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El ascensor social no admite pobres

Disminuye el paro, pero el 42,4% de la población activa catalana vive en situación de precariedad pese a trabajar

Una persona sin hogar en un parque de Barcelona este jueves.Enric Fontcuberta (EFE)

Junts per Catalunya, el partido que exonera al oligopolio eléctrico de pagar impuestos, quiere rebajar el tipo máximo del IRPF, derogar sucesiones o hace decaer las medidas del escudo social, planteó el pasado martes en el Parlament un debate sobre el averiado o inexistente ascensor social catalán. Los posconvergentes, con su renovado catecismo liberal, aseguraron que “bajar impuestos da aire a ciudadanos y empresas”. En suma, hay que dejar que la economía siga su curso. Es alg...

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Junts per Catalunya, el partido que exonera al oligopolio eléctrico de pagar impuestos, quiere rebajar el tipo máximo del IRPF, derogar sucesiones o hace decaer las medidas del escudo social, planteó el pasado martes en el Parlament un debate sobre el averiado o inexistente ascensor social catalán. Los posconvergentes, con su renovado catecismo liberal, aseguraron que “bajar impuestos da aire a ciudadanos y empresas”. En suma, hay que dejar que la economía siga su curso. Es algo así como la doctrina del “peca mucho y cree con más fuerza” de un Lutero que, olvidándose de la virtud de la caridad, acabó apoyando los privilegios de los príncipes alemanes contra los reformistas radicales de Thomas Müntzer.

No deja de ser paradójico, como hizo Junts en el debate del pasado martes, que mientras se entroniza la desigualdad se recurra al tópico de la cultura del esfuerzo. Como si no hubiera llovido desde aquellos tiempos en que desde la presidencia de la Generalitat se alababa públicamente la meritocracia, mientras la prole familiar, esa célula tan básica como entrañable de la sociedad, se beneficiaba activamente de negocios forjados a la sombra del poder. Vicios privados, públicas virtudes. Pero no para tormentosas tragedias estilo Mayerling, sino para hacer caja. Eran tiempos en que, en público, se mantenía la defensa de la laboriosa menestralía mientras en privado se abría a la familia el ascensor de los negocios. Y no se movían del solárium.

En la Cataluña actual algunos todavía siguen proponiendo esa suerte de cursillos de cristiandad con pretensiones evangélicas. Pero su pastoral no logra enmascarar las cicatrices: el 24,8% de la población se halla en riesgo de pobreza y exclusión social, según el Idescat. El ascensor está atascado, monopolizado en el ático por los de siempre. No llega nunca ni a la planta baja ni a los sótanos. Los viejos cuentos de la lechera ya no son capaces de ocultar esa realidad con la que gran parte de la sociedad catalana se ha acostumbrado a vivir: la cronificación de la pobreza. Crece el PIB un 2,5% y se dispara la pobreza infantil un 36,1% en Cataluña

Somos raros: tenemos el liderazgo en quilómetros de AVE de Europa y contamos con una vergonzosa red de cercanías, cuyas traviesas fueron hijas de un tiempo en que la oligarquía administraba sabiamente el afán de lucro desde el Estado. También somos casi líderes en pobreza cronificada en Europa, según Eurostat. Sólo tenemos por detrás a Grecia, Rumanía y Bulgaria. Frente a esa situación, algunos proponen arreglar el ascensor social a base de rebajar impuestos, engrasando aún más los bolsillos de las rentas más altas. 33 milmillonarios españoles acaparan 197.500 millones de euros, más que casi 19 millones de sus queridos compatriotas más pobres, lo que equivale al 39% de la población, alertaba Oxfam-Intermón en enero pasado.

Apenas se habla de cambiar el modelo productivo, todo se fía al turismo, que es fundamental para la economía también catalana, pero que precisa una revisión estratégica, tal como sugiere un reciente informe del Cercle d’Economia.

Casi una cuarta parte de los ocho millones de personas que viven en Cataluña están en riesgo de pobreza o exclusión social, de acuerdo con el índice de la tasa AROPE que mide la renta, las posibilidades de consumo o la calidad del empleo. Disminuye el paro en las macro cifras, pero 1,8 millones de catalanes, el 42,4% de la población activa, vive en situación de precariedad a pesar de trabajar, según datos de las Entidades Catalanas de Acción Social (ECAS). Ante ese panorama, la utilidad de crecer un 2,5% del PIB tiene una trascendencia más que relativa. El ascensor sigue sin admitir a los más pobres.

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