Elvis Crespo, cantante: “Con ‘Suavemente’ el alcoholismo llegó a mi vida”
El artista neoyorquino ocupa el primer puesto en Spotify España por su colaboración con Quevedo y estará de gira en España en julio
Elvis Crespo (Nueva York, 54 años) es igual de alegre que sus canciones. En una terraza de la Gran Vía madrileña, posa para las fotos con soltura, mientras ríe y bromea con su acento puertorriqueño, ya que a los seis años se fue a vivir a Guaynabo, cerca de San Juan. Es difícil estar a su lado sin esbozar una sonrisa. Su ropa es impecable, luce el pelo untado en gel que le deja unos rizos perfectos y su perfume se huele de lejos. “Yo vine a este mundo para poner a la gente a bailar”, anuncia. Y bien que ha cumplido su tarea, porque quién no ha bailado ...
Elvis Crespo (Nueva York, 54 años) es igual de alegre que sus canciones. En una terraza de la Gran Vía madrileña, posa para las fotos con soltura, mientras ríe y bromea con su acento puertorriqueño, ya que a los seis años se fue a vivir a Guaynabo, cerca de San Juan. Es difícil estar a su lado sin esbozar una sonrisa. Su ropa es impecable, luce el pelo untado en gel que le deja unos rizos perfectos y su perfume se huele de lejos. “Yo vine a este mundo para poner a la gente a bailar”, anuncia. Y bien que ha cumplido su tarea, porque quién no ha bailado alguna vez en la vida Suavemente, Tu sonrisa o Píntame la carita en alguna boda, graduación o cumpleaños. Pero no todo en la vida es sazón, y la mala racha también tocó la puerta de Elvis Crespo.
En junio pasado lanzó Poeta herío, un disco que tuvo como inspiración lo más cliché, pero no por eso menos auténtico: el desamor. “Terminé una relación larga y en medio de ese proceso de dolor e incertidumbre comenzaron a nacer las ideas de las canciones”. Se inspiró en obras de Beethoven, Picasso y Frida Kahlo, tocados también por las penas del corazón. “No quería encerrarme en un cuarto y no hacer nada, sino que utilicé la creación como un proceso terapéutico”.
Ahora que ya ha pasado página, cuenta, está en Europa para anunciar su próxima gira y el sencillo La graciosa, que lanzó días atrás junto a Quevedo, número uno en la lista de Spotify España durante cinco días consecutivos. El próximo julio presentará su álbum en distintas ciudades como Zúrich, Milán, Madrid, Valencia, Barcelona y Tenerife. Nueve de las 13 canciones del Poeta herío son en colaboración con otro artista. Pero no cualquier artista. Crespo logró reunir a leyendas de distintos géneros como Ivy Queen y Arcángel en reguetón, Víctor Manuelle y Toño Rosario en ritmos tropicales, y también apuntar a nuevas generaciones con cantantes como Luck Ra, con quien ya había relanzado Suavemente en 2025. El cantante reconoce la importancia de cantar junto a otros artistas: “Estamos en la era de las redes sociales, del contenido, donde las colaboraciones aportan algo y las audiencias se benefician de una colaboración con colores diferentes”.
Cuando se atrevió como solista en 1998, Crespo dio el pelotazo de su carrera. Venía de cantar en orquestas de merengue en cruceros, trabajar en una lavandería durante un par de años y ser parte de la banda Manía. A sus 27 años, lanzó el disco Suavemente, con el éxito homónimo, y todo cambió. “Fue monstruoso, fue mucho para mí. No tenía la madurez personal, espiritual ni musical para lo que me tocó vivir”, cuenta. Un éxito que impactó en su “ego ignorante”, como lo llama. Había crecido soñando con ser uno de los chicos de Menudo —un grupo puertorriqueño de adolescentes en los 70 donde estuvo Ricky Martin— para que las muchachas lo desearan. “Siempre fui un picaflor. Quería ser famoso porque quería que las nenas me miraran así, y con Suavemente viví eso”, recuerda. “Comencé a tomar mucho, el alcoholismo llegó a mi vida y me hizo mucho daño. Gracias a Dios llevo ya más de 10 años sobrio”. Eran tiempos en los que la salud mental y los excesos en la vida de los artistas no eran preocupaciones más allá del morbo y las portadas de revistas.
Ya no le gustan “las rumbas” y huye de los after party después de los conciertos. Se levanta a las cinco de la mañana para escribir agradecimientos en un diario y salir a correr ―ya tiene tres maratones en el cuerpo―. Está leyendo cinco libros simultáneamente: la biografía de Mao Zedong, El acto de crear, El camino del artista y El hombre más rico de Babilonia, “porque mis finanzas estaban manejadas por mi exesposa”, explica; y un volumen sobre Stalin y Hitler para entender sus decisiones durante la II Guerra Mundial.
Cuenta que mantiene toda esta disciplina para que la mente no se aburra, “porque si no empieza a buscar en los hábitos viejos”. Y para desconectarse del trabajo, porque para él es ley que su vida no gire en torno a su carrera, que ve igual a la de los médicos, maestros o contadores. También delega, confía mucho en su equipo y escucha a sus consejeros, igual que los grandes emperadores, dice, porque en un momento quiso acaparar todo y el precio que pagó fue muy alto, el de una ansiedad excesiva. “Esto es un trabajo. No puedo dejarme engatusar por los beneficios que te da el hecho de ser una figura pública”.
Durante su proceso de rehabilitación no le quedó más remedio que reconciliarse con su gran éxito. Tenía que terminar con el fantasma y con la presión de tener que igualar esa canción, porque mal que bien, “Suavemente es una composición que todas las noches suena en alguna parte del mundo”, agradece hoy. Es tanto el furor de esa pieza que incluso fue utilizada como despertador en la misión de la nave espacial Discovery en 2006, recordó el cantante a propósito del reciente viaje del Artemis 2. “Pienso que mi alcoholismo se acrecentó porque estaba compitiendo con eso”. Ahora la ama, la abraza y le agradece.
Volver a casa y estar con los suyos fue clave: las personas que quieren a Elvis, el del barrio El Mangotín, que lo conocieron de niño y vivieron todo su desarrollo. “Yo nací en las tarimas de las escuelas públicas de mi país, no comencé en redes sociales”, dice con orgullo. Su crecimiento lo considera orgánico y, por eso, explica, le es tan fácil tocar en un “colmadito” o en un escenario como el del programa La revuelta, donde se presentó el lunes pasado junto a Quevedo.
Al revisar su perfil de Instagram saltan vídeos de conciertos en las calles de Puerto Rico, en un tú a tú con el público. Durante 2025 hizo el Bodeguita Tour, donde actuó por sorpresa en presentaciones pequeñas y gratuitas para negocios y bodegas emblemáticas en Estados Unidos y Puerto Rico, “símbolo del emprendimiento inmigrante”, explicó en su momento. Una apuesta similar a la de su paisano Bad Bunny, que se inspiró en la estética de Suavemente para el vídeo de Neverita. Ambos comparten esas ganas de reivindicar sus raíces y lo propio de su país. “No permito que el ego, que es un falso ser, me diga: ‘¿Pero tú vas a cantar en ese colmadito?’. Yo soy un artista de pueblo”.