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El PRI espera al general que lo conducirá en su batalla decisiva

El partido clausura su XXII Asamblea Nacional y evita hablar del candidato rumbo a las presidenciales de 2018

Enrique Peña Nieto, en la Asamblea del PRI.
Enrique Peña Nieto, en la Asamblea del PRI. Cuartoscuro

Enrique Peña Nieto llegó a las 12.30 en punto al Palacio de los Deportes para clausurar la XXII Asamblea del PRI. No había mejor escenario para ver convivir al presidente con diez mil militantes de su partido que un recinto de espectáculos. El mandatario entró, se quitó el saco, y comenzó a trepar las barandas que contenían a militantes uniformados de camisa blanca y chamarra roja. El mandatario, aún bronceado de las vacaciones que tuvo la semana pasada, posaba sonriente ante los teléfonos celulares de las bases, esas que lo llaman “el primer priista de México”. Por las bocinas del lugar sonaba Qué bello, el éxito de la Sonora Dinamita que en voz de Kika Edgar dice “qué importa, esta es la última vez/ el orgullo puede esperar”.

Los saludos y las selfies hicieron que el presidente tardara diez minutos en llegar hasta el podio. El ambiente era festivo. Los militantes parecían haber olvidado que parten rumbo a las presidenciales de 2018 en el tercer lugar de las preferencias, que hoy solo gobiernan 14 de 32 entidades, que han perdido casi cinco millones de votos desde 2012 y que en sus filas estuvieron ocho exgobernadores investigados por corrupción. La baja popularidad del presidente Peña Nieto era inexistente aquí, entre los suyos. 

Cuando Peña Nieto alcanzó el estrado un guardaespaldas le acercó un pañuelo limpio y le entregó una chamarra roja. El presidente se visitó con la prenda de batalla para arengar apasionadamente a sus votantes, provenientes de todas las regiones del país. Desde gayola, un grupo de jóvenes gritaba: “Peña, amigo, Hidalgo está contigo”. El presidente evitó improvisar y se fue por lo seguro, un extracto del quinto informe de Gobierno que presentará al país en tres semanas.

El sumario de logros aburrió a varios de los presentes, que se habían entusiasmado minutos antes con el discurso del otro Enrique. Ochoa, el dirigente del PRI, explicó a la militancia cómo los trabajos de 3.000 asambleas municipales abrieron y modernizaron a la organización. “En las siguientes elecciones los plurinominales deberán buscar el voto por tierra para convencer a la ciudadanía”, dijo Ochoa en una de las frases más aplaudidas el mediodía de este sábado.

El dirigente habló de la eliminación de los candados que exigían a los aspirantes a la presidencia de México a ser militantes y a tener, por lo menos, una década en las filas de la agrupación. Ochoa también dijo que el PRI postulará en 2018 al mismo número de mujeres y hombres y que una de cada tres candidaturas será para un joven. Resuelto por las palmas, Ochoa aseguró también que el PRI mantendrá la presidencia, conseguirá la mayoría parlamentaria y triunfará en las nueve elecciones locales de gobernador, incluso allí donde no ha gobernado en los últimos 20 años, como la Ciudad de México.

Las elecciones de 2018 ya se han instalado en la mente de los mexicanos. Y era el llamado a la acción lo que más despertaba el interés de quienes escuchaban el discurso de Peña Nieto. El presidente llamó a los priistas “soldados de la patria” y los convocó “a dar la batalla por el futuro de México”. En su opinión, el proceso del próximo año pone en juego dos visiones. La primera es la suya, la del legado de las reformas económicas. La otra es, en su opinión, un “franco retroceso… que apuesta al caudillismo y a la división de los mexicanos”, en lo que fue una referencia al proyecto de Andrés Manuel López Obrador, de Morena. “Vamos a una batalla decisiva”, anunció el presidente Peña Nieto.

En la primera fila se encontraban los hombres que aspiran a la candidatura presidencial del PRI. Codo con codo estaban sentados los secretarios de Gobernación, Miguel Ángel Osorio; de Educación, Aurelio Nuño; de Salud, José Narro y de Hacienda, José Antonio Meade. Este último es considerado el gran beneficiado por la reforma a los estatutos del partido, que permite nominar a la presidencia a un externo. Pero el partido aún no quiere hablar de esto. “Aún no son los tiempos”, dijo una avejentada militante de Sonora que abandonaba el Palacio de los Deportes. Por el momento, el PRI parte sin general que conduzca la batalla decisiva de 2018.