a la tecnología”, asegura su secretario general, Roberto Azêvedo

De izquierda a derecha, los presidentes Tabaré Vázquez, de Uruguay; Michel Temer, de Brasil; Mauricio Macri, de Argentina; Horacio Cartes, de Paraguay y el secretario general de la OMC, Roberto Acevedo, abren la cumbre de Buenos Aires.
De izquierda a derecha, los presidentes Tabaré Vázquez, de Uruguay; Michel Temer, de Brasil; Mauricio Macri, de Argentina; Horacio Cartes, de Paraguay y el secretario general de la OMC, Roberto Acevedo, abren la cumbre de Buenos Aires. AFP

El fantasma del regreso del proteccionismo sobrevuela estos días Buenos Aires, sede de la XI cumbre de la Organización Mundial de Comercio (OMC), sobre todo por el miedo a que lo promueva el país más poderoso del mundo, EEUU. Su secretario general, Roberto Azêvedo, no ocultó esa inquietud en la jornada previa a la apertura de los trabajos, aunque evitó culpar directamente a EEUU. “El sentimiento en el mundo está más introspectivo. La amenaza del proteccionismo sigue presente. El comercio se ha tomado como algo que perjudica los mercados laborales, pero es la tecnología la responsable del 80% de los empleos que se han perdido. No podemos darle la espalda ni a la tecnología ni al comercio, tenemos que mejorar el comercio para que sea más incluyente”, aseguró Azêvedo.

El secretario general, acompañado por la exministra de Exteriores argentina, Susana Malcorra, organizadora de la conferencia, reivindicó a la OMC y su utilidad en un momento en el que el discurso de Donald Trump, el presidente de EEUU, la está poniendo en cuestión. “Tenemos que defender el sistema que es un garante de la estabilidad. Lo vimos en la respuesta a la crisis de 2008, cuando el mundo no se dedicó a poner barreras comerciales como había hecho en crisis anteriores, y eso fue porque teníamos las normas de la OMC”. El presidente argentino, Mauricio Macri, ha logrado que acudan a la cita algunos de los presidentes latinoamericanos importantes, en especial los del Mercosur, y eso le da mayor realce a una cumbre que tiene graves problemas de contenido precisamente por las resistencias de EEUU.

“En mi reunión con el representante de EEUU le pediré un compromiso político y flexibilidad, sin flexibilidad no vamos a ninguna parte”, aseguró Azêvedo. “¿EEUU es un problema? Hay problemas constantemente con muchos países. Yo evito acusar a la gente, lo que queremos es un esfuerzo colectivo para superar los problemas. Lo que tenemos que hacer es ver como todos juntos superamos los escollos”, insistió, después de admitir que hay “suma preocupación” por el bloque de renovación de los jueces del órgano de apelación, que los expertos atribuyen a EEUU. “La parálisis del proceso de selección repercute en la solución de diferencias. Pero lo vamos a superar también”, remató Azêvedo.

Malcorra y Azêvedo, en la rueda de prensa en Buenos Aires
Malcorra y Azêvedo, en la rueda de prensa en Buenos Aires EFE

Pero si las expectativas de esta cumbre de la OMC son bajas no es sólo por culpa de Donald Trump. En la disputa de fondo está la demanda de los países productores de materias primas para que las economías desarrolladas abran sus mercados a los productos agrícolas, su principal fuente de recursos. Lo cierto es que el tema agrícola está al tope de la agenda con la que llegan a Buenos Aires los países latinoamericanos, además de las restricciones a sector pesquero. Así lo hizo saber el canciller argentino, Jorge Faurie, semanas atrás, durante un encuentro preparatorio. “Los aranceles al agro [aplicados por los países centrales] son cinco veces más altos que los industriales. En 2015 alcanzaron los 584.000 millones de dólares, cuadriplicó la ayuda al desarrollo, que fue de 135.000 millones”, dijo Faurie. “Por eso esperamos que la cumbre sirva para que fortalecer a la OMC y haya un desarrollo más inclusivo”, concluyó.

La dificultad para encontrar una solución de fondo tiene su origen en el mecanismo de negociaciones: los acuerdos en la OMC se alcanzan por consenso, es decir que basta el voto en contra de cualquiera de los 164 países miembros para que cualquier acuerdo fracase, por muy bien encaminado que esté. Por eso, desde la Cancillería argentina consideran que ya será un avance que los subsidios que hoy están permitidos y generan distorsiones en el comercio empiecen, al menos, a reducirse poco a poco. La expectativa es que Buenos Aires cierre con un consenso preliminar, una hoja de ruta. La idea de la hoja de ruta sobrevoló buena parte de las declaraciones que antecedieron a la apertura de la cumbre, y hoy Malcorra volvió sobre ella. “Hay temas que llegan desde Ginebra aún no finalizados y trataremos de avanzar en todo lo que se pueda, en procesos, hojas de ruta que nos permitan tener un horizonte en aquellas cosas que no podamos acordar”, dijo la excanciller durante la rueda de prensa junto a Azêvedo.

Para Macri, en tanto, la cumbre es el mejor escenario posible para exponer al mundo, una vez más, su compromiso con la apertura de la economía argentina. Y así lo dejó en claro en el discurso inaugural ante las delegaciones de todo el mundo y acompañado sobre el escenario por los presidentes de los países del Mercosur: Brasil, Uruguay y Paraguay. "Esto coincide con una etapa nueva de la Argentina, que despierta mucho entusiasmo. Ser sede de esta conferencia y asumir presidencia del G20 afirman nuestra intención de ser parte de una conversación global", dijo Macri.

La idea del Gobierno es coronar la conferencia con la firma, el miércoles, de un acuerdo de libre comercio largamente demorado entre el Mercosur y la Unión Europea. La negociación se encuentra en la fase en la que se abordan los puntos más complicados, esos que se dejan para el final. Pero la Casa Rosada espera que al menos podrá mostrar un documento con compromisos políticos y un plan de trabajo futuro con desgravaciones programadas a 15 años en unas 10.000 posiciones arancelarias. En resumen, una “hoja de ruta”.

Esto coincide con una etapa nueva de la Argentina, que despierta mucho entusiasmo. Ser sede de esta conferencia y asumir presidencia del G20 afirman nuestra intención de ser parte de una conversación global".

"Como país anfitrión, buscamos sentar las bases para el debate, para tornar en algo más eficiente el sistema multilateral de comercio. El camino es un mundo abierto, donde todos comercian con todos con reglas claras y justas", siguió.

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