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COLUMNA

Temer y los amos de la Casa Grande se engañan

Las élites que apoyan el ‘impeachment’ aún no lo han entendido: seguirá habiendo contestación a sus privilegios

Protesta en la Avenida Paulista el 13 de mayo.
Protesta en la Avenida Paulista el 13 de mayo.

Primer acto: negros protestan contra el racismo frente a la Federación de las Industrias

Viernes, 13 de mayo de 2016. Avenida Paulista, vano libre del Museo de Arte de São Paulo (MASP), a las 12.30. Un grupo de hombres negros y de mujeres negras se organiza para marcar con un acto llamado En legítima defensa el momento de Brasil y los 128 años de la abolición de la esclavitud en el país. “El racismo es un golpe”, dice el DJ y actor-MC Eugênio Lima. “Le quita la pertenencia a toda una población en detrimento de otra”. Eugênio recuerda que los afrodescendientes son mayoría en Brasil: “La población afrodescendiente es el 53% de la población brasileña.” Negros, negras y negrex —el término transgénero— se representan a sí mismos “en el segundo día del Gobierno usurpador”. Cada uno de ellos lleva una pancarta. Caminan en fila hasta lo que ellos denominan "Casa Grande Moderna": el edificio de la Federación de las Industrias del Estado de São Paulo (FIESP), elepicentro de los movimientos a favor del impeachment de la presidenta Dilma Rousseff, cuartel general de los verdeamarillos. Frente al imponente edificio de la FIESP, se ponen uno al lado del otro y levantan sus frases en absoluto silencio.

"La USP [Universidad de São Paulo] sin cuotas [raciales] es un golpe. La ROTA [unidad especial de la policía militar, conocida por su truculencia y el elevado número de ejecuciones de sospechosos] es un golpe. La meritocracia es un golpe. Luana [una mujer negra y lesbiana a la que policías militares le dieron una paliza] muerta es un golpe. La derecha racista es un golpe. El feminicidio y la hipersexualización de la mujer negra es un golpe. La ausencia de los negros en los espacios públicos es un golpe. El machismo es un golpe. Que yo sea sospechoso es un golpe. El teatro sin negros es un golpe. El blackface es un golpe. La mulata [como estereotipo sexual] es un golpe. Seguirme en el mercado es un golpe. Miedo blanco". Y la pregunta:

—¿La Abolición es un golpe?

Un día antes, Michel Temer (Partido del Movimiento Democrático Brasileño - PMDB) había tomado posesión del cargo de presidente interino tras la suspensión temporal, por parte del Senado, de Dilma Rousseff (Partido de los Trabajadores - PT), y había anunciado un “Gobierno de salvación nacional”. Compuso un gabinete totalmente blanco y nombró, como Ministro de Justicia y Ciudadanía, a Alexandre de Moraes, exsecretario de Seguridad Pública del gobernador de São Paulo, Geraldo Alckmin, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), relacionado, por una gran parte de los movimientos negros y de los vinculados a los derechos humanos, como el más reciente responsable de la política de exterminio de la juventud negra por parte de la policía paulista.

Protesta en frente de la sede de la FIESP en la Av. Paulista.
Protesta en frente de la sede de la FIESP en la Av. Paulista.

La escena perturba a los conductores en el tráfico lento de la Avenida Paulista. En las aceras empieza a juntarse gente que vuelve de comer o se dirige a algún restaurante. “Qué tontería, no hay racismo en Brasil” y “¡Poneos a trabajar, perdidos!” son las frases más escuchadas entre el público espontáneo. A mi lado, un par de amigos paran. Uno de ellos dice, en voz bastante alta: “¡No existe nada de eso! ¡Qué exageración!” Me presento como periodista y pregunto: “¿Por qué?”. Se presenta como José Batista Sobrinho, de 76 años, oftalmólogo, votante del PSDB. Y responde

—Ese racismo en Brasil no existe. Quiero decir, el racismo existe en el mundo entero. Pero en Brasil no está acentuado. Por ejemplo, tú jamás te casarías con un negro.

—¿Por qué cree eso? —le pregunto.

