La represión del chavismo bloquea la movilización callejera de la oposición

La tercera marcha convocada por la oposición en una semana fue bloqueada y reprimida con más fuerza que las anteriores por la Policía y la Guardia Nacional Bolivariana

Venezuela se encona en un estado de difícil solución e incierto desenlace. La tercera marcha convocada por la oposición en una semana fue bloqueada y reprimida con más fuerza que las anteriores por la Policía y la Guardia Nacional Bolivariana. A diferencia de las otras ocasiones, cuando los líderes opositores dieron por terminada la protesta, esta vez grupos aislados (infiltrados del chavismo, según sus adversarios) trataron de seguir adelante con el saldo de varios detenidos, lanzamiento de gases lacrimógenos y disparos de perdigones al aire. Y una sensación: los enfrentamientos pueden ser peores.

Henrique Capriles, excandidato presidencial, principal líder opositor y promotor de la convocatoria para lograr este año la revocación del presidente venezolano, Nicolás Maduro, suele repetir desde hace meses que el país es una bomba a punto de explotar. Todo el mundo está pendiente de cuándo será el momento y la magnitud de ese estallido que no termina de llegar. Mientras, la tensión, pero sobre todo la incertidumbre por el devenir, aumenta a pasos agigantados.

La marcha de este miércoles fue otra prueba de ello. La oposición había convocado a sus simpatizantes a concentrarse en la plaza de Venezuela para, desde allí, partir hacia la sede del Consejo Nacional Electoral (CNE). Como en las anteriores manifestaciones, querían urgir al CNE para que acelere la auditoría de firmas recogidas para convocar el referéndum revocatorio. El blindaje del centro de Caracas por la Policía y la Guardia Nacional resultó brutal. Los agentes bloquearon todos los accesos a la plaza, donde sí permitieron concentrarse a unos centenares de chavistas. Cada cierto tiempo, decenas de motorizados simpatizantes del Gobierno rodeaban la plaza en bloque, en clara señal de superioridad y amedrentamiento.

El blindaje del centro de Caracas por la Policía y la Guardia Nacional resultó brutal

A un kilómetro de allí, en un tramo de la avenida Libertador, los opositores quedaron varados por el contundente despliegue policial. Maduro cumplía así su amenaza: permitió que sus adversarios se concentrasen pero no donde ellos querían ni como pretendían. Los agentes no dieron tregua a los manifestantes para que pudiesen avanzar. Allí estaba el secretario general de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD), Jesús Chuo Torrealba; el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, y el propio Capriles. Pese a que su intención era alcanzar la sede del CNE, ni por asomo iban a conseguirlo de forma pacífica. Sí consiguieron que uno de los rectores del Consejo, afín a los críticos, recibiese un documento en el que la oposición denuncia la tardanza en la auditoría de firmas.

Refriegas y detenciones

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En ese momento, dieron por concluida la marcha. Sin embargo, varios centenares de personas hicieron caso omiso al llamamiento y trataron de seguir avanzando hacia la plaza Venezuela. La policía respondió con el lanzamiento de gases lacrimógenos, disparos de perdigones al aire y varias detenciones. Fueron los momentos más tensos de la jornada.

La convocatoria, masiva —los organizadores no dieron cifras aproximadas, pero fue mayor que en las anteriores ocasiones— pudo haber sido más multitudinaria, a tenor de las palabras de Capriles a su término. “Estuvimos varios, faltan otros, pero no se trata solo de figurar”, aseguró sin dar ningún nombre en concreto. Sobre el contundente despliegue policial, Capriles pidió no entrar en provocaciones y emplazó a sus seguidores a seguir con las protestas “con constancia y mesura”, una mezcla que se antoja complicada hoy en día en Venezuela. “Nuestro adversario es Maduro, no se dejen llevar por las pasiones; va a haber las movilizaciones que nosotros queramos”, insistió el excandidato presidencial. En la víspera, ya había lanzado un duro mensaje a los militares: “Le digo a la Fuerza Armada: aquí está llegando la hora de la verdad, de decidir si usted está con la Constitución o con Maduro”.

El ambiente que se respira en la capital venezolana es similar al de los días previos a las elecciones parlamentarias del pasado mes de diciembre. Al decretar el estado de excepción, Maduro ha llevado al límite a sus adversarios, que han optado por luchar desde la vía legal y en la calle. Existe el temor a un estallido violento, pero hay factores también que, como hace seis meses, parecen impedirlo. Con la presencia de expresidentes internacionales, entre ellos el español José Luis Rodríguez Zapatero, invitados por el Gobierno, ello supondría un batacazo para Maduro.

Capriles desveló ayer, al término de la manifestación, que varios líderes opositores se reunirán con el grupo de exmandatarios —además de Zapatero, los expresidentes Martín Torrijos (Panamá) y Leonel Fernández (República Dominicana)— que, según dijo, se habrían visto con Maduro por la mañana. Capriles volvió a dar la bienvenida a estas reuniones, pero rechazó mantener “conversaciones hipócritas” con el oficialismo. “El único diálogo posible en Venezuela ahora mismo es el [referéndum] revocatorio”, insistió.

 

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