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La oposición busca mantener la unidad frente al acoso del chavismo

Las diferencias tácticas que surgen ponen a prueba a los dirigentes opositores en el enfrentamiento con el Gobierno de Nicolás Maduro

Aunque la oposición venezolana ha recobrado la iniciativa política en los últimos meses, sus frágiles lealtades internas y su unidad son puestas a prueba de forma constante por las diferencias tácticas que surgen entre sus dirigentes en el enfrentamiento con el Gobierno de Nicolás Maduro. Los opositores buscan mantener la cohesión ante la embestida del chavismo, que se dispone a perseguirles penalmente y a desalojarles del Parlamento. Unidades de la Guardia Nacional bolivariana ya han entrado en la sede del Legislativo, donde Maduro pretende instalar este viernes la Asamblea Constituyente.

Venezuela
El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela, el diputado Julio Borges. EFE

El pulso entre el chavismo y la oposición mantenía el jueves al país en estado de máxima tensión. El presidente anunció que se aplazaba un día la toma de posesión de la Constituyente, inicialmente prevista para el jueves. Agentes de la Guardia Nacional bolivariana permanecen desde la tarde del miércoles en el Salón Elíptico, parte del Palacio Legislativo Federal, para intentar garantizar la ceremonia de inauguración. La oposición respondió aplazando la convocatoria de una gran marcha de protesta para que siga coincidiendo con el bautizo político de la institución que se dispone a vaciar de poderes al Legislativo, controlado por la oposición.

La fiscalía, que anunció la apertura de una investigación por sospechas de fraude en los comicios, pidió por este motivo a un tribunal que anule la constitución de la nueva Asamblea. Esta pretende no solo desalojar a los parlamentarios opositores del hemiciclo, sino también hacer realidad la amenaza pronunciada por Maduro de perseguir a una parte de ellos por la vía penal. Lilian Tintori, esposa del opositor detenido Leopoldo López, denunció este jueves que las autoridades impiden que el preso pueda hablar incluso con sus abogados. Para resistir al acoso del chavismo, la heterogeneidad de sus rivales no supone precisamente una fortaleza.

Desde mediados de esta semana una controversia interna ilustra esas divergencias. Uno de los partidos de la Mesa de Unidad Democrática (MUD), Acción Democrática, socialdemócrata y hegemónico entre 1958 y 1998, anunció a través de su secretario general y expresidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, su propósito de participar en las próximas elecciones regionales. Estos comicios debieron celebrarse en 2016, pero el Gobierno presionó para suspenderlos en vista de sus bajos índices de popularidad. Finalmente, el Consejo Nacional Electoral (CNE), controlado por el Ejecutivo, accedió a convocarlos para diciembre.

El calendario oficial ofrece como única fecha para el registro de candidaturas el 7 de agosto, lo que ha creado dudas en la oposición sobre si debe inscribirse o no. El dilema no resulta fácil para la alianza democrática que, al mismo tiempo, dirige un levantamiento callejero contra el chavismo y cuestiona al CNE.

Creciente apoyo

Maduro, haciendo gala sin tapujos de su control sobre los poderes del Estado, ha advertido de que solo aceptará candidatos de oposición si los partidos admiten integrarse en una suerte de comisión de la verdad que promueve desde su Constituyente, cuyos diputados plenipotenciarios pueden hasta cancelar los comicios.

“Si no nos inscribimos en las elecciones, el chavismo ganaría 23 gobernaciones, y también regalaríamos 335 alcaldías”, alegó el miércoles Ramos Allup.

Mientras la oposición trabaja en un consenso para inscribir candidatos, el presidente sigue aumentando el precio para que aquella se acoja a las reglas oficiales de juego. Además de las condiciones que impone, el Ejecutivo continúa su campaña para, a través del Tribunal Supremo, destituir y apresar a alcaldes opositores. El propio mandatario presiona a los diputados de la Constituyente para que, entre sus primeras medidas, levante la inmunidad de los parlamentarios rivales.

La MUD, que puede mostrar ahora un creciente apoyo internacional, aglutina a 21 partidos y movimientos a veces difíciles de conciliar. Además, corre el riesgo de verse desbordada por los grupos de protesta que han surgido en los últimos meses de manifestaciones contra el Gobierno.

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