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La incógnita de Veracruz

Una encuesta pronostica por primera vez un empate entre los candidatos a las elecciones del 5 de junio

Miguel Ángel Yunes en el arranque de su campaña.
Miguel Ángel Yunes en el arranque de su campaña.

Las principales fuerzas políticas de Veracruz, el PRI, Morena y la alianza PAN-PRD, llegan empatadas a la recta final antes de las elecciones a gobernador del 5 de junio. El Estado más importante del golfo mexicano y el tercero más poblado del país elige gobernador para un periodo de dos años, un mandato menor al habitual —de seis años— que desemboca en la campaña presidencial del 2018 y muere el día de la elección. La encuesta sobre intención de voto, publicada por el diario Excelsior ayer, fue elaborada con entrevistas mantenidas entre el 26 y el 29 de mayo.

Los candidatos apenas han desarrollado sus propuestas porque el tiempo es mínimo y además han preferido la batalla declarativa, sobre todo los primos Yunes. Candidatos del PRI y de la alianza PAN-PRD, Héctor Yunes Landa y Miguen Ángel Yunes Linares se han lanzado a un combate encarnizado de cara y por la espalda. 

Hace semana y media, Héctor, candidato del PRI, decía por ejemplo: “Mi primo es un perverso y un enfermo sexual”. Se refería una de las acusaciones más graves de que ha sido objeto su primo hermano: abusar sexualmente de la hija de su expareja. Miguel Ángel negó la acusación y su expareja, Sandra Ortega, organizó una conferencia de prensa para negar igualmente el rumor. Sandra Ortega simboliza quizá el elemento característico de la campaña: el fuego cruzado, las víctimas colaterales.

Héctor Yunes lucha contra la herencia de su partido pero es tan del PRI como Duarte

Las últimas horas de campaña para Miguel Ángel Yunes parecen las peores de toda la campaña. Ayer, el secretario general del PAN en Veracruz, Domingo Bahena, renunció a su cargo criticando su candidatura. Bahena mandó incluso una carta al líder nacional del partido, Ricardo Anaya, en la que señala los supuestos actos ilícitos que habría cometido Yunes Linares.

El candidato del PAN-PRD, exmilitante del PRI, viejo protegido de la antaño poderosa lideresa del sindicato de maestros Elba Esther Gordillo, ha intentado por su parte vincular a su primo con el gobernador de Veracruz, Javier Duarte, con la corrupción, el desfalco, el descontrol.

Duarte es el último eslabón de la irrompible cadena del PRI en Veracruz, un Estado que siempre han controlado. El gobernador, capaz de mencionar al dictador español Francisco Franco como referente en una entrevista, es el triste protagonista de su propio mandato. Nunca en la historia de México habían matado a tantos periodistas, 18, en un Estado en un solo periodo; nunca el enfrentamiento con la sociedad civil fue tan evidente. Duarte tiene en contra a los jubilados por inconsistencias en el pago de sus pensiones, a la universidad por lo mismo, a la agencia de auditores del Gobierno federal por irregularidades en el manejo del presupuesto… Hasta el presidente del PRI, Manlio Fabio Beltrones, ha criticado a Duarte, un hecho insólito en un partido opaco, de inercia castrense: los trapos sucios se lavan en casa.

Héctor Yunes lucha contra la herencia de su partido pero es tan del PRI como Duarte. Entre herencias odiosas y ataques fratricidas, el candidato de Morena, Cuitláhuac García, ha escalado en las encuestas y ha igualado a sus competidores. García, un perfecto desconocido hasta hace unas semanas, ha emulado a su mentor, el líder de Morena, Andres Manuel López Obrador, recorriendo cada rincón de Veracruz. Apenas le critican porque su trayectoria política es casi nula. El año pasado, García ganaba por primera vez una elección, obteniendo un escaño en la Cámara de Diputados federal por el distrito de Xalapa, la capital de Veracruz. Fue toda una sorpresa.

Los analistas políticos difieren en sus análisis sobre el ganador. Muchos dicen que el voto oculto del PRI se acabará imponiendo. Otros apuntan que Miguel Ángel Yunes sigue en carrera, pese a la escandalera que le ha rodeado los últimos meses. Algunos empiezan a hablar de Cuitláhuac. Sea quien sea, el ganador deberá lidiar con un Estado tremendamente endeudado, preso de la corrupción policial, la violencia entre bandas y la crisis del precio del petróleo.