Clásicos donde comer (con acierto) en Londres

Las propuestas gastronómicas repartidas por toda la capital británica son fiel reflejo de la multiculturalidad que la caracteriza. Este es un recorrido por algunos de los mejores lugares para disfrutar o familiarizarse con diferentes cocinas

Platos de Honey & Co. Imagen proporcionada por el establecimiento.PATRICIA NIVEN

Mucho han cambiado los tiempos desde que hace más de un siglo Julio Camba escribiese desde la capital británica que “aquí no existe el placer de la mesa, y, al mediodía, la ciudad de Londres come de pie”. Destino cultural con solera, la ciudad, se ha convertido en los últimos años en una de las grandes capitales gastronómicas. Aprovechando que la maratón de la capital británica está cerca —se celebra el próximo 21 de abril—, repasamos algunos de los mejores lugares para comer en ella.

Hablar de cocina británica es hablar de dos chefs que han puesto en valor la gastronomía patria y la han llevado a nuevas alturas a lo largo de las últimas décadas. En pleno corazón del Soho londinense, muy cerca de la National Gallery y el London Transport Museum se encuentra el elegante Quo Vadis. Liderado por Jeremy Lee, el encantador chef escocés cambia su menú a menudo y utiliza ingredientes de cercanía y de temporada. Los guiños a la cocina británica son constantes, pero siempre mirando hacia el continente. Platos como terrina de pollo, repollo y beicon con higos encurtidos, o onglet con manzanas, nueces encurtidas, berros y salsa de rábanos picantes aparecen en su última carta. Merece la pena reservar un hueco para los postres, especialmente aquellos que tienen como protagonistas las frutas, como la tarta de pistacho con melocotones y frambuesas. Los precios van desde las 10 libras de la sopa del día hasta las 40 de algunos platos principales.

Fergus Henderson, cofundador del templo gastronómico que es el restaurante St. John, consiguió generar un interés en la casquería y comenzar así una conversación sobre cómo utilizar todas las partes de un animal. Reconocido a nivel global y adalid del movimiento “de la nariz a la cola” (nose-to-tail, como su libro de culto publicado en 1999), en sus restaurantes —actualmente cuenta con tres, además de varias panaderías—, se respira la simplicidad de las cosas bien hechas. La decoración es sobria, madera y manteles blancos, y el servicio cercano. Si hay un plato que hay que probar sí o sí, es la médula ósea asada con ensalada de perejil. La carta cambia —los precios de los principales van desde las 11 hasta las 30 libras—, pero ese plato permanece siempre. La selección de vinos es amplia en blancos y tintos —con opciones por copa— está a la altura que cabría esperar. Su primer restaurante (26 St. John Street) es el mejor para visitar tras pasarse por el Barbican Centre o el Museum of London, ya que se puede llegar a pie desde ambos. Y por supuesto, sus postres, desde el Eton mess —una mezcla tradicional de fresas, trozos de merengue y nata— hasta el plato de quesos o sus famosas magdalenas, merecen un capítulo aparte.

Porchetta tonnata, de Quo Vadis. Imagen proporcionada por el establecimiento.alex macleod

Uno podría visitar el British Museum todas las semanas y descubrir algo nuevo en cada visita. Con una colección inabarcable que cubre dos millones de años de historia de la humanidad —incluyendo la piedra Rosetta, las esculturas del Partenón y el busto de Ramses II—, a menudo un solo día no es suficiente para este museo de museos. Situado en el señorial barrio de Bloomsbury, hay varias opciones que merece la pena probar para comer cerca del mismo.

Honey & Co es un restaurante especializado en comida de Oriente Próximo fundado por dos chefs israelíes que han normalizado el uso de especias como sumac o zaatar en la cultura británica. Inundado de luz natural y con una decoración muy mediterránea, el ambiente es informal y el menú incluye platos como koftas (24 libras) rellenas de feta, y shawarma (25 libras), además de entrantes clásicos de su repertorio, como hummus (11,5 libras) y labneh.

Los amantes del vino tienen la obligación de visitar Noble Rot, un restaurante de culto donde se puede disfrutar de un vaso de vino en la barra o de una comida completa en la sala. El menú del día es una gran opción (dos platos, 22 libras; 3 platos, 26 libras sin maridaje). La carta de vinos es muy extensa, casi 40 páginas divididas por regiones vinícolas donde Francia domina y docenas de vinos para probar en vaso. El primer restaurante —ahora cuentan con tres— está situado en Lamb’s Conduit, al igual que el anterior, una de las calles con más encanto de la ciudad.

Anna Tobias es una joven chef que tras completar sus estudios en Oxford pasó por algunas de las cocinas más prestigiosas de la capital británica, incluyendo The River Café, o menos establecidas pero igualmente recomendables como 40 Maltby Street. Café Deco es su primer restaurante. Con una decoración sencilla ligeramente Wes Andersoniana, la sala es pequeña, y se puede comer tanto en la barra como en las mesas, además de en una pequeña terraza exterior. Su cocina se suele calificar como europea moderna, y el menú ofrece platos reconocibles ejecutados con maestría, cordero asado con brócoli, salsa de perejil y anchoas, langosta y alubias cannellini con tomate y albahaca o tarrina de cerdo y carne de caza con tostada son algunas de las opciones. Hay entrantes a partir de 10 libras y principales a partir de 21 libras.

Master Wei es un restaurante informal de comida china callejera, concretamente de la ciudad de Xián. Aceptan reservas aunque suele haber bastante movimiento y no es muy difícil conseguir una mesa. Tienen espacio interior y una terraza relativamente grande para los estándares londinenses y la recomendación es probar la especialidad de la casa, los deliciosos noodles Biangbiang (los hay con carne y también vegetarianos), que la chef Guirong Wei, especialista en los mismos, elabora a diario desde cero en el restaurante.

