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El aborto desnuda el conservadurismo de la clase política argentina

El país austral, pionero en muchas conquistas sociales, comienza a quedar por detrás de sus vecinos al oponerse a despenalizar la interrupción del embarazo

Manifestante en la marcha de Ni Una Menos del pasado 19 de octubre.
Manifestante en la marcha de Ni Una Menos del pasado 19 de octubre.

Los planes de modernización de Mauricio Macri para la Argentina del siglo XXI excluyen la despenalización del aborto y el país austral va camino de quedar detrás de sus vecinos en la aprobación de esta deuda histórica con las mujeres. Uruguay legalizó el aborto durante las primeras 12 semanas de embarazo en 2012. La Corte Suprema de Brasil consideró "inconstitucional" criminalizar la interrupción voluntaria del embarazo en el primer trimestre en un fallo del año pasado. Incluso la conservadora Chile acaba de aprobar la despenalización del aborto en más supuestos de los que actualmente prevé el Código Penal argentino, que lo permite en caso de violación o de peligro para la vida o la salud de la madre. .

El aborto se ha colado esta semana en la campaña electoral argentina por la tajante oposición de dos candidatos a las legislativas de octubre. "La mujer embarazada no es dueña de su cuerpo, hay otro ser dentro", respondió el martes el cabeza de lista para Diputados del peronismo disidente, Felipe Solá, al ser preguntado sobre su postura sobre el aborto. El postulante al Senado por la coalición gobernante Cambiemos, Esteban Bullrich, equiparó un aborto a un feminicidio. "Si hay una beba dentro (del útero) también es Ni Una Menos porque la estás matando", dijo, al distorsionar las demandas del movimiento que exige el fin de la violencia contra las mujeres.

Sus argumentos, similares a los del Vaticano, sorprenden en uno de los países latinoamericanos a la vanguardia de muchas conquistas sociales. Pero no son una novedad: todos los presidentes argentinos se han opuesto a la interrupción voluntaria del embarazo. "Lo importante es defender la vida", respondió Macri al ser preguntado sobre el tema el año pasado. Tampoco respaldó el aborto la exmandataria Cristina Fernández de Kirchner (2007-2015). La dura resistencia de la Iglesia no fue un obstáculo para que durante el kirchnerismo se aprobasen las leyes de matrimonio homosexual, educación sexual integral, identidad de género y el acceso a tratamientos de fertilidad asistida sin discriminación por orientación sexual o estado civil. Pero el aborto se mantuvo como un tema tabú. En 2015, el entonces ministro de Salud Daniel Gollán declaró que "en el país hay 500.000 abortos por año y esa es la principal causa de muerte materna", por lo que pidió "un debate maduro sobre el aborto". La respuesta fue una rápida desautorización por parte del exjefe de Gabinete, Aníbal Fernández.

Movimientos similares se han registrado en el macrismo. Como alcalde de Buenos Aires, Macri vetó en 2012 la ley local de aborto no punible en caso de violación. Tres años después, en plena campaña presidencial, Macri se apresuró a decir que su asesor ecuatoriano, Jaime Durán Barba, hablaba "a título personal" cuando respaldó la libre elección de las mujeres: "Estamos a favor de la libertad, si una señora quiere abortar, que aborte". La provincia de Buenos Aires aprobó en 2016 un protocolo para la atención de abortos que fue dejado sin efecto a las 24 horas. Y la vicepresidenta argentina, Gabriela Michetti, propuso la adopción como alternativa: "Los Estados tienen toda la responsabilidad para hacer que no ocurran los embarazos no deseados. Ese es el trabajo más fuerte que hay que hacer. Y luego, trabajar para que haya posibilidades mucho más fáciles para la adopción, que la gente vea más naturalmente este tema, que si una chica se embaraza y no quiere tener a su hijo no haya ninguna condena social porque lo puede dar y otra familia lo puede criar".

500.000 abortos al año

El rival kirchnerista de Macri en las urnas, Daniel Scioli, también se declaró "en contra de la legalización del aborto" durante la campaña, pero después salió a la luz que no lo descartaba en su vida privada. "Quería que me haga un aborto. A-BOR-TO", declaró su expareja Gisela Berger, después de que Scioli anunciase por televisión que iba a ser padre a sus 60 años. "Cuando me entero de que estoy embarazada y se lo digo, su reacción fue, 'No. Esto es una cagada, esto es una cagada. ¿No hay algo para hacer?", aseguró Berger. El doble discurso de Scioli derivó en un escándalo nacional, pero refleja una realidad, la práctica cotidiana de abortos en el país. El supuesto de riesgo para la salud de la madre permite numerosas interpretaciones bajo las que se amparan quienes deciden no llevar adelante un embarazo.

Mientras los sucesivos proyectos legislativos para legalizar el aborto que ingresan en el Congreso argentino languidecen por falta de apoyo, cada año medio millón de mujeres abortan, más de 60.000 tienen que ser hospitalizadas por complicaciones y entre 50 y 100 mueren. La última iniciativa parlamentaria, presentada hace un año, lleva la firma de 40 de los 257 integrantes de la Cámara de Diputados: los legisladores de los partidos de izquierda y algunos representantes del resto del arco parlamentario contrarios a la oposición mayoritaria de sus bloques.

"Educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir" es una de las consignas de la campaña a favor del aborto, que ha sido adoptada también por el movimiento Ni Una Menos en sus marchas multitudinarias. La élite política argentina hace por ahora oídos sordos a esta demanda.