—Parece que es algo internamente que tú, como blanca, no aceptas. Porque crees que esa raza es más fea que tu raza. Pero no por eso vas adiscriminarlos. Es una persona igual a ti. Frecuenta mi casa, frecuenta mi mesa, no hay ningún problema. Es una persona igual a mí. Pero yo no me casaría con una negra.

—¿Por qué?

— No me gusta. Hay algunos componentes que no me gustan, cosas íntimas. Preferiría a una persona diferente, más clara. Cuestión de afinidad, de empatía. Pero no por eso voy a discriminarlas.

José Batista Sobrinho.
José Batista Sobrinho.

—¿Usted está a favor o en contra del impeachment de la presidenta?

—Por supuesto que estoy a favor. Llevó el país a la quiebra. La convulsión social está ahí. Y quien es culpable de eso es el PT. No estoy en contra del Bolsa Familia. Pero tenía que ser Bolsa Escuela, como era en la época de Ruth Cardoso. Ahora es Bolsa Voto. Le voy a dar el nombre de una ciudad de Bahía en la que nadie trabaja, todo el mundo recibe el Bolsa Familia. En el noreste no encuentras una empleada doméstica para trabajar, porque ahora todo el mundo tiene Bolsa Familia. Pero no soy de derechas, no, no acepto eso.

—¿Cómo se define?

—Soy un liberal correcto.

Tres mujeres jóvenes, dos blancas y una negra, observan la protesta. Hacen sus comentarios lo suficientemente alto como para que pueda oírlos. “Quiero ver a esos negrazos de ahí a la hora de casarse. Que se van a casar con esas negrazas. Con las que quieren [casarse] es con las blancas”.Se ríen.

Los activistas comienzan a repetir, en voz alta, las frases de las pancartas. En la acera, un hombre les grita a los conductores de los coches: "¡Toca la bocina! ¡Toca la bocina! ¡To-ca la bo-ci-na!" Quiere que las bocinas ahoguen las voces que denuncian el racismo. De repente, le grita, furioso, a una mujer que está en un coche: “¡Métetelo por el culo, zorra!”

Le pregunto por qué ha dicho eso. Se presenta como Fábio Andrade da Silva, de 46 años, guardia de seguridad. Y responde:

—Me hizo un corte de manga. Es falta de elegancia, es del PT, es una pandillera.

—¿Y el impeachment?

—¡Estoy a favor! Estoy acampado aquí [en la FIESP] desde hace 58 días.

—Y ¿qué le parece esta manifestación contra el racismo?

—Esa gente… Toda en el paro, toda con cargo de confianza del PT.

Fábio Andrade da Silva.
Fábio Andrade da Silva.

Le hago una foto. Él comenta, refiriéndose a las mujeres negras:

—No voy a gastar la batería [del móvil] para sacarles fotos a unas mundrungas como esas.

—¿Qué significa mundrunga?

—¿No lo sabes? Vete al diccionario, que lo vas a saber.

Y se va, riéndose, con un amigo.

Los activistas se retiran se retiran en silencio. Y vuelven al MASP. En legítima defensa.

Acto II: entrevista en el vano libre del MASP acerca de por qué la FIESP es la “Casa Grande Moderna”

El teatro ha sido uno de los espacios más creativos (y contundentes) a la hora de cuestionar el racismo que atraviesa la sociedad brasileña. En los últimos años se ha convertido, también, en un espacio de irrupción de las tensiones raciales que, durante décadas, quedaron encubiertas por mitos como la “democracia racial”. El DJ y actor-MC Eugênio Lima, de 48 años, es uno de los protagonistas de esa escena con múltiples voces. En 2015 fue el mediador del debate realizado en el instituto Itaú Cultural tras las protestas en contra del uso del blackface en una obra. El evento fue un punto de inflexión en la lucha contra el racismo, al poner en entredicho los privilegios de los blancos en los espacios de cultura. En legítima defensa surgióa partir de otra polémica: la obra Exhibit B, el controvertido espectáculo del sudafricano Brett Bailey, que fue contestado como “racista” por parte de los movimientos negros brasileños, al reproducir escenas en las que los negros eran metidos en jaulas para exhibirlos. Su presentación en la Muestra Internacional de Teatro de São Paulo acabó por cancelarse, bajo la alegación de “problemas de coste”. Por no sentirse escuchados en el debate, los actores que participarían en la producción crearon En legítima defensa e invitaron a Eugênio a que los dirigiese en acciones. Una de sus performances tuvo lugar en el Teatro Municipal de São Paulo, símbolo cultural de las élites de la ciudad. Eligieron la Federación de las Industrias del Estado de São Paulo por identificarla con la "Casa Grande Moderna" (alusión a la casa grande de las haciendas, símbolo del poder esclavista en Brasil).