South Kensington es uno de los códigos postales más exclusivos de la ciudad, y allí es donde está una de las rutas culturales más seguida por los turistas, ya que se puede visitar el museo Victoria & Albert, el de Historia Natural y el de la Ciencia en un solo viaje. No muy lejos del Museo de Historia Natural se encuentra una de las varias sedes que Dishoom tiene en Londres, el restaurante que promete llevarte a Bombay.

Decorado como si fuese un viejo café iraní de la ciudad india, entrar en Dishoom es sentir que eres parte de una película rodada hace mucho tiempo. El especial de la casa es el Nihari biryani, cordero con arroz y cebolla caramelizada. La carta incluye platos pequeños —samosas, paus— además de clásicos de la gastronomía india como roti rolls, daals y currys y una buena selección de opciones vegetarianas. Hay principales desde unas 12 libras.

Imagen del restaurante Dishoom, proporcionada por el establecimiento.

Otra buena opción en Kensington es Daquise. La emigración polaca en Londres es significativa y este restaurante es una de las mejores opciones para probar la gastronomía de ese país. Situado al lado de la parada de metro de South Kensington y fundado en 1947, los rumores dicen que era uno de los restaurantes favoritos de los espías de la Guerra Fría. La sala conserva ese aire de otro tiempo y los atuendos de los camareros lo refuerzan. El menú ofrece platos típicos de la gastronomía polaca, como sopas (zurek, barscz), huevos rellenos al estilo polaco o lomo de cerdo con salsa de miel y mostaza y gnocchi.

La Tate Modern es visita obligada, no solo por el contenido, sino también por el continente, una obra de arquitectura magnífica firmada por Sir Giles Gilbert Scott y rediseñada por Herzog & de Meuron, y uno de los edificios más reconocibles de la capital. Lo ideal es acercarse al mismo desde la catedral de Saint Paul, cruzando el Puente del Milenio de Calatrava, y aprovechar para conocer la no tan frecuentada rivera sur del Támesis. Teniendo el mercado de Borough a apenas diez minutos, las opciones para comer cualquier cosa rápida y deliciosa abundan. Allí se pueden probar los baos que revolucionaron la escena gastronómica londinense hace apenas un lustro (Bao Borough). Para una comida más reposada, Lasdun, que abrió recientemente, es una elección perfecta. Situado en el Southbank, dentro del Royal National Theatre, una joya de arquitectura brutalista firmada por el arquitecto del mismo nombre, este elegante restaurante ofrece menú pre-teatro (2 platos, 32 libras; 3 platos 38 libras sin maridaje), además de la carta. Sopa de pescado, tarrina de pintada con pera o empanada de pollo, puerros y setas son algunas de las opciones. Al reservar merece la pena pedir una mesa con vistas al río.

Otra para recomendable en el Southbank es The Anchor & Hope, un gastropub muy especial que además cuenta con una interesante carta de vinos biodinámicos y cervezas artesanas. Si se puede hacer coincidir la visita un domingo, lo recomendable es probar el sunday roast, el clásico asado que ellos elaboran a la perfección.

La Royal Academy of Arts es uno de esas instituciones que siempre deja buen sabor de boca y su céntrica localización significa que hay muchos restaurantes para elegir. A veces, cuando se viaja, apetece comer comida reconocible y tener un descanso de sabores ajenos. El restaurante del galés Tomos Parry, Mountain, con una carta muy inspirada en la gastronomía española, ofrece precisamente eso: sabores reconocibles, ejecutados a la perfección, con un producto de altísima calidad. Situado a apenas diez minutos a pie del museo, dividido en dos plantas, inundado de luz natural, el restaurante tiene varios espacios y se puede comer tanto en la barra como en mesa. Los hornos y la cocina están a la vista de los comensales, una declaración de intenciones en toda regla. Platos como berberechos asados, chuletitas de cordero, calamares con pimientos asados (21 libras), calderetas de marisco —de langosta, 90 libras para 3 personas—, o ensaimadas de postre (9 libras) componen un menú muy atractivo. Uno de los platos difíciles de olvidar es un entrante, el pan de nuez de elaboración propia con melocotones y botarga.

La Brasserie Zédel es un clásico de la escena gastronómica londinense. Este restaurante francés situado en pleno Piccadilly impresiona por lo vasto de su sala estilo art-déco donde el mármol y los detalles dorados reinan. A pesar de sus aires opulentos, los precios son muy comedidos para el centro de Londres, con un menú de 2 platos por 16,95 libras o 3 platos por 19,75 libras. La carta incluye clásicos de los bistrós franceses, desde quiche de espinacas a sopa de cebolla o rillettes de conejo y tarrina de hígado de cerdo hasta ancas de rana con mantequilla de ajo.

La Photographers Gallery, un paraíso para los amantes de la fotografía, está situada muy cerca de ambos también, al lado de Oxford Circus. Y allí, a tiro de piedra está Rovi, el restaurante con el que el famoso chef Ottolenghi consagró su dominio de las verduras, de los alimentos fermentados y de la cocina a la brasa. La sala, que tiene espacio para casi 100 comensales, cuenta con una barra central donde ver a los especialistas crear los espectaculares cócteles que sirven. Además de los platos principales, el menú ofrece platos pequeños para compartir que incluye carnes y pescados, pero en el que las verduras tienen prioridad. Pepinos a la parrilla con tahini y shiso, coliflor con crema de avellana o remolacha asada con café, tomates encurtidos y salsa de chilli son algunas de las opciones.


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