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Dolina: “En realidad Argentina nunca tuvo su mejor momento”

El escritor Alejandro Dolina, venerado por los seguidores de su programa de radio, 'La venganza será terrible', que lleva 30 años en antena, apoya al kirchnerismo y reivindica sus logros sociales, pero admite que Argentina vive una etapa excesivamente tensa

Alejandro Dolina, escritor, músico y conductor de radio argentino.

Alejandro Dolina retrató como pocos la vida de los barrios porteños en 'Crónicas del Ángel Gris', y lleva 30 años ininterrumpidos con su programa de radio a medianoche, 'La venganza será terrible', en el que combina vida cotidiana, humor, música, literatura y ciencias. Este escritor argentino, que todos los años viaja a España y hace desde allí su programa en la madrileña sala Galileo Galilei, apoya al kirchnerismo y es un habitual de los actos de Daniel Scioli, con quien espera que se inaugure una etapa menos tensa.

Pregunta. ¿Cómo está Argentina?

Respuesta. Es un buen momento, pero en realidad nunca hemos tenido el mejor momento. Tal vez la historia argentina no registre sino lágrimas en todas sus páginas. Nuestro destino es no tener nuestro mejor momento. Sin embargo, hay, me parece a mí, un caminar, cada paso parece ser apenas más alto que el anterior. Ni siquiera el peor de los opositores piensa que vamos hacia abajo aunque lo diga. No es así.

P. O sea que esa nostalgia del pasado no es real.

R. Nunca fue tan lindo. No. Lo bueno que tiene el pasado es que estaban vivas algunas personas que ya se han muerto. Pero enfrentarse con el pasado real, el pasado de viruela, de personas que se morían de tuberculosis a los 40 años, que no aprendían a leer o que andaban sin zapatos, quizás no es tan romántico.

P. ¿Hoy hay demasiado enfrentamiento?

R. Sí, evidentemente es así. Cuando el odio empieza a aceitar las opiniones estas se hacen inflexibles. En la Argentina hay odio de las discusiones.

P. ¿Qué deja el kirchnerismo que usted ha apoyado?

R. Deja a una Argentina mucho mejor en términos concretos, no poéticos. Hay un 6 % de desocupación, había 25% cuando aparecieron estos tipos. La política del neokeynesianismo que se ha ido implementando deja un mercado interno que consume. Han aparecido pequeñas empresas que al comienzo de esta gestión casi no existían. Además está el desendeudamiento, la soberanía en las decisiones.

P. ¿Y fuera de lo económico?

R. El crecimiento de la ciudadanía en lo que es justicia, derechos humanos, las leyes antimonopolio, todo eso también ha avanzado muchísimo.

P. ¿Y cosas negativas?

R. La productividad del país tendría que ser mejor, la industrialización no avanzó tanto pero también estamos en un momento de crisis mundial.

P. Muchos objetan que en el fondo todo está atado con alambre, como dicen en Argentina.

R. El mundo está atado con alambre. Evidentemente un mundo donde la mayoría de los países está sujeto a la voluntad de cuatro o cinco de ellos que son casualmente los que venden armas y se oponen a los avances para proteger sus intereses es un mundo que está atado con alambre y que puede explotar en cualquier momento. Es un mundo difícil. Y nosotros no estamos en la posición favorable, no somos el imperio que gobierna al mundo.

P. Argentina está mejor que en 2001 pero los niveles de pobreza son lo de los 80 y 90.

R. La Argentina de los 80 tenía gravísimos problemas que recién se han resuelto ahora. Incluso en educación. En los 80 se produjo la hiperinflación. Los trabajadores no la pasaron muy bien que digamos. Lo peor vino después, con el menemismo. El Estado abandonó a parte de la población en manos de un mercado que los expulsó de los circuitos de consumo. Cuesta mucho recuperar a esa gente.

P. ¿Cómo cree que han evolucionado la cultura y educación argentinas?

R. La cultura argentina ha sido siempre algo que ha funcionado y nadie sabe bien por qué. Siempre hemos tenido una vida cultural mucho más rica que aquella que nos correspondería si hiciéramos caso del resto de los indicadores. En Buenos Aires hay 150 teatros, una locura. La gente tiene una vida cultural muy rica. Sucede y mi ignorancia es total. No sé por qué.

P. ¿Y la educación?

R. La educación funciona, es dificultosa, hay muchísimos maestros en la Argentina, la educación es grande en la Argentina, la escuela pública en Argentina es muy poderosa e insume una enorme parte del presupuesto tanto el provincial como el nacional, de manera que no es tan fácil la cosa pero está mejor. Yo me atrevería a decir que no es espectacular pero que se han hecho progresos al menos en ese ámbito desde el 2001 en adelante. Pero no creo que ni en lo cultural ni en lo educativo, pero especialmente en lo cultural, este gobierno sea memorable.

P. ¿Y el asunto de la pobreza que inquieta a tanta gente?

R. Pero tiene muchísimo menos de lo que tenía en el 2001, es un índice de pobreza inferior a cualquiera de Latinoamérica. La tendencia es que hay gente que era pobre y que ya no lo es. El camino es ese.

P. ¿Le preocupa la corrupción?

R. No, la corrupción por lo menos aquí en Argentina es una cuestión secundaria. Siempre hay corrupción de izquierda, de derecha. Pero acá en la época de Menem millones de personas quedaron fuera del circuito. Ese es realmente un asunto. Esa es la corrupción legal, de los que pueden prosperar tanto como quieren y dejar fuera a tantos tipos como quieran. De los que generan una crisis hipotecaria que generan los desastres que en España conocen mejor que yo, de los tipos que generan crisis internacionales y no están en las cárceles sino en los mejores hoteles el mundo. Yo estoy más preocupado por las políticas que producen las miserias de mucha gente. Si usted evalúa el alcance de ambos desastres se dará cuenta que la corrupción legal hace mucho más daño.

P. Desde el punto de vista anímico ¿cómo cree que está la Argentina?

R. Muy mal porque el conflicto está contaminado por tanto odio que se genera un estado de ánimo, especialmente en Buenos Aires, de fastidio, de violencia, de agresividad. La primera diferencia que yo advierto cuando piso Madrid, una ciudad que me encanta, es un civismo natural. Las personas tienden a apartarse cuando uno va a pasar, a ser amables porque sí. Acá no sucede eso.

P. Algunos dicen que Argentina ha recuperado su autoestima.

R. Me parece que el argentino tiene demasiada autoestima. No es eso lo que nos anda faltando. Es una linda palabra pero no sé qué significa, puede significar incluso algo muy malo. Una persona que se estima demasiado puede empezar a desestimar al vecino.

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