Eugênio Lima (de frente).
Eugênio Lima (de frente).

La entrevista a Eugênio Lima se realizó en el vano libre del MASP, tras haber terminado el acto antirracista.

P: ¿Cuáles son los significados de haber elegido este día para el acto?

R: La performance sobre la Abolición ya la íbamos a hacer. La ironía del destino fue que el día 13 de mayo coincidió con el segundo día del Gobierno usurpador. Esta ironía simbólica se hizo invisible. Tal vez el gabinete de este presidente interino sea el más cercano a una acción conservadora en Brasil desde 1964, y muy parecido a los gabinetes conservadores de la Monarquía. Son todos hombres, todos blancos, de una edad más avanzada, con vastos historiales en la política. Todo esto fue construyendo más capas simbólicas para este momento. Este Gobierno no tiene voto, no fue elegido por el pueblo. Este proceso es un golpe político parlamentario.

P: ¿Cómo responde a la pregunta escrita en la pancarta que usted levantó: “La Abolición es un golpe”?

R: La Abolición es un golpe en el sentido de que se presenta como un beneficio concedido por el Estado monárquico. Lo primero, por lo tanto, es (la necesidad de) hacer que deje de ser invisible el primer gran movimiento de masas de este país, que es el movimiento abolicionista. Lo segundo es que, al decir “al fin libres”, seríamos libres para todo. Con el paso del tiempo, esa idea de libertad se va sustrayendo mediante la exclusión continua. En la política de inmigración, cuando se incentiva a la población europea a venir a Brasil, es donde más aparece la cara del Apartheid brasileño. Fue un golpe en la medida en que tienes un país con la mayor población esclava del mundo, haces la Abolición de la esclavitud y no existe ninguna política de Estado para un problema que se creó dentro de la concepción de Estado. Eso es un golpe.

P: Y hoy, ¿cree que ya ha pasado la Abolición?

R: La Abolición es un proyecto incompleto. Pero los efectos de ese proyecto incompleto están en el exterminio de la juventud negra, y este es un proyecto muy nítido. Este proyecto es el eje fundamental de una política de control de la población, creada en simbiosis con un aparato jurídico-policial que se basa en dos puntos centrales. Uno de ellos es el encarcelamiento en masa: Brasil es la cuarta población carcelaria más grande del mundo y la única entre las cuatro primeras que sigue creciendo. Esto se basa en una especie de “naturalización del racismo”, ya sea en la idea de “sospechoso de color estándar”, ya sea en la idea de que negro/hombre/pobre es igual a ser “delincuente”. Estas son justificaciones para una actuación diferentetanto de la policía como de la justicia en lo que respecta a negros y blancos en Brasil. Los negros, por lo general, tienen penas más duras que los blancos, por haber cometido los mismos delitos.

P: ¿Y el segundo eje?

R: Es el de la “vida matable”. La policía vive la lógica de una guerra, ya sea contra la delincuencia, ya sea contra las llamadas “clases peligrosas”. Es decir, la policía combate a un enemigo común, con tácticas de guerra y aparatos de seguridad importados de otros países, sobre todo países que viven guerras contra poblaciones determinadas, como por ejemplo, el Estado de Israel. En esta lógica, hay que preguntarse: ¿Quién es la población negra, pobre y periférica? Es la población civil del ejército enemigo. Una vida matable es una vida prescindible. Pero, como el racismo incorporado por las fuerzas policiales es sistémico, esta lógica atraviesa el tratamiento de todo negro/negra, con independencia de su clase social. Es como si ser negro/negra fuese una “especie de sujeto a combatir”. Y en esto se basa en el comportamiento social, que, de modo general, trata de negar la existencia del racismo. Eso es lo que la profesora Vera Malaguti Batista (socióloga que investiga el tema de la delincuencia en el Brasil contemporáneo) define como “Miedo Blanco”: la idea de esa conflictividad obvia, de que un día el país, que es en su mayoría negro, va a sublevarse, de que un día habrá un gran conflicto social si el “morro baja” (es decir, si la población que vive en favelas en los montes y otras periferias decide ocupar los espacios centrales). Y esto solo se puede evitar con una dura y mortífera política de control. De ahí la nitidez del proyecto de exterminio de la juventud negra. El genocidio de la juventud negra es real e inmenso, pero el sentido común lo trata como si fuera una excepción, una anomalía, y no una política.

P: ¿Cuál es su análisis sobre el hecho de que el gabinete de Temer no cuente con un solo negro?

R: Es una mímesis. No solo no tener a ningún negro, sino no tener a ninguna mujer. Así como suprimir, colocar bajo la égida del Ministerio de Justicia los Derechos Humanos y la Igualdad Racial (Temer extinguió los Ministerios de la Mujer, de la Igualdad Racial y de los Derechos Humanos y los puso todos bajo el paraguas de un Ministerio de la Justicia y de la Ciudadanía). Este Gobierno es ilegítimo hasta en eso. El país es signatario de tratados sobre Derechos Humanos, el país es signatario de tratados de Combate al Racismo. No es algo que yo, como gobernante, pueda decidir, sino una política de Estado. Y, como política de Estado, no depende de quién esté en el Gobierno.

P: ¿Por qué dice que la FIESP es la Casa Grande?

R: Es la Casa Grande Moderna. Representó un proyecto que es, en un extremo, la sustracción de derechos constituidos, en la medida en que esa agenda nunca ha pasado por el tamiz electoral. Esto es lo primero. No es una agenda del conjunto de la población. De ese modo, solo se puede hacer a escondidas. Lo segundo es que actuó de manera clara y nítida en el fomento de acciones fascistas. Insultando, racializando el discurso, disminuyendo. Y utilizó recursos que son públicos para financiar acciones constituidas dentro del ámbito privado, como en la financiación de esas marchas (a favor del impeachment). Esta forma es la forma de la Casa Grande. No le estoy llamando Casa Grande a la FIESP solo porque son los herederos de los esclavistas. Sino debido a la lógica de la Casa Grande. La Casa Grande organiza la sociedad, organiza al Estado a su semejanza. ¿Qué era la Casa Grande? La Casa Grande era la Iglesia, la Casa Grande era el hospital, la Casa Grande era el Estado, la Casa Grande era todo. La Casa Grande es donde todo orbita. Esta es la metáfora de lo que las fuerzas reunidas en torno a la FIESP han hecho en este momento histórico. Un momento análogo al de 1964, ya que la FIESP hizo eso antes, porque el golpe de 1964 fue civil, además de militar.

“El Ministro de Justicia cree que la Política es Policía”

P: ¿Cuál es la importancia de la denuncia del racismo en este momento?

R: El racismo tiene que ser una agenda transversal, porque desenmascara todas las relaciones. El racismo es aquello que no puede decirse. Cuando argumentas que esa meritocracia se basa en el estatus racial, vas empezando a echar por tierra un montón de cosas. Que esos privilegios constituyen una especie de golpe al derecho de todo el mundo, porque (el blanco) ya nace con esos privilegios, que están constituidos a nivel de cultura del país, metidos en los hábitos. Así que (el blanco) tiene una ventaja adaptativa muy grande. Ves cómo la acción coercitiva de los brazos armados del Estado es violenta con la población negra del país. De esta forma, se hace invisible un hecho que jamás podría hacerse invisible, el de que somos uno de los países que más mata a su juventud.

