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La iglesia argentina clama contra la explotación en talleres y prostíbulos

“Vamos a denunciar desde la Eucaristía” dice Mario Poli, un hombre del Papa Francisco

El cardenal Mario Poli oficia la misa en la plaza Constitución. Ampliar foto
El cardenal Mario Poli oficia la misa en la plaza Constitución.

La Plaza Constitución en una zona en constante movimiento. Ubicada frente a la estación del Ferrocarril que conecta a la Ciudad con el sur del Conurbano, es testigo del paso de miles de personas a diario. Pasan por allí oficinistas, empleadas domésticas, albañiles y comerciantes. Es, también, el distrito donde gobierna la prostitución y las mafias de la que esa actividad muchas veces se vale. Y también están los que nunca se van, los que viven allí, con la luna como único amparo. En esa cuadrícula de realidades diferentes (e indiferentes entre sí), el cardenal primado de Argentina, Monseñor Mario Poli, brindó una misa con alto contenido político, en la que se pidió al Congreso Nacional una ley contra la trata de personas, la creación de polos textiles para erradicar el trabajo esclavo en talleres clandestinos, la quita de habilitaciones a prostíbulos y la incautación de los bienes de las mafias para la reutilización en la sociedad.

El Papa Francisco llevó consigo al Vaticano un puñado de causas por las que ya luchaba cuando apenas era Bergoglio y que ahora amplifica como Sumo Pontífice. El combate a la esclavitud en todas sus formas, el control a la extracción indiscriminada de los recursos naturales y la pelea contra las mafias o asociaciones ilícitas del crimen organizado son las más importantes. Es por ello que su gente en Buenos Aires continúa con ese legado, y lo hace siempre de forma llamativa y original. La referencia es para los curas villeros y los de la Opción Para los Pobres; el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) y la organización La Alameda, conducida por el legislador de la Ciudad Gustavo Vera; y, tal vez la más importante, la Arquidiócesis de Buenos Aires.

Esta misa se viene realizando desde hace nueve años y siempre estuvo encabezada por la máxima autoridad de la iglesia porteña, junto a La Alameda por el trabajo a favor de los esclavos en los talleres textiles y las esclavas sexuales en los prostíbulos, y con el Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) que lucha por la dignidad de los recicladores, más conocidos como cartoneros. Jorge Bergoglio encabezó esta ceremonia religiosa entre 2008 y 2012, ya que en marzo de 2013 fue elegido como jefe de la Iglesia Católica en el Vaticano. Su sucesor, Mario Poli, se hizo cargo de estas ceremonias religiosas, a excepción de la pasada edición cuando le tocó viajar a la Santa Sede y en su lugar estuvo Monseñor José María Baliña, obispo auxiliar de Buenos Aires.

"El dinero que corre detrás de la trata en la Argentina está manchado con sangre”, indicó Poli en su homilia, presenciada por unas 150 personas, muchas de organizaciones sociales, sindicales y políticas, como el diputado nacional Felipe Solá . “Necesitamos una Iglesia cada vez más samaritana y atenta a los dolores del prójimo, porque lo peor que nos puede pasar es acostumbrarnos y por eso hay que pegar el grito de no a la trata, a la muerte, al ultraje y al sometimiento”, exclamó.

“Estamos muy lejos de concretar el ideal de independencia y libertad que nos legaron nuestros mayores, esos que en el congreso de 1816 pensaron en nosotros y se jugaron por nosotros, soñando una Argentina como una gran familia dónde la fraternidad, la solidaridad y el bien común incluyan a todos sin dejar afuera a nadie; y ese ideal está aún lejos de ser alcanzado”, expresó Poli en parte se su homilia, “Nuestra sociedad muestra rostros dramáticos de madres, niños, niñas, varones y mujeres que no parecen pertenecer a una Patria libre e independiente, y eso muchas veces por su condición de dependientes y esclavos”.

El religioso , advirtió que “un obispo hermano dijo hace un tiempo hablando con dirigentes, que si llegamos a este estado de las cosas dónde la trata es una realidad dolorosa y hay explotación de niños y jóvenes es porque nos hemos hecho los distraídos y pasamos de largo frente al dolor del hermano”. “Este evangelio del buen samaritano nos mueve adentro, por supuesto que primero mueve a la Iglesia y desde este altar celebramos el sacrificio del amor, está bien que nos juntemos a tratar todos estos temas que son miserias humanas para que el Señor nos cubra con su misericordia; pero también tenemos que pedirle por justicia”, enfatizó. “El señor nos conceda mantenernos en la búsqueda de la justicia y de la fraternidad para recuperar una Patria samaritana que tenga por objetivo la dignidad integral de todos sus hijos; porque no es una cuestión política solamente, 'todo hombre es mi hermano' decía Pablo VI y hasta que no descubramos eso y dejemos de ser ajenos al dolor de los demás vamos a seguir tratándonos mal”, finalizó el arzobispo.

Las organizaciones sociales presentes entregaron a modo de ofrenda una gran red de pescador con pequeños anuncios prostibularios añadidos como peces; una gran balanza en reclamo de justicia y un carro como los que usan los carboneros (nombre que reciben los recolectores urbanos de residuos reciclables). El presidente de La Alameda, Gustavo Vera, remarcó que el objetivo es que se sancione “una ley contra la trata de personas, la creación de polos textiles, la quita de habilitaciones a prostíbulos y que los bienes que se incauten a la mafia sean reutilizados en la sociedad”. Poli acompañó el pedido de Vera al remarcar: “Hay que decirle no a la trata. Vamos a denunciar desde la Eucaristía la trata. No seamos nunca indiferentes ante el dolor del hermano, nunca más”.