El advenimiento de Carles Puigdemont
Desde que Junts rompió el otoño pasado, el Gobierno se aferra a los noes que terminan siendo síes y desliza la pista de aterrizaje para cuando el líder regrese en primavera
Desde que Carles Puigdemont solemnizó en el otoño pasado su ruptura con Pedro Sánchez, el Gobierno piensa en la primavera, cuando espera que se hayan superado todos los obstáculos para que el expresidente catalán pueda beneficiarse de la ...
Desde que Carles Puigdemont solemnizó en el otoño pasado su ruptura con Pedro Sánchez, el Gobierno piensa en la primavera, cuando espera que se hayan superado todos los obstáculos para que el expresidente catalán pueda beneficiarse de la ley de amnistía, pactada para que pudiera regresar a España. Mientras eso ocurre, el Ejecutivo lleva meses desplegando una pista de aterrizaje político para Junts, que rompió con trompetería para recuperar el foco perdido y que cada vez que da calabazas al PSOE se coloca en el centro de la escena nacional.
Por eso, de entrada, Miriam Nogueras siempre dice no. Ha vuelto a hacerlo tras el último movimiento propiciado a través del PNV, que ha negociado con Félix Bolaños lo que negociaría Junts que, como no se habla con el Gobierno, no negocia. El decreto que aprobó este martes el Consejo de Ministros suaviza las condiciones de prórroga de las medidas antidesahucios (las personas propietarias de una o dos viviendas no se verán afectadas), en línea con lo que venía defendiendo Junts, que tenía conocimiento de la propuesta de los nacionalistas vascos.
Nogueras dice no, pero también decía no a la condonación de la deuda del Fondo de Liquidez Autonómico a la que el vicepresidente de Junts, Antoni Castellà, ha dicho recientemente sí. Está en juego el perdón de más de 17.000 millones de euros para Cataluña, que son palabras mayores; como lo son los casi 5.000 millones extra de la nueva financiación autonómica pactada con ERC, que también rechaza por el momento.
Nogueras no se mueve por el momento con el escudo social y Sánchez aconseja paciencia a los suyos. En medio del cambio de reglas de juego del mundo, de la tragedia de los trenes en Andalucía y las elecciones autonómicas que se celebran una vez al mes, los ministros intentan tejer esa red de confianza en la que pretenden que caiga Carles Puigdemont cuando regrese. El de Exteriores se ha remangado en Bruselas de forma visible para pelear por el catalán en Europa, pero todos están manos a la obra desde que Pedro Sánchez inauguró el deshielo con dos entrevistas en Cataluña en la que reconocía sus “incumplimientos”.
¿Guiños? Muchos. Desde el retraso del sistema de verificación de facturas (Verifactu) a la reforma para que los ayuntamientos puedan utilizar el superávit de 2024 o la tramitación de la iniciativa de Junts sobre multirreincidencia, en la que el PSOE se alineó con la derecha. Ese texto llegará al primer pleno del Congreso del nuevo periodo de sesiones, la semana que viene. En la estrategia del Gobierno de afianzar lazos con los socios, la operación más delicada es precisamente la de Junts, oposición de Salvador Illa en Cataluña y asediado en las encuestas por la ultraderecha catalanista.
La última vez que Carles Puigdemont estuvo en Cataluña (al menos que sepamos) fue el día de la investidura del president cuando se empeñó, como ahora intentan los suyos, en acaparar toda la atención. Aquel episodio épico, cómico a ratos y un tanto dramático en el fondo, fue un espejismo. Ahora está por ver cómo se comporta el líder cuando pise la Cataluña real de 2026, la del caos en Rodalies, sí, pero una muy distinta a la de las banderas en los balcones del procés, quién sabe si la misma que su legión de fieles le han contado en las visitas a Waterloo.
Todo está por ver cuando llegue la primavera y se produzca lo que algunos esperan casi como un advenimiento. ¿En qué campaña electoral de todas estaremos en ese momento del regreso? Sánchez pretende que no sea en la de las generales, es más, se aferra a que el desagravio de Carles Puigdemont traiga brotes verdes a su tortuosa legislatura. El Gobierno lleva meses dedicado a sembrar las semillas mientras caen chuzos de punta.