P: ¿Qué le ha parecido la elección del nuevo ministro de Justicia y Ciudadanía, Alexandre de Moraes?

R: Me parece muy negativo que una persona que se dirige a los movimientos sociales como “guerrillas” sea el ministro de Justicia de cualquier país. Me parece ofensivo para el conjunto de la población brasileña un ministro de Justicia que condecora a agentes de policía que agredieron a estudiantes de secundaria. Un ministro de Justicia que cree que la Política es Policía.

P: ¿Qué hacer ante eso?

R: Este es el momento en el que la juventud negra y la multiplicidad de la presencia negra en la sociedad tienen que luchar de todas las maneras para que estas cuestiones dejen de ser invisibles. Una de las cosas más crueles de esta historia es la idea de que la reorganización de las élites puede dar el tono de todas las cuestiones. Como si nuestra historia fuese una secuencia de reorganizaciones de nuestras élites. Como si no existiese otra historia posible, que no sea esa. Es un momento muy triste. Por eso es el momento de que constituyamos un vocabulario político, pero, sobre todo, poético. Porque encaro eso como una narrativa, que utiliza todos sus símbolos para constituir el sentido común. Y, como el racismo es transversal, así como el machismo es transversal, son capaces de desvelar esa narrativa.

P: ¿Y las imágenes?

R: Las imágenes son muy potentes. Miras el gabinete y dices: “Caramba, ¿pero solo hay hombres? ¿Y blancos? ¿Y muy viejos?” No es que la edad sea un problema en sí misma, pero ellos son el retrato de una forma de hacer política. Son figuras calcadas en una serie de cuestiones que representan intereses corporativos muy nítidos. Una agenda que ni siquiera fue elegida, que ni siquiera pasaría por el tamiz de las calles, que ni siquiera pasaría por unas elecciones a gobernador. Solo para recordar: el presidente de la FIESP intentó esa agenda en el Gobierno del Estado de São Paulo (en las elecciones de 2014, Paulo Skaff era el candidato del PMDB). Y ni eso consiguió. Ni la unanimidad dentro de la propia Derecha. Así que este es un Gobierno ilegítimo y es un Gobierno usurpador. Y, en este sentido, está tan claro, y está realmente tan claro, es blanco, que hasta las fuerzas del capitalismo reconocen que este proceso es cuestionable.

Tercer acto: reflexiones sobre el Gobierno que se inicia con las bendiciones de Sarney y de Malafaia

El período democrático que siguió a la dictadura civil-militar en Brasil se conoció como Nueva República. Es posible que se haya acabado. Hay que encontrar un nombre para denominar el período aún indefinido del Gobierno de Michel Temer (PMDB), iniciado el 12 de mayo, tras la suspensión temporal de la presidenta Dilma Rousseff por parte del Senado. Cómo nombrar este momento, al mismo tiempo nuevo y viejo en la trayectoria del país, es algo en disputa. Encontrar ese vocabulario propio, plural, como ya he escrito aquí, y como tan bien lo dice Eugênio Lima, forma parte de los retos del escenario actual. Con las políticas culturales es como un país construye su propia voz. Como se sabe, Temer extinguió el Ministerio de Cultura.

Temer y su gabinete son un retrato que ya nace amarillo y no representa a Brasil

La imagen del gabinete de Temer produce extrañeza. Es como un retrato que ya nace amarillo. Solo blancos, solo viejos, solo hombres. Ninguna mujer, ningún negro.Este retrato es una imagen poderosa, porque no representa al Brasil actual. Y también esun mensaje poderoso. Aunque mencionan mucho el “futuro”, lo que le interesa a Temer y a sus aliados para seguir asegurándose el apoyo es afirmar el pasado. El mensaje generado por la elección del gabinete reafirma la idea de que Brasil ha vuelto a una especie de orden establecido. Y hay, incluso, sectores que pueden celebrar este hecho, como si se tratase tan solo de un retorno a lo que siempre fue y jamás debería haber dejado de ser.Pero,para entender esa fotografía, hay que entender que simplemente volver ya no es posible.

Michel Temer rodeado de sus Ministros el pasado 12 de mayo.
Michel Temer rodeado de sus Ministros el pasado 12 de mayo. AP

Temer y las fuerzas que han protagonizado este momento pueden hasta creer que se puede volver al pasado que representan, pero se equivocan. No es posible volver al Brasil anterior a las cuotas raciales, al Brasil de antes de la etiqueta #meuprimeiroassédio (#miprimeracoso) al Brasil anterior al Bolsa Familia y al protagonismo de las mujeres cabeza de familia, al Brasil en el que los más pobres aceptaban no tener acceso al consumo, al Brasil en el que los pobres no llegaban a la universidad, al Brasil en el que los estudiantes de las escuelas públicas aceptaban callados que se violasen sus derechos más básicos. Puede incluso que Temer y las fuerzas que le permitieron asumir el poder acaricien esta idea. Pero es un deseo, no un hecho.

La idea de que las élites pueden escribir toda la historia del país, y reescribirla, y borrar capítulos, y decir cuál es la narrativa que prevalecerá sobre todas las demás, no se sostiene en el Brasil del presente. El acto de los negros, negras y negrex frente a la FIESP es una pequeña gran escena. Los ejemplos irrumpen en cada esquina. Quien cree que se puede silenciar a las fuerzas creativas que emergieron en 2013 es un mal lector del momento histórico. Y eso vale para quienes están en contra del PT y también para los simpatizantes. Los movimientos sociales ahora son otros. Y se lanzan con palabras nuevas y propias.

Hay mucho de viejo y hay también algo de nuevo en el gabinete de Temer, como una imagen de este pacto de élites. Hay, al menos, un investigado por la Operación Lava Jato, Romero Jucá (PMDB). Y uno sobre el cual hay dos solicitudes de investigación, Henrique Alves (PMDB). Está Alexandre de Moraes (PSDB), un ministro de Justicia que condecora a policías que les dan palizas a estudiantes adolescentes. Está el ministro de Agricultura, Blairo Maggi, que ha cambiado del Partido de la República (PR) al Partido Progresista (PP) para asegurar su nombre para el ministerio. Maggi, conocido como el Rey de la Soja, ya ha ganado el premio Motosierra de Oro, otorgado por Greenpeace, en reconocimiento a su contribución a la destrucción del medio ambiente. Está Osmar Terra (PMDB), un férreo defensor de una política de drogas comprobadamente obsoleta, vinculada al exterminio de la juventud negra y al encarcelamiento en masa de los más pobres. Hay varios que estuvieron con Dilma Rousseff hasta la víspera, como Gilberto Kassab, del Partido Social Democrático (PSD), y Leonardo Picciani (PMDB). E incluso los más jóvenes son herederos de viejos clanes vinculados al PMDB, como Sarney y Barbalho, entre otros. “Notables” no hay. Pero como se ha visto, hay notorios.

Es urgente comprender el ambicioso proyecto político de las iglesias evangélicas para entender el Brasil actual

Aunque también hay algo que parece viejo, pero es nuevo. Porque no es nuevo tan solo aquello que pensamos que debe de serlo. Se trata del obispo excedente de la Iglesia Universal del Reino de Dios, Marcos Pereira, del Partido Republicano Brasileño (PRB). Si hay algo escasamente entendido e investigado en Brasil es el crecimiento de las iglesias evangélicas en el país. En primer lugar se meten todas en el mismo saco, cuando son muy diferentes entre sí. El espectro es amplio. Las que más han crecido no representan un proyecto religioso. Lo que representan es un proyecto económico y, sobre todo, político. Ahí radica el peligro. Marcos Pereira es el arquitecto que hizo que el PRB, un partido vinculado a la Iglesia Universal y a la TV Record, dos frentes de la misma construcción política, ganasen musculatura en el Congreso. Es urgente que se comprenda mejor el crecimiento de algunas iglesias evangélicas en Brasil, así como sus respectivos proyectos de poder, para entender el país. Cabe notar también que la Iglesia Católica, otrora tan activa en la política brasileña, tuvo poca resonancia en el resultado que llevó a Temer al poder.

Hay dos actos de Temer que tienen una gran fuerza simbólica para comprender el pacto instalado en el Palacio del Planalto. El día de la votación del impeachment en el Senado, el 11 de mayo, solo dejó el Palacio del Jaburu, donde los parlamentarios iban a besarle la mano, para besar una mano más poderosa que la suya, la de José Sarney, ese personaje que atraviesa la dictadura y la redemocratización. Las huellas digitales de Sarney están en todas partes, en especial en el sector eléctrico del país. Eso es viejo. Y fuerte.

Al día siguiente, tras haber tomado posesión como presidente interino, Temer recibió la bendición de Silas Malafaia, el líder evangélico más truculento del país, y rezó con exponentes del grupo parlamentario evangélico, como el pastor y diputado Marco Feliciano, del Partido Social Cristiano (PSC), que, entre otras barbaridades, ya les ha llamado a los africanos “descendientes malditos de Noé”. Esto es nuevo. Y fuerte. Hay que decodificar estas dos escenas con más profundidad de lo que lo hemos hecho.

La imagen de un Luiz Inácio Lula da Silva aliquebrado, casi distraído, al lado de Dilma Rousseff, durante el discurso de despedida frente al Palacio del Planalto, da lugar a muchas interpretaciones. Lula no disimulaba. Tal vez no quisiese, tal vez ya no pudiese. Su semblante estaba devastado. Era un fin. Independientemente de lo que vaya a suceder con Dilma y, sobre todo, con el PT en los próximos meses, y que está lejos de un desenlace, allí había un fin. Si este fin significa una autocrítica feroz del PT sobre sus elecciones en el poder, no solo gana el campo de las izquierdas, sino el país.

Para citar tan solo una escena de ese largo y accidentado guion: fue Eduardo Cunha quien peregrinó por las iglesias evangélicas a servicio de Dilma Rousseff y del PT en la campaña electoral de 2010, en la que les aseguró a los pastores que la entonces candidata estaba en contra del aborto. En aquel momento, el PT rifó una de sus banderas históricas a cambio del voto religioso y de los aliados de ocasión. Cunha, por supuesto, siempre ha estado a servicio apenas de sí mismo, como quedó explícito al conducir el proceso de impeachment de la presidenta. Este es un momento emblemático. Y es tan solo uno. Hay que pasarlos todos a limpio.

El PT tiene que afrontar sus contradicciones en el poder y hacer una autocrítica implacable

Es necesario pasar a limpio tales decisiones tomadas en nombre de la palabra más horrible del léxico político reciente: “gobernabilidad”. La única salida digna para el PT es afrontar sus contradicciones y hacer autocrítica. Pero no parece que sea eso lo que va a suceder. Una vez más. Es mucho más fácil ser simplemente una víctima. Y también más conveniente hacia 2018. Pero ya era hora de entender que lo más conveniente y lo más fácil no tarda nada en salir caro.

Quien se pelea con los hechos siempre acaba por perder en algún momento. Si Dilma fue suspendida temporalmente y el PT se encuentra en este agujero es también por elegir desviarse de las contradicciones, o incluso encubrirlas. Y eso también se aplica a las izquierdas que prefirieron fingir que era posible perdonar lo imperdonable, como Belo Monte. Y que siguen fingiendo, dejan ese campo desorganizado y abren un vacío que enseguida será ocupado, por quién sabe qué.

El semblante devastado de Lula, al lado de una Dilma en su último discurso, y la escena del gabinete de Temer con loros de pirata como Aécio Neves, del PSDB, también evocan una interrogación sobre quiénes son los profesionales del ramo. Una parte de las élites le hace la pelota a Lula desde que era un líder sindical del ABC (el cinturón industrial de São Paulo). Vale la pena rever la escena del Gallery, en 1979, cuando Lula va a cenar al club de los ricos, invitado por la revista Manchete. En la campaña de 2002 desfiló vestido con un traje de Armani por los salones de la élite de São Paulo,abiertos por la senadora Marta Suplicy, que sabemos bien qué ha hecho los últimos veranos y qué hace hoy. Así como por la pareja Eleonora Mendes Caldeira e Ivo Rosset. Era el obrero que había llegado al paraíso.

De allí en adelante, a Lula le gustó cada vez más esa adulación de los salones. Y lo mismo vale para muchos del PT. En algún momento, pensaron que eran los dueños del balón de ese partido viciado, y no se dieron cuenta de que los estaban observando estrechamente —y con cierta diversión—mandamases tan viejos como el diablo. En la política, en el empresariado, en la Justicia. Y Lula llegó a creerse que era un ungido, y que, con solo abrir la boca, atraería a las masas, mientras, cada vez más, se distanciaba de ellas también en la producción simbólica de imágenes.

Todo indica que Lula y el PT no entendieron por completo la complejidad del partido y la fragilidad de su lugar en él. Eligieron jugar el partido del adversario y renunciaron a cuestionar las reglas, pensando que podían seguir ganando. Dilma, a su vez, demostró ser uno de los mayores errores de Lula, hasta entonces famoso por su intuición política. Hasta (casi) el final, creyeron que podrían darle la vuelta al partido decisivo. La ironía más grande es el hecho de que quien se quedó al lado de Lula, Dilma y el PT fue la hinchada a la que le habían dado la espalda al rifar las banderas históricas.

Lula creyó que era el dueño del balón y descubrió que el balón nunca fue, de hecho, suyo

La cara devastada de Lula tiene muchos significados. Uno de ellos puede decodificarse como el semblante entre la sorpresa y el dolor del niño que pensaba que sería el dueño del balón para siempre. Pero descubrió que nunca había sido, de hecho, el dueño del balón. La sonrisa de escarnio de los ministros de Temer y de sus simpatizantes, la expresión de euforia mal contenida del propio Temer, parecían decir: “Bobos, ahora los profesionales van a hacerse cargo de todo”. Es el aterrador retorno de los que nunca se habían ido.

Hubo un momento en el que el PT podría haber cambiado el juego. Y no lo cambió. No es posible seguir creyendo que todo lo que ocurrió fue porque el PT cambió el juego. El impeachment se hizo factible exactamente por el motivo contrario: porque el PT no cambió el juego en lo principal. Yesta es la parte ineludible.

Pero la historia aún no está definida. Brasil no es lo que era. El pasado no vuelve. El lema positivista "Orden y Progreso", que Temer tomó prestado de la bandera, como recordó Sérgio Rodrigues en un artículo en el diario O Estado de S. Paulo, ya era conservador cuando se proclamó la República, a finales del siglo XIX. En una entrevista exclusiva al programa Fantástico, de la TV Globo, el domingo, 15 de mayo, Temer declaró que uno de los legados que le gustaría dejar es “la pacificación de Brasil”.

La “pacificación” propuesta por Temer es que cada uno vuelva a ocupar su lugar racial y social, como si esa fuese la organización natural de las cosas. La “pacificación” de Temer es la paz apenas para unos pocos. A ese deseo de retorno del viejo orden de las élites y del progreso a los mismos de siempre se contrapone hoy la frase poderosa, casi un mantra, escrita en una de las pancartas levantadas en la Paulista durante la performance de los activistas negros: “Si la paz no es para todos, no será para nadie”.

Tanto el PT como aquellos que ahora están (o continúan) en el poder aún no han entendido la potencia de 2013. La polifonía que ocupó las calles en aquel momento, más allá de cualquier control posible, sigue en las calles, a pesar de las bombas de gas de la policía. Esta es la fuerza simbólica de los negros y negras y negrex que se plantaron delante de la Casa Grande Moderna. En legítima defensa.

Quien cree que es el fin de la historia aún no ha entendido que no ha hecho más que comenzar.

Eliane Brum es escritora, periodista y documentalista. Autora de los libros de no ficción Coluna Prestes - o avesso da lenda, A vida que ninguém vê, O olho da rua, A menina quebrada, Meus desacontecimentos, y de la novela Uma duas.

Sitio web:desacontecimentos.comEmail:elianebrum.coluna@gmail.comTwitter:brumelianebrum

Traducción de Óscar